Tribuna

Las nuevas peticiones de Sissa

Posiblemente conozcan ustedes la leyenda de Sissa. Si no es así, no se preocupen. Aunque desde aquí les ofrezcamos unas pinceladas básicas, quizá bastante antes de llegar al final de esta exposición intuyan todo su sentido. Un viejo y sabio adagio dice: “no puede salirse de un mal sitio sin saber cómo se ha entrado allí”. Aplicado a la situación actual, significaría que no es factible entender el contexto económico de hoy sin adentrarse en el pasado reciente. Si bien es verdad que existe un criterio general de considerar a la crisis de 2007/2008 como origen de los recortes sociales, vía austeridad, sería conveniente recordar que fue aquella la que puso de manifiesto los graves problemas de la sociedad de entonces.

Y aunque nunca es tarde para aprender, pocos verán que todo cuanto se vivió durante la fase de expansión fue un espejismo. Un gran espejismo del que muchos hemos sido víctimas, pues los datos de pobreza o desigualdad de la población española, con tirón de orejas incluido por parte de la Comisión Europea, dejan a la luz de quien quiera comprenderlos, que nuestro comportamiento gregario a la hora de apoyar las bases generales de diferentes propuestas políticas ha resultado ser un rotundo fracaso. Las medidas tomadas en su día por el actual partido en el Gobierno (al igual que las socialistas en su momento) seguro que parecieron ser las apropiadas para reconducir, de forma correcta, una situación económica tan adversa como la que se tuvo. Pero lo cierto es que las cifras que se muestran a continuación desvelan lo contrario. España, atendiendo a datos de libertad económica para el año 2015, ha descendido veinte puestos (pasando del 29 al 49) en unos pocos años (de 2008 a 2015) en la clasificación en el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage. Esto se ha traducido en un crecimiento inferior, una atención médica y una educación peores, un aumento de la pobreza, un menor bienestar social, etc. Todo ello, revestido por el indeseable escaparate de la corrupción, asunto que no parece tener fin. Como ya comentamos en alguna ocasión, puede que el conocido Estado del bienestar finalizara hace años y se esté dando paso al Estado del malestar. Pero si existe una verdadera grieta en el sistema, esta es, sin duda, la deuda externa. Según los últimos datos del Banco de España, referidos a septiembre de 2014, esta asciende a 1,7 billones de euros; una cifra que representa el 161,7% del PIB y que solo es superada por EE UU (aunque para dicha economía supone alrededor del 40% del PIB). Un importe demasiado elevado para España y un alto compromiso si la confianza internacional se deteriorara por algún motivo.

A medida que avanzamos en la edad (dicen que “a partir de los cuarenta no se cumplen años, sino que te caen encima”), dos son los deseos que el factor tiempo nos ha hecho demandar de forma encarecida: uno, encontrar cierto equilibrio en diferentes ámbitos (social, personal, laboral, físico, psíquico, emocional, etc.); y dos, actuar conforme a la naturaleza. Sobre el primer aspecto, piensen en el cuerpo humano y observen el efecto en el mismo cuando existe cualquier alteración. Sobre el segundo, recuerden el número de veces que el término “naturaleza” aparece en Meditaciones (Marco Aurelio). Pues bien, aunque en principio pudiera ser difícil de comprender, en el campo económico las pautas a seguir para buscar un crecimiento sano y sostenible deberían sustentarse en los dos elementos indicados: encontrar el mayor equilibrio entre todos los agentes intervinientes, atendiendo todas y cada una de sus necesidades; y a la vez, utilizar los recursos disponibles de la forma más eficiente posible.

En el siglo V, en la India, determinado rey accedió a corresponder de forma adecuada al sabio Sissa por haberle enseñado cierto juego de ingenio y sacrificio (el ajedrez). El modesto joven solicitaba unos granos de trigo: uno por la primera casilla del juego; dos por la segunda; cuatro por la tercera; ocho por cuarta; etc. Cuando el monarca ordenó que prepararan los granos que había que entregarle, se dieron cuenta de que el Imperio no contaba con la totalidad de ellos para hacer el pago (la cuantía era enorme).

Creemos que ustedes conocen perfectamente que las nuevas peticiones y deseos de Sissa ya se hicieron realidad: crecer y crecer en épocas pasadas a base de desequilibrios no deseados. Pero quizá les cueste entender que, antes o después, estos caerán como una losa sobre nuestras espaldas (en particular, el elevado endeudamiento público). Hemos visto en el párrafo anterior que el rey, en aquel entonces, no pudo atender el compromiso adquirido. Hoy nos preguntamos: ¿Podemos hacer frente a las obligaciones contraídas años atrás? Y lo que es más importante, ¿de qué forma?

 

Fernando Ayuso Rodríguez es economista

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