Editorial

La renta disponible es el motor de la demanda

Este año crecerá la renta disponible de los españoles, tras siete años de fuertes recortes de esta variable, que siempre ha sido la determinante básica de la demanda interna. La intensa pérdida de empleo asalariado durante la crisis, con dos años muy duros como 2009 y 2012, que provocaron la pérdiuda de más de tres millones y medio de ocupados, y el posterior ajuste de los costes laborales como terapia reparadora de los niveles de competitividad de las empresas españolas, han generado descensos continuados de la renta disponible de los hogares, y han tenido un reflejo mimético en un ajuste del consumo. En paralelo, el retroceso del valor de los activos financieros y de las rentas empresariales o de la propiedad, así como las subidas severas de impuestos desde 2010 hasta 2103, han intensificado el efecto contratctivo del empleo y los salarios sobre la disponibilidad de renta, que, además, estaba cada vez más poresionada por el elevado endeudamiento de los agentes privados. Si a todo ello le unidos una expectativa profundamente negativa, un estado de ánimo económico depresivo, el efecto sobre el dominó de demanda, crecimiento, empleo, etc. resultará devastador.

Un círculo vicioso disolvente para la economía que es preciso atajar para estabilizar la situación primero, y procurar la recuperación después. Ese doble ejercicio ya se ha realizado con ajuste del gasto y subida de los impuestos para recuperar la credibilidad y la financiación, con la recapitalización bancaria para eliminar toda sombra de duda sobre su solvencia y sus posibilidades de conceder crédito, y con una serie de reformas de los mercados de factores que abaraten el factor trabajo para recomponer la maltrecha competitividad de la economía frente a los competidores.

Tan realizado está que la economía lleva un año completo creciendo, once meses consecutivos creando empleo y los ingresos públicos empiezan a ofrecer avances sostenidos como consecuencia tanto de las subidas de tipos tributarios como del crecimiento de la actividad. Hasta los activos más detestados durante la crisis, aquellos que fueron señalados como causantes de la misma, como son los inmobiliarios, comienzan a moverse, con repuntes de ventas y una moderación en el ajuste de precios. Lógicamente las medidas duras aplicadas han dado resultado por el control estricto de los costes laborales, que durante los primeros años de la crisis no solo se resistían a bajar, sino que incluso subían por la desidia sindical en algunas actividades mientras el empleo se desplomaba.

Ahora, si bien es cierto que el nuevo empleo tiene menor calidad que antaño, con un uso intensivo de formatos a tiempo parcial, y que aquél que es a tiempo completo tiene un precio sensiblemente inferior al de antes de la crisis, la ocupación crece, y con el pequeño repunte de las subidas nominales de salarios (no llegan al 1%), y la complicidad de un proceso desinflacionario sostenido, se está registrando la primera subida importante de la renta disponible después de seis años de recorte. Y ya se está notando en un repunte paralelo de la demanda de consumo y muy tenuemente en la de inversión. De mantenerse las previsiones nacionales y externas sobre la economía para este año y el próximo, con avances que pueden incluso superar el 2% en 2015, el empleo proseguirá su avanve con una jugosa tasa de avance por lo ajustado de las plantillas, lo que seguirá cebado la renta disponible de los particulares.

Pero eso son previsiones. La debilidad de la recuperación tiene dependencia extrema de los acontecimientos externos, que no son precisamente buenos, y puede debilitarse también si en España no se mantienen las decisiones adecuadas para proseguir en la ganancia de competitividad y ampliar la base industrial el país. Un modelo tan dependiente del consumo privado debe cuidar el crecimiento de la renta disponible de manera sostenida, atizándola incluso con una rebaja de impuestos como la anunciada para 2015 y 2016, pero siempre quen no ponga en riesgo el rigor en las cuentas públicas que echaría por tierra todos los esfuerzos de los últimos años. Y en ese empeño sigue siendo muy importante mantener la disciplina de la moderación salarial, con las subidas lo más próximas a cero posible, y un compromiso paralelo del empresariado de no subir los precios para tener la seguridad de que todo el avance del empleo sea ganancia neta de la renta disponible.