Supervisión bancaria

La Autoridad Bancaria Europea revisa qué datos de clientes recoge la banca

La Autoridad Bancaria Europea analiza el trato y seguridad del ‘big data’ financiero

Estudiará si limitarlo ante los riesgos para la privacidad del consumidor

Oficinas de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés).
Oficinas de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés).

Cuánto dinero cobra, qué patrimonio posee, cuánto efectivo maneja, qué suele comprar y dónde, en qué zona vive, cuál es su teléfono y correo electrónico… “Dejando a un lado redes sociales, motores de búsqueda y grandes vendedores minoristas, las entidades financieras poseen sin duda la mayor cantidad de información acerca de sus consumidores. Los bancos, en particular, tienen una gran cantidad de datos” de su clientela, expone la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés), a quien le preocupan los riesgos del llamado big data, la recopilación y análisis de la información sobre clientes.

Una práctica al alza por la que la banca viene apostando fuerte en los últimos años, innovando en los sistemas de captación, cruzando sus datos con los de terceros, y en pleno auge gracias a las aplicaciones para móviles. Llegados a este punto, la EBA ha decidido analizar este fenómeno y estudiar si es necesario limitarlo.

Para ello, la autoridad europea ha elaborado un documento de discusión público en el que ha “identificado una lista preliminar de los riesgos y potenciales beneficios que puede tener la innovación en el uso de los datos de los consumidores para estos, las entidades financieras y la integridad del sector financiero en general”.

Cifras clave

79%

de los ejecutivos del sector financiero creen que la habilidad para extraer valor de los datos de sus clientes es un factor importante para tener éxito en el futuro.

16%

de las entidades financieras ya han adaptado su organigrama interno a la importancia del ‘big data’ nombrando un director de datos, frente al 14% de las empresas de telecomunicaciones, un 11% de las del ámbito de la salud y un 10% de las compañías de bienes de consumo.

Los posibles beneficios para los consumidores incluyen la reducción de costes y la mejora de la calidad de los productos que se les ofrecen. A su vez, admite la EBA, las entidades pueden beneficiarse de nuevas fuentes de ingresos y de una reducción de costes al adaptar su oferta comercial a las conclusiones del análisis de los datos recopilados.

Del lado de los riesgos, sin embargo, la EBA ha identificado amenazas para los consumidores y su privacidad, fundamentalmente por el posible mal uso de los datos recogidos por la banca (venderlos a terceros, usarlos para enviar correspondencia no deseada, ofrecer productos inadecuados por un mal análisis de la información...) o la seguridad con la que se almacenan.

La autoridad pone el acento en los casos en que el uso que se le da a los datos no está adecuadamente descrito o detallado en la documentación contractual proporcionada por los bancos, o cuando los consumidores simplemente no entienden cómo va a ser usada la información que se genera sobre ellos.

Dos particularidades que recuerdan los frentes judiciales abiertos a las entidades por la venta de productos complejos no comprendidos por los clientes, como en el caso de las preferentes, o la falta de transparencia en determinadas características de los créditos, como con las cláusulas suelo hipotecarias.

De hecho, la EBA destaca que uno de los principales riesgos del big data para las entidades es que “un uso cuestionable de los datos puede exponer a las instituciones a riesgos reputacionales”. De otra parte, la autoridad asume que la generalización del análisis de información sobre la clientela podría hacer “emerger distorsiones competitivas” pues las entidades que no estén en posición de procesar los datos de consumidores podrían ser incapaces de competir con los nuevos jugadores del mercado especializados en el uso de esta información.

Esta misma semana, durante el foro iberoamericano de transformación digital Retina, organizado por El País, el representante de una de estas nuevas empresas financieras basadas en soluciones tecnológicas exponía que su firma, Aplázame, había ido construyéndose sobre los datos recopilados de sus clientes mientras que la banca tradicional está sentada sobre una montaña de datos sin saberlo, lo que ilustra el manejo de este campo por las llamadas fintech.

Los interesados en aportar su punto de vista a la autoridad supervisora podrán enviar sus comentarios a la EBA hasta el 4 de agosto, cuando todas las opiniones serán publicadas, salvo que quien la envíe exija lo contrario. La autoridad bancaria analizará entonces si es necesario actuar para mitigar los riesgos derivados de esta innovación en la recogida y el tratamiento de datos de clientes.