Tribuna

Subastas, sí, pero utilizando la experiencia

Según los últimos datos oficiales de Eurostat, en 2014 el grado de penetración de las energías renovables en el mix energético español era del 16,2%, lejos del objetivo de 20% a alcanzar en el año 2020.

Después de cuatro años sin apenas introducción de nueva potencia instalada, los avances en este ratio se han producido fundamentalmente por la reducción de la demanda de energía.

Para incorporar potencia renovable es necesario aportar a los inversores señales claras de precio y todos los agentes del sector, renovables o no, coinciden en señalar que esto no sucede con el actual marco regulatorio. Como de momento no se vislumbra en el horizonte una reforma del sistema de asignación de precio, la solución que queda es la utilización de procedimientos competitivos, como las subastas.

Las subastas se han demostrado un eficiente sistema para la asignación de precios, pero no tan eficiente en asegurar que se consigan los objetivos previstos en términos de potencia instalada. La experiencia histórica europea, de hecho, nos muestra que, de los proyectos renovables adjudicados en subastas, tan solo se llevó a cabo el 25% de los mismos.

Analizando la experiencia europea, junto a la más reciente iberoamericana y a los negativos resultados de la pasada subasta española, es posible identificar los elementos clave para definir de manera adecuada las subastas.

El primer elemento a tener en cuenta es que las subastas deben basarse en la oferta de un precio por kWh. Es desconcertante que en la última subasta española los ganadores ofrecieran un coste de inversión igual a cero. Es más transparente el ofertar el precio al cual se piensa vender el producto que se desea comprar, que son los kWh.

Otro elemento clave es que cada ofertante reciba el precio ofertado. No se conoce ninguna ventaja para el sistema, ni para los consumidores, de la aplicación de criterios marginalistas en función de los cuales se iguala la remuneración de los proyectos adjudicados al precio del último entrante. Por el contrario, la aplicación de este criterio puede producir sobrerretribuciones u ofertas temerarias que intentan asegurarse su entrada en el cupo subastado, ofertando un precio por debajo de sus costes, confiando que el precio de cierre sea superior. Cuando estas expectativas no se cumplen los proyectos no se realizan.

Si se opta por no variar el criterio de subastas en función de los costes de inversión, es importante que se asegure la estabilidad de la retribución. Por el necesario periodo de maduración de los proyectos, una parte importante de las instalaciones que se incluyeran en el cupo se conectarían en el entorno del año 2019. Según la vigente regulación, en ese año se pueden cambiar las principales variables del actual régimen retributivo, con lo cual nos encontraríamos en la absurda situación de que un proyecto ganara una subasta con un precio que luego no recibiría nunca. Esto imposibilita o dificulta la obtención de financiación para los mismos.

Teniendo en cuenta que los objetivos establecidos por la Comisión Europea se miden en energía producida, para una mayor certidumbre en su consecución, los lotes subastados se deberían fijar en función de la energía producida, no de la potencia instalada. Estimamos que para conseguir los objetivos fijados sería necesario la realización de una subasta anual de 3 TWh. Es de interés de todos que las plantas que se adjudiquen se ejecuten, por ello, además de los cambios de procedimiento que sugerimos, se debería utilizar una combinación de requisitos de precalificación, avales y penalizaciones por incumplimiento. Pero sin que su definición suponga una barrera para la competencia.

Vista la experiencia de las subastas internacionales, si se desea reducir la concentración en el mismo y dar oportunidades a más agentes, sería necesario establecer una reserva del 20% de la energía a subastar para plantas con una potencia inferior a 10 MW. La intención comunicada de una posible convocatoria de subastas de energías renovables, en las cuales se incluiría a la energía fotovoltaica, es una muy buena noticia para el sector después de cuatro años en los cuales solo ha sobrevivido gracias a su internacionalización. Pero por ello, es más importante que el diseño de estas subastas sea el adecuado. Experiencia y conocimiento internacional existen, no hay excusas para no hacer bien las cosas.

José Donoso es Director general de UNEF (Unión Española fotovoltaica)

 

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