Cinco Motivos para el optimismo

Diez meses seguidos de disminución del paro. La mayor reducción de desempleo en un mes de mayo desde el inicio de la serie histórica, 318.543 parados menos que hace un año y 261.361 afiliados más a la Seguridad Social que en mayo de 2013. El cambio de tendencia en el mercado laboral es indiscutible. Solamente los demagogos o sectarios lo pueden negar. Asimismo, todos los organismos internacionales (FMI, OECD, Comisión Europea) y las agencias de calificación de riesgo (que han subido el rating de España) coinciden en elogiar el sacrificio realizado por la sociedad española y certificar la solidez de la recuperación, impulsada por aumentos históricos de nuestras exportaciones, regreso de la inversión extranjera y mejora del consumo interno.

El paro se mantiene en un nivel inaceptable y, para los que siguen sin empleo, la notable mejora de la situación económica española no es un gran consuelo. Pero hay motivos de peso para ser optimistas y pronosticar una aceleración del crecimiento y de la reducción del desempleo, que el ejecutivo actual heredó del anterior, casi siempre ha sido superior en España que en la mayoría de nuestros socios de la UE y cuyo porcentaje oficial (25%) esconde una economía sumergida que permite afortunadamente a muchos llegar con dificultades a finales de mes (aunque habría que aflorar dicha economía sumergida).

En primer lugar, empieza pronto el verano, y consiguientemente el empleo en el sector turístico, que afortunadamente sigue batiendo récords y que con la depreciación del euro facilitará la afluencia de más turistas de países no integrantes de la eurozona. En segundo lugar, la aprobación por parte del gobierno del Plan de Medidas para el Crecimiento, la Competitividad y la Eficiencia movilizará recursos por más de 6.000 millones de euros. Al igual que el plan PIVE, estimulará la demanda interna, y también la confianza de unos consumidores conocedores de que el gobierno disminuirá el IRPF en 2015. En tercer lugar, el BCE anunciará mañana medidas encaminadas a promover el crédito a las empresas y particulares: la reducción de su tipo de interés básico, cargar un tipo de interés para desincentivar que los bancos depositen fondos en el BCE y medidas para fomentar el crédito a las PYMES. En cuarto lugar, una mejora de las expectativas de crecimiento de algunas de las principales potencias económicas, concretamente EE.UU (superado un primer trimestre lastrado por la climatología), China, Japón, India si su nuevo gobierno aplica reformas y la mayoría de nuestros socios europeos. En quinto lugar, el interés creciente de los inversores por España y los periféricos. En 2013, según datos de la OCDE, el flujo de inversión directa extranjera neta hacia España se situó en €500 millones (€400 millones en 2012), superando de largo a Italia, los demás periféricos y el promedio de la UE. Las mismas publicaciones económicas anglosajonas que vaticinaban la desintegración de la eurozona y el rescate de España en 2012 reconocen ahora unánimemente el mérito del descenso espectacular de los costes de financiación en España, el aumento de la competitividad y el efecto positivo de las reformas estructurales.

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