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El Foco
Tribuna
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Retos ante el Mecanismo Único de Supervisión

Cuando ya estamos muchos de vacaciones y coincidiendo con la publicación de los resultados del segundo trimestre, el sector bancario y el mercado, en general, siguen manteniendo un elevado grado de expectación sobre los acontecimientos que tendrán lugar durante el próximo octubre y, más concretamente en la segunda quincena, cuando se publique la foto final del Comprehensive Assesment (CA), punto de arranque del Mecanismo Único de Supervisión (SSM, por sus siglas en inglés).

Y no es para menos, pues del conjunto de las entidades que han formado parte del ejercicio supervisor (nada menos que 128), tendremos conocimiento de los déficits o no de capital como consecuencia de la revisión de la calidad de los activos de sus balances (el conocido proceso AQR). También veremos el déficit o no de capital derivado de someter a las entidades a diversos ejercicios de simulación en escenarios económicos adversos (los famosos test de estrés) a partir de las conclusiones del AQR. Y finalmente, se desvelará el grado de apalancamiento de las entidades.

A mediados de octubrese desvelará el gradode apalancamientode 128 bancos europeos

Para ello, el pasado 17 de julio el BCE publicaba la plantilla que recogerá los resultados de los aspectos indicados así como un cierto grado de detalle de los trabajos de revisión de los balances (AQR’s) en cuanto a las exposiciones de riesgos por segmentos y los déficits de provisiones encontrados según los criterios aplicados.

No voy a tratar de dar argumentos sobre cuántas, quiénes, de qué países y porqué razones algunas entidades en Europa pudieran mostrar déficits de capital (coloquialmente suspender el examen). Este es otro de los aspectos sobre los que ya hace tiempo algunos están haciendo sus apuestas. Sí que me gustaría, no obstante, apuntar algunas ideas sobre las particularidades y retos que encierra la asunción por parte del BCE de las responsabilidades en el más puro ámbito de supervisión a las entidades.

En primer lugar, si algo ha dejado bien claro el proceso de evaluación supervisora (CA) es la importancia otorgada al proceso de revisión de activos (AQR), como ejercicio de conocimiento y transparencia del estado de los balances de las entidades. El objetivo: conocer con una mayor exhaustividad las debilidades y amenazas de las entidades objeto de supervisión. Tal cometido requiere una labor que va más allá de un ejercicio de análisis de la información financiera y de proyecciones futuras basadas en diversos escenarios económicos (siempre discutibles, por cierto). A este respecto, una buena parte del método de trabajo del BCE se basará en conocer si la entidad está gestionando el balance y sus diferentes riesgos, si está atendiendo a las mejores prácticas, si el capital y la liquidez se adecuan a la complejidad que cada modelo de negocio requiere y, como factor que va a seguir cobrando cada vez una mayor relevancia, la existencia de una estructura informacional de bases de datos veraces, íntegras y consistentes sobre las que estructurar la gestión y el control del riesgo de forma eficaz.

En este ámbito, las entidades denominadas y definidas como sistémicas globales llevan más de un año trabajando para cumplir en 2016 con los requerimientos establecidos en el documento publicado por el BIS, Risk Data Aggregation. En él se definen los principios fundamentales que deben asegurar la calidad y veracidad de los datos sobre los que estructurar un reporting eficiente de los riesgos a los que se enfrenta la entidad. La alta dirección es receptora pero también garante del buen funcionamiento del circuito. Nada impide pensar que este marco sea aplicable a corto plazo al siguiente escalón: los sistémicos locales.

El BCE busca homogeneizar la metodología de evaluación de la situación de las entidades financieras

En segundo lugar, el nuevo reporting regulatorio exigido por el BCE, sobre información financiera y de riesgos, trata de armonizar conceptos entre los diferentes países bajo el amparo del supervisor único. A lo largo de este año seguiremos viendo cómo los bancos van publicando los nuevos estados de información financiera que las propias autoridades nacionales se encargarán de hacer llegar al BCE. Este es todavía un camino en el que falta un buen tramo por recorrer. Además de una necesaria convergencia de la información requerida por el BCE y las autoridades supervisoras nacionales (el Banco de España en nuestro caso), está la propia evolución de las exigencias del primero. En este sentido, ámbitos como la progresiva aplicación de los requerimientos regulatorios de Basilea III, las nuevas métricas para el control de la liquidez, la medición y control de las grandes exposiciones o proyectos de mayor ambición como la generación de una base de datos de créditos a nivel europeo (Anacredit), condicionarán la configuración del reporting a exigir a las entidades financieras.

Por último, la autoridad bancaria europea ya ha publicado para consulta las líneas maestras sobre las que se apoyará el seguimiento continuado de la supervisión, buscando de nuevo la necesaria homogeneización de la metodología con la que evaluar la situación de los bancos y sus riesgos. El SREP (Supervisory review and evaluation process) determinará un ranking para cada una de las entidades financieras bajo supervisión (segmentadas por categoría en función de su tamaño y relevancia) actualizable periódicamente y basado en cuatro pilares fundamentales: un exhaustivo análisis del modelo de negocio de la entidad, la evaluación sobre el governance y el funcionamiento de los controles internos, la adecuación de los fondos propios según los riesgos para el capital y la adecuación de los recursos de liquidez en función de los riesgos de liquidez.

Importantes retos para todos los participantes del Mecanismo Único de Supervisión: BCE, autoridades supervisoras nacionales y entidades financieras. Y en el caso de estas últimas, incrementado por la necesidad de seguir trabajando para mejorar la rentabilidad del negocio core con un menor grado de apalancamiento y en un entorno altamente exigente en requerimientos de capital y liquidez.

Juan Carlos Canudo es director del área de riesgo de Cumbria FSC.

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