Editorial

Día clave para la economía europea

El Banco Central Europeo (BCE) protagonizó ayer el día D que los mercados y las economías de la zona euro llevaban esperando desde principios de año, cuando Mario Draghi anunció que sacaría la artillería pesada para estimular el crecimiento en Europa y evitar la deflación. Con un lacónico mensaje en Twitter, el BCE dio el pistoletazo de salida al programa de compras masivas de deuda pública, por valor de 60.000 millones mensuales, que Draghi mantendrá hasta septiembre de 2016. Los parqués europeos acogieron con discreción –el Ibex cedió un 0,34% al cierre– una medida cuyo impacto ya se ha ido descontando en los últimos meses. Tanto el euro como el bono español a diez años se mantuvieron estables cerca de mínimos históricos.

La puesta en marcha del Plan Draghi constituye una victoria del presidente del BCE y una de las medidas que marcarán la historia de su mandato. No en vano se trata de una decisión sin precedentes en la zona euro, cuya adopción se explica por razones económicas –el riesgo deflacionista y la necesidad de prevenir una vuelta a la recesión– pero también por motivos políticos. La resistencia numantina de algunos Gobiernos de la zona euro a aplicar reformas estructurales y la notoria debilidad institucional de la Comisión Europea para marcar el rumbo económico de la región han influido de forma importante en esta decisión. Sin duda el efecto de las compras del BCE servirá para insuflar oxígeno a la debilitada economía europea, pero ninguna medida de intervención de Fráncfort –como el propio Draghi se ha encargado de repetir– puede sustituir la acción reformadora de los Ejecutivos de los estados miembros.

El inicio del programa del BCE coincidió ayer con la aprobación del nuevo modelo de supervisión del rescate de Atenas. El sí de Grecia, que ha aceptado comenzar a negociar en Bruselas a partir de mañana, se produjo tras una advertencia del Eurogrupo, que acusó al Gobierno de Alexis Tsipras de estar perdiendo tiempo con tácticas dilatorias. El tira y afloja que Grecia ha mantenido desde el pasado febrero ha paralizado la presentación de un plan de reformas económicas que permita llegar a un acuerdo. Un plan del que depende el mantenimiento del rescate financiero del país, pero también la neutralización de un conflicto potencialmente desestabilizador para la zona euro.

Expertos alemanes cercanos al Gobierno de Angela Merkel han recomendado una posible Grexit –salida de Atenas de la zona euro– como la solución más ventajosa para el país. Todo apunta, sin embargo, a que Europa quiere una solución que mantenga a Grecia como miembro de la moneda única. Sin embargo, el descontento de la población helena y el riesgo de enquistamiento de las negociaciones hacen urgente que Europa demuestre la firmeza y habilidad política necesarias para desbloquear el conflicto.

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