Turismo en Alemania

Ulm, tan moderna y tan medieval

La ciudad alemana, cuna de Einstein, destaca por sus casas torcidas y el campanario más alto del mundo.

Galería de arte Weishaupt Ampliar foto
La galería de arte Weishaupt. Germany Travel

En territorio suabo, al sudoeste alemán, se encuentra la ciudad de Ulm, en el estado de Baden-Württemberg. Con apenas 120.000 habitantes, esta pequeña población se caracteriza por su ambiente tranquilo, independientemente de la temporada del año. El Danubio atraviesa la localidad y hace de frontera natural entre este estado y el de Baviera.

Con los Alpes al sur, la Selva Negra al oeste y con ciudades como Augsburgo o Múnich a una hora por carretera, Ulm goza de un enclave perfecto para disfrutar del sur de Alemania. Lugar de gran importancia en la Edad Media y en siglos posteriores por su industria y comercio textil, hoy su fama se la debe a su impresionante Iglesia Mayor, su universidad, su arquitectura –que intercala lo medieval con lo moderno– y a ser cuna de Albert Einstein, su hijo más ilustre.

La mayoría de los edificios de su centro histórico fueron construidos en el siglo XIV, entre los que sobresale la Iglesia Mayor de Ulm: Ulmer Münster. Las obras del templo luterano tardaron cinco siglos en terminarse, pero el esfuerzo mereció la pena ya que, gracias a ello, sus habitantes pueden presumir de tener el campanario más alto del mundo (161 metros). Subir sus 768 escalones es un desafío obligatorio para los que quieran disfrutar de las mejores vistas de la ciudad y de los Alpes, si el día lo permite.

En contraste con este edificio, el arquitecto neoyorquino Richard Meier levantó en 1993 el centro cultural Stadthaus, cuya construcción fue muy criticada por incluirlo en la misma plaza de la Ulmer Münster, dotando así a la ciudad de una nueva identidad.

Torre de los carniceros
Torre de los carniceros, inclinada, en Ulm.

Desde su fundación en el siglo IX, Ulm siempre ha destacado por su apuesta por el arte y la cultura. Buena prueba de ello es su Galería Weishaupt y el Ulmer Museum. La primera acoge exposiciones de artistas contemporáneos y cuenta con arquitectura de estética vanguardista, de la corriente Stadthaus. En tanto que el Museo de Ulm fue fundado en el año 1924. Además de atesorar obras de artistas como Picasso o Munch, posee una buena recopilación de restos de la prehistoria y la protohistoria de la zona, como el Löwenmensch u hombre león, una escultura de 32.000 años de antigüedad.

Tras la pista de Einstein
Desde la plaza de la Iglesia Mayor nace la Bahnhofstrasse, una de las avenidas más concurridas, repleta de tiendas y restaurantes. Al final de esta calle se encuentra el monumento al científico Albert Einstein, en el lugar donde se hallaba la casa donde nació. Pocos recuerdos guarda Ulm de su personaje más insigne, ya que antes de pasar su primer año de vida en la ciudad, sus padres ya habían decidido mudarse a Múnich.

Junto al Danubio, el Fischerviertel o barrio de los pescadores, de calles estrechas, casas de madera y pequeños canales, sumerge al visitante en el Ulm más auténtico. La Kussgasse o callejuela del beso, lleva su nombre porque los edificios están tan inclinados que parece que se estén besando unos con otros. Lo mejor es perderse por la zona en busca de cualquier terraza donde poder comer o tomarse una buena cerveza. Otra opción es alquilar una bicicleta y pasear por la ribera del Danubio.

Un castillo de cuento de Disney

Castillo de Neuschwanstein
El castillo de Neuschwanstein sirvió de inspiración a Disney. AViajar

Poco más de una hora es lo que dura el trayecto en coche desde Ulm al castillo de Neuschwanstein, en Fussen (Baviera). Construido a finales del siglo XIX por Luis II, se trata de uno de los monumentos más populares de Alemania. Un capricho de este monarca, que vio plasmado en esta edificación todo lo que su imaginación anhelaba. A su espectacular diseño se le añade su localización.

El bosque, los lagos y las montañas alpinas envuelven esta arquitectura en un clima mágico que hace pensar en él como en el de los cuentos de hadas. De hecho, el propio Walt Disney se inspiró en el Neuschwanstein para imaginar cómo sería el palacio de su Bella Durmiente.

Es conveniente reservar la entrada antes de ir, pues son muy comunes las largas colas si no se llega temprano. El castillo abre en invierno desde las diez hasta las cuatro y el precio es de 12 euros.