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Entrevista a Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la OCDE

“La economía sumergida lastra a los emergentes”

Pablo Monge

Hace varios meses, Pezzini le propuso a un colega de departamento un ejercicio. Averiguar cuántos países habían crecido más del doble de la media de la OCDE (que incluye a las 39 naciones más desarrolladas del mundo). En la década de los 90 solo hubo 13; entre el 2000 y 2010 la cifra subió a 83. “En las últimas décadas se ha producido un cambio radical, un desplazamiento del centro de gravedad de la economía del norte al oeste de Turquía y va en dirección a Asia y al sur”, apunta en una entrevista previa a su intervención en unas jornadas en la Fundación Ramón Areces.

Pregunta. ¿Cuáles han sido las principales consecuencias de ese cambio del centro de gravedad?

Respuesta. Al mismo tiempo que se ha reducido la pobreza extrema, la gente ha entrado en otra condición que se llama clase media. Yo soy muy crítico, porque cuando pensamos en clase media, pensamos en una familia con dos hijos, dos frigoríficos, dos coches, dos perros…No es esta la clase media de los emergentes. En el 70% de los casos se trata de gente que trabaja en la economía sumergida, de manera que cuando se jubila, pierde renta y regresa a la pobreza extrema. Cuando hay una enfermedad o un divorcio, regresa a la pobreza extrema. Si la empresa donde trabaja se deslocaliza, regresa a la pobreza extrema. Esta clase media es vulnerable. La economía sumergida lastra a los emergentes.

P. Algunos países han puesto en marcha políticas públicas para evitar ese retorno a la pobreza.

R. Esas políticas no funcionan. Un caso paradigmático es el de Túnez. La economía creció a tasas del 5% durante diez años consecutivos, ha logrado mantener el déficit público por debajo del 3% del PIB y la deuda por debajo del 60% del PIB (las obligaciones fiscales de Maastricht para los países de la UE) y tiene una tasa de universitarios cada vez más elevada. Todo el mundo pide que siga gastando en educación y en recursos humanos, pero muchos de esos expertos no se dan cuenta de que no es solo un problema de demanda, también es de oferta. Si cuando un estudiante sale de su formación, no encuentra ofertas de trabajo o las que encuentra no son de calidad, va a la economía sumergida. Es una frustración para toda la familia. Coexisten las expectativas y la frustración y genera un choque que es el detonante de las revueltas de la primavera árabe, de Turquía o Brasil. En definitiva, la sociedad explota.

P. ¿Existe alguna receta para tratar de combatir esta frustración?

R. Hay dos prioridades: crear una red de seguridad, con recursos públicos y ofrecer una identidad económica que sea diferente a la de replicar el modelo existente en los países desarrollados. Y aquí viene el segundo reto, el de elevar la productividad en ciertos sectores. En los emergentes hay trabajadores competitivos en los sectores mineros y en los servicios no comerciales con buenas remuneraciones. Sin embargo, los del sector manufacturero, que compiten en los mercados internacionales, ven como sus remuneraciones se ajustan ante las de otros países.

El riesgo de depender de las materias primas

Venezuela es un buen ejemplo de una economía cuyo desarrollo se ha basado exclusivamente en la explotación del petróleo. Pese a ser el quinto mayor exportador del mundo y el país con mayores reservas del mundo, las oscilaciones del precio internacional y la ausencia de tejido industrial le hace vulnerable cuando el ciclo económico mundial va hacia abajo. En Latinoamérica hay otros ejemplos. Perú y Colombia con el café, Bolivia con el gas o Chile con el cobre.

Pezzini, sin embargo, también apunta que existen otras historias exitosas de diversificación económica, tanto en desarrollados como emergentes. “Finlandia producía madera y se inventó cómo hacer teléfonos portátiles; Chile solo producía cobre y los recursos que se obtenían se utilizaron para desarrollar la industria del salmón y del vino. En Colombia, la mitad de las regalías (la contraprestación que obtiene la Administración Pública por la concesión de la explotación de un recurso natural) se destina a un fondo anticíclico, el 40% a un fondo nacional de infraestructuras y el 10% a innovación. Todas son buenas ideas que se deben copiar”, apunta Pezzini. En su opinión, el recurso natural no es una condena. “Cuanto más se desarrolla un país, más desarrolla sus recursos naturales”, apunta.

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