Los mercados restan importancia al avance euroescéptico

Los inversores pasan de refilón por las elecciones europeas

Varias personas caminan junto a la decoración sobre las elecciones al Parlamento europea en Bruselas, Bélgica.
Varias personas caminan junto a la decoración sobre las elecciones al Parlamento europea en Bruselas, Bélgica. EFE

Los inversores hace ya algún tiempo que dejaron de interesarse por la política de la Unión Europea. Hubo una época nada lejana en que sí fue asunto de primer orden, hasta el punto de que el abismo que se abría entre el precio al que cotizaba la deuda soberana y la actitud que mostraban algunos gobiernos de la zona euro se llevó por delante a Silvio Berlusconi y al griego Yorgos Papandreu.

Fue el momento de los gabinetes tecnócratas, cuando las reformas estructurales y el compromiso con la disciplina fiscal anularon las promesas electorales, sin elecciones de por medio. Para la historia de la profunda crisis de la zona euro quedará la toma de posesión de Mario Monti como primer ministro de Italia tras la estrepitosa marcha de Il Cavaliere. Fue el punto culminante de un proceso por el que la hoja de ruta de los inversores ha terminado por coincidir con el discurso de los líderes políticos europeos.

Y una vez conjurado el peligro de desaparición del euro, para lo que fue crucial el mensaje de compromiso y apoyo del Banco Central Europeo, los inversores afrontan las elecciones al Parlamento Europeo de este domingo sin gran inquietud, sabedores de que solo un resultado rompedor, y por otro lado imprevisible, tendría la capacidad de desequilibrar al mercado.

La comunidad inversora maneja como principal escenario una victoria del Partido Popular Europeo, aunque con menos escaños que en los comicios de 2009, y un avance de las formaciones extremistas y euroescépticas. Es decir, un Parlamento Europeo mucho más fragmentado aunque controlado por una amplia mayoría formada por conservadores y socialdemócratas.

Deutsche Bank afirma que, “en contra de lo que muchos habrían podido esperar, la crisis del euro no ha favorecido a la izquierda política y sí ha propiciado la creación de una especie de centro suave con una cierta convergencia de posiciones entre conservadores y socialistas en materia de economía, fiscalidad y política social”.

Con este diagnóstico, el banco alemán ve más probable la creación en el Parlamento Europeo de una “gran coalición” entre conservadores y socialdemócratas, con ambos partidos buscando un consenso permanente en la toma de decisiones. En definitiva, una suerte de réplica del gobierno de coalición que ya rige en Alemania.

HSBC calcula una presencia de alrededor de 200 parlamentarios contrarios al euro sobre un total de 751 escaños, lo que “difícilmente supondrá un voto de confianza para el futuro de la integración europea”. Según el banco británico, la fragmentación en el voto podría significar que ni el centro izquierda ni el centro derecha serán capaces de formar grupos de mayoría junto a partidos liberales y de centro. “Necesitarán una gran coalición”. Este es el escenario mayoritario que manejan las firmas de análisis internacionales, lo que desactivaría la influencia que podría tener un mayor peso de los partidos euroescépticos y contrarios al euro en el proceso de integración europea.

“La principal duda está en saber si las fuerzas antieuropeas serán capaces de crear un grupo propio”, reflexiona Philippe Waetcher, economista jefe de Natixis Asset Management. Y la propia comunidad inversora resuelve la duda. El líder del populista Partido de la Independencia de Reino Unido ( UKIP por sus siglas en inglés) Nick Farage y Marine Le Pen “no hablan el mismo lenguaje y la probabilidad de que ambos formen una coalición es reducida. No habrá compromisos entre los partidos antieuropeos y su impacto no será tan grande como el resultado de las elecciones pueda hacer imaginar”, afirma el propio Waechter.

En HSBC apuntan que la fragmentación parlamentaria que provocará el avance de los euroescépticos podrían plantear en principio obstáculos para las políticas europeas. “Sin embargo, solo el tiempo lo dirá. En primer lugar por la escasa implicación de estas formaciones e incluso su ausencia en las votaciones y, en segundo lugar, porque el poder real en la Unión Europea, incluso a pesar del Tratado de Lisboa, aún recae en los líderes del Consejo Europeo”. Es decir, en los respectivos gobiernos de los países miembros de la UE. De hecho, hay más interés en el proceso posterior de elección del presidente de la Comisión Europea, sobre la que el Consejo Europeo tiene la última palabra, que sobre las elecciones al Parlamento Europeo.

La escasa repercusión que los inversores dan a las implicaciones que puede tener el avance de las fuerzas euroescépticas puede resultar ingenua a la vista de los resultados que el partido de Nick Farage ha conseguido en las elecciones municipales en Reino Unido, lo que podría convertir a su formación en la fuerza más votada también en las elecciones europeas. Pero si no se prevé un vuelco en el equilibrio de fuerzas políticas a nivel europeo, los expertos sí advierten de notables consecuencias a nivel interno, ya que el avance de los partidos minoritarios puede debilitar y desequilibrar a los actuales gobiernos.

Citi advierte que Italia y Grecia son especialmente sensibles a la inestabilidad política, ante el avance de formaciones como el Movimiento Cinco Estrellas o Syriza. En Italia, donde la gestión de Matteo Renzi es juzgada por primera vez en las urnas, “el principal riesgo es la celebración de unas elecciones parlamentarias anticipadas”, advierte Citi, que aun así no lo contempla como el escenario más probable. Y respecto a Grecia, avisa que el momento clave será febrero de 2015, cuando se celebren elecciones presidenciales.

Para Natixis Asset Management, el principal efecto de las elecciones europeas “estaría en los gobiernos y esto sí puede ser una especie de punto de inflexión en Europa y en especial en la zona euro”. Y añade que en los países donde exista una fuerte corriente política antieuropea, puede darse una reestructuración de gobierno o del parlamento nacional. “El principal impacto estará ahí”, añade su economista jefe. “Creemos que el impacto inmediato de las elecciones al Parlamento Europeo será probablemente limitado. Sin embargo, la orientación amigable hacia el mercado en algunas cuestiones podría afrontar presiones”, reconoce Deutsche Bank.

Para Alberto Spagnolo, director de inversiones de Julius Baer, las elecciones europeas “en absoluto van a tener impacto en los mercados. Lo tendrían solo si surgen minorías de bloqueo, y eso no va a suceder”. Ni el mercado de renta fija ni el de renta variable parecen haber estado en campaña electoral en las dos últimas semanas, aunque la rentabilidad de la deuda soberana de los países periféricos haya subido ligeramente y el mercado bursátil se mantenga plano. Así, el rendimiento del bono español volvió a colocarse ligeramente sobre el 3%, y el del bono portugués regresó a niveles de principios de abril y volvió a rozar el 4%.

Para Goldman Sachs sí hay cierta relación entre este movimiento y un nerviosismo propio de la proximidad de las elecciones europeas y el riesgo político ante el avance de los partidos euroescépticos. El banco estadounidense justifica en ello por ejemplo el peor comportamiento de la deuda soberana italiana –el bono ha pasado en un par de semanas del mínimo del 2,911% al 3,264%– “a causa del riesgo que un fuerte respaldo en las elecciones al movimiento Cinco Estrellas pueda plantear al actual gobierno”._Si bien menciona también a la debilidad del dato del PIB del primer trimestre, peor de lo esperado. Sobre España apunta en cambio que “la venta de bonos soberanos ha sido más moderada, dado que el dato de PIB español había sorprendido positivamente y gracias también a que la continuidad del gobierno español no se verá afectada por las elecciones europeas”. Jorge Alcover, managing director de Goldman Sachs, añade que “España conserva aún una prima relevante sobre Alemania y los inversores quieren beneficiarse de la convergencia de spreads que se espera”.

Para Alberto Spagnolo en cambio los últimos movimientos en el mercado de renta fija tienen estrictamente que ver con que “el margen de convergencia del núcleo de la zona euro con la periferia ya se ha acabado”. De hecho, Julius Baer no prevé que la prima de riesgo descienda más allá de los 150 puntos básicos, un nivel que considera razonable. Además, en el mercado el gran foco de atención de los inversores está puesto en la reunión del Banco Central Europeo (BCE) del próximo 5 de junio, y que está rodeada de grandes expectativas.

Los inversores confían en que la institución decida una nueva rebaja de tipos y mantenga abierta la puerta a la activación de un programa extraordinario de compra de activos, al estilo de lo hecho durante la crisis por la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra. “La curva de tipos alemana ya descuenta de forma notable un programa de quantitative easing. Pero si no se produce, e incluso si se hiciera realidad, el mercado deberá corregir el movimiento hecho en anticipación a esa medida”, añade Spagnolo. Y todo ello siempre que se cumpla el guión previsto por los inversores de que los gobiernos europeos, del signo que sean, serán fieles al compromiso con las reformas y la disciplina fiscal.