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El ‘brexit’: un reto para las previsiones económicas

El pesimismo que se cierne sobre la economía de Reino Unido parece estar más justificado que el que en su día vivió Estados Unidos tras el 11-S o la quiebra de Lehman Brothers.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.
El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

Los agoreros se equivocaron al esperar el desastre económico tras el colapso de Lehman Brothers en 2008 o los ataques terroristas en Estados Unidos siete años antes. Sin embargo, parece más probable que las predicciones sombrías sobre la magnitud del daño que la salida de la Unión Europea podría causar en la economía del Reino Unido se conviertan en realidad.

Las previsiones redujeron las proyecciones de crecimiento de Estados Unidos tras los ataques de 2001. Al cabo de dos meses, sus expectativas de crecimiento del 2,7% para 2002 habían mutado a una contracción del 0,75%. Después de la quiebra de Lehman, la OCDE pronosticó que el PIB estadounidense se contraería un 4% en 2009. Tal pesimismo resultó exagerado, en parte debido a las respuestas rápidas de las autoridades.

El gobernador del Banco de Inglaterra está preparado para poner en marcha un estímulo monetario

En 2001, la Reserva Federal de Estados Unidos recortó a menos de la mitad los tipos de interés en tres meses. Durante la crisis financiera, la política monetaria se relajó, incluyendo algunas medidas poco ortodoxas como la compra de bonos, y los gobiernos se embarcaron en un gran estímulo fiscal.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, está listo para poner en marcha un mayor estímulo monetario durante el verano si es necesario. Pero los tipos de interés en Reino Unido y en otros lugares ya están en cifras especialmente bajas, o cerca de ellas, y los gobiernos están más endeudados. Además, tal y como señaló Carney el 30 de junio, los choques anteriores han causado un “desorden económico de estrés postraumático”, lo que hace que consumidores y empresas sean más cautelosos.

Por su parte, los empresarios podrían poner en espera sus inversiones en Reino Unido, o buscar otro lugar. Medidas como un incremento temporal en el gasto del Gobierno podrían no bastar para que cambiaran de idea.

Las autoridades tampoco pueden disipar la incertidumbre como lo hacían anteriormente. Discutir con la UE los términos y condiciones de una salida británica llevará años y prolongará la incertidumbre que frena el crecimiento. Las consecuencias económicas inmediatas del brexit serán más persistentes y difíciles de abordar que otros grandes choques de las últimas dos décadas.