Tribuna

El acelerador de la digitalización

A mediados de los setenta se celebró por primera vez el Día Mundial Sin Coches, a iniciativa de varios Gobiernos europeos. Tras periodos muy variables en cuanto a su popularidad, hoy tiene lugar cada año, tras institucionalizarse en los noventa, como uno de esos muchos días de marcados en el calendario.

Un memorando que –desafortunadamente– aumenta su importancia, a un ritmo parejo al de las emisiones de CO2 que acompañan al transporte. Sabemos que la población mundial alcanzará los 8.400 millones de personas en 2030 –unos 1.000 millones más que en la actualidad–, lo que implica un proporcional aumento de viajeros. Además, el 60% de los habitantes del planeta vivirá en ciudades, lo que multiplicará los traslados y la saturación del transporte urbano. Sin olvidar el de mercancías, que se triplicará en 2050.

En una Unión Europea en la que el 21% de las emisiones de CO2 se atribuye al transporte –25% en el caso de España– y la congestión del tráfico causa una sangría de 100.000 millones de euros anuales a las arcas comunitarias –unos 5.500 millones a las españolas–, resulta inevitable abordar nuevas soluciones a la movilidad. Para aliviar el calentamiento del planeta y también la asfixia del bolsillo europeo, la única vía es conseguir un sistema de transporte eficiente y sostenible.

El fomento del transporte público es una antigua reivindicación gubernamental, de las organizaciones ecologistas y de muy diversos sectores de la sociedad, conscientes del enorme impacto que supone el volumen diario de desplazamientos, tanto urbanos como interurbanos.

El INE registró un total de 353 millones de pasajeros de transporte público el pasado mes de julio, lo que supone un 2% más que durante el mismo mes del año previo. Tengamos en cuenta que el aumento de viajeros implica que los operadores de autobuses, trenes, metros y tranvías deben manejar ciclos de tiempo cada vez más cortos, para reducir los intervalos. En definitiva, precisan aumentar el rendimiento, a la vez que disminuir el consumo y la contaminación.

La vía para alcanzar estos retos es la automatización. Hacer realidad un transporte público automatizado pasa por implementar una interconexión digital en todos los elementos que conforman las infraestructuras. En otras palabras, se trata de añadir a estas una capa digital, que permita aprovechar todo el potencial del sistema de transporte, reducir costes de operación, mejorar la seguridad y disminuir el impacto medioambiental.

La digitalización es capaz de ahorrar energía en trenes regionales, metros y tranvías; también de disparar la puntualidad en alta velocidad, gracias a un mantenimiento que se antepone a posibles fallos. Además, ha conseguido llevar a la realidad el control automático de los trenes, hasta el punto de prescindir del conductor, como sucede en la línea 9 del metro de Barcelona.

Esa automatización puede aumentar la capacidad de las líneas hasta un 50% –con el desahogo que implica en el metro en hora punta–; acortar el intervalo entre trenes a menos de 90 segundos, y reducir el consumo energético hasta un 30%. Sobre ruedas, las innovaciones se encaminan hacia la utilización de autobuses híbridos eléctricos, 0% contaminantes y de recarga ultrarrápida. Ciudades como Hamburgo y Estocolmo ya disponen de unidades que hacen realidad una movilidad totalmente eléctrica y sostenible.

Es un hecho que el internet de las cosas ha cambiado y cambiará mucho el escenario del transporte público. No obstante, la inversión tecnológica y la financiación son dos requisitos indispensables para que su desarrollo alcance las cotas más altas. Europa ha anunciado que subvencionará unos 2.000 proyectos de infraestructuras en los sectores del transporte, energía y mercado digital, como parte del plan Juncker. La Comisión Europea de Transporte lo deja claro: la única condición es que los proyectos financiados cumplan tres reglas: crear valor, comenzar dentro de los dos próximos años y generar beneficios sociales.

Escuchamos todos los días noticias sobre el aumento de la contaminación. Hoy sabemos cómo atajarlo. Solo tenemos dos opciones, hacernos los sordos o pisar el acelerador hacia la digitalización.

Jesús Guzmán es Responsable de la División de Mobility de Siemens España.

Normas