Tribuna

Europa poco puede hacer ya por Grecia

Europa no va a cambiar sus principios de solidaridad a cambio de responsabilidad. El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, lo dejó claro al desvelar su perspectiva sombría para Grecia. El discurso televisado de Alexis Tsipras y de su exministro Yanis Varufakis, que calificaban como “terrorista” la actitud de Europa hacia Grecia, no ayudará. Vamos directos al peor escenario económico para Grecia.

El país heleno contribuye con menos de 1,8% al PIB de la eurozona y no comparte frontera con ningún país de la Unión Europea, a excepción de Bulgaria. En este sentido, el destino económico de Grecia no debería preocupar a los ciudadanos europeos ni a los ahorradores internacionales.

De todos modos, hay quien defiende que el riesgo de contagio es elevado. Tras analizar esta visión, he conseguido identificar los canales a través de los cuales se podría producir dicho contagio. El primero, la desestabilización de los mercados financieros. El segundo, la desvertebración de otros países miembros de la UE que están en una situación similar a la de Grecia, y el tercero, mediante el resurgir de escenarios políticos inesperados. Tal y como especificó recientemente Mark Roe, profesor de Harvard, “cada una de las tres amenazas parecen controlables”.

Para redondear esta valoración tranquilizadora, añadiría lo siguiente: hoy en día contamos con mecanismos de estabilización de los mercados. Instrumentos que, en su conjunto, pueden representar un flujo combinado de entre 1,5 billones y 2 billones de euros, cantidades más que suficientes para evitar dicha amenaza de desestabilización. Respecto a la amenaza de desvertebración de otros países de la UE que estén en una situación similar a Atenas, simplemente decir que no hay ningún país en una situación similar a la de Grecia. Por último, respecto al resurgir de escenarios políticos inesperados, hemos presenciado en países como Reino Unido y Francia sendas victorias aplastantes del conservadurismo económico. Con Cameron en Inglaterra y Sarkozy en Francia, los ciudadanos se encargaron de propinar un descalabro a corrientes económicas alternativas, lo que pone en duda esta amenaza. Por tanto, no creo que por ninguna de estas tres vías puedan colarse elementos de contagio. ¿Y sobre Grecia? Dependerá de si el Banco Central Europeo sigue manteniendo el sistema financiero griego enchufado al sistema. Algo que veo difícil, dado que Draghi debe estar pensando en cómo presentar el inminente write-off de los bonos griegos que tiene en activo como colateral. Si la desconexión se lleva a cabo –algo casi inevitable en ausencia de algún milagro–, Tsipras estará más cerca que nunca de su propio fin.

Si Grecia no paga su deuda al BCE el 20 de julio –como parece previsible–, esto hará que Tsipras se vea incapaz de pagar a sus funcionarios y pensionistas en euros, viéndose forzado a imprimir algún nuevo tipo de divisa (¿el greuro?) y contradecir sus repetidas promesas de que una victoria del no es perfectamente compatible con mantenerse en el euro.

¿Que podría evitar todo esto? Un milagro. Por un lado, que la UE acepte lo que Syriza demanda. Si tales concesiones tuvieran lugar, los Gobiernos de Alemania, Holanda o Finlandia perderían toda su credibilidad al debilitar las reglas bajo las que se rigen ellos mismos. En Eslovaquia y los países bálticos, los votantes se rebelarían por subsidiar lo que a ellos no les subsidiaron. Los euroescépticos tendrían alas al contemplar cómo la política sensacional de confrontación supone un éxito. Europa, por tanto, ya no puede hacer nada por Grecia, salvo hacer lo mínimo durante el máximo tiempo.

Mantener la asistencia de liquidez de emergencia (ELA) congelada, tal y como está ahora, podría responder a este acuerdo de mínimos. Creo que será lo que veremos. Eso evitaría la quiebra inmediata de los bancos griegos, aunque los dejaría cerrados y en el limbo a la espera de nueva liquidez. Por lo demás, las instituciones europeas van a poner todo su empeño en estabilizar los mercados. Y respecto a estos, preveo una inestabilidad limitada a corto plazo y revalorizaciones a medio plazo. Quizá, lo más curioso se vea en la divisa: es posible que el BCE deba enseñar músculo para evitar el contagio, y deba acelerar la expansión de base monetaria. A largo plazo, seguimos apuntando hacia la paridad.

Álex Fuste es Economista jefe de Andbank

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