Tribuna

Educación ejecutiva 2.0

Thomas Edison, el inventor de la bombilla y fundador de General Electric, nunca pisó la universidad pero no dejo de idear nuevos productos toda su vida. En cambio, en su empresa sí trabajó un ingeniero de nombre Henry Ford que aprendió allí el oficio suficiente como para crear años después la multinacional del automóvil Ford. Las tres últimas generaciones de la saga Botín de banqueros españoles se han graduado en economía al mismo tiempo que situaban al Banco Santander entre las instituciones financieras más importantes del mundo. Los hermanos Garrigues, alumnos brillantes de Derecho, crean en los años cuarenta del siglo pasado, el despacho Garrigues que hoy es uno de los más importantes del continente europeo.

Autodidactas, ingenieros, economistas y abogados han sido tradicionalmente los empresarios más exitosos y basta con pensar en los fundadores de Zara, Sony, Mittal o Apple para ratificarnos en ello. Pero esta tendencia ha cambiado y se está acelerando una disrupción con la nueva generación de nativos digitales, llamada a dejar obsoleta a las anteriores, son los millennials.

En España, este año, el grado universitario con nota de entrada más alta ha sido la doble titulación matemáticas con física. El cofundador de Google Sergei Brin es hijo de dos matemáticos rusos que fueron fichados por universidades americanas y él mismo se graduó en matemáticas. Una de las operaciones más sonadas en los últimos años la ha protagonizado Facebook al comprar la tecnológica WhatsApp, fundada por un ucraniano experto en matemáticas. Hoy sería imposible tener un premio Nobel en ciencias económicas que no domine la matemática aplicada y los más sonados fichajes de economistas para las faculty de las mejores universidades del mundo ya son matemáticos. De hecho, una forma de medir la inserción de una sociedad en la nueva economía es el ratio de alumnos STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). En Europa estamos por el 17%, en Corea del Sur casi el doble.

Pero si la complejidad del mundo actual exige recurrir al rigor de la aritmética o la álgebra, la nueva sociedad con nuevos valores ha desplazado también el ocio de los directivos del culto al espíritu al culto al cuerpo. Su tiempo libre se ha convertido en parte del entrenamiento imprescindible para liderar con éxito las nuevas grandes empresas. De los presidentes de compañías habituales en la ópera o el ballet hemos pasado a que la lista de participantes del maratón de Nueva York se confunda con la del Forbes 500. Hoy los ejecutivos ya no viajan buscando los museos más prestigiosos sino los restaurantes de moda o las triatlones más exigentes. Es difícil encontrar un CEO que pinte o componga música porque muchos de ellos se han convertido en expertos sumilliers, dominan los secretos de la alta cocina y todos invierten muchas horas de su escaso tiempo libre en interactuar en las redes sociales.

Los llamados millennials, los jóvenes nacidos desde finales de los ochenta, son así pero también tienen un fuerte compromiso social que los nuevos fundadores de las más exitosas compañías comparten con ellos. El profesor Manuel Escudero habla de un nuevo paradigma de justicia social de estos directivos que les hace apostar por la cooperación frente a la competición, que defienden y aplican la sostenibilidad en sus empresas además de creer y practicar el poder blando que provoca movilizaciones masivas y cambios importantes.

En otro cambio de época como el que estamos viviendo ahora, en el siglo XVIII, el pensador inglés John Locke se atrevió cuestionar los métodos educativos de la Universidad de Oxford por su falta de empirismo y defendió adaptarse a los nuevos tiempos. Hoy, como en aquel momento, solo pervivirán aquellas escuelas de negocios que sepan reinventarse y asumir que los nuevos directivos ya no son los del siglo pasado sino emprendedores que crean start-ups. Internet y por tanto las matemáticas, pero también la cocina, el deporte, el agrotech o la innovación social son las nuevas disciplinas que los millennials están empezando a aplicar en las empresas. Toca, por tanto, desde la educación ejecutiva, evolucionar como lo están haciendo los negocios en todo el mundo, para seguir siendo útil.

Iñaki Ortega es doctor en economíay director de programasen Deusto Business School.