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Fed y BCE, reacios a apagar más fuegos

Tras un mes de enero en el que los incendios en las economías emergentes hicieron llegar humo a los ojos de los inversores, los mercados están en calma de nuevo. La primeras declaraciones de Janet Yellen, nueva presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, han, en un primer momento, apaciguado los ánimos. Pero hay razones para preocuparse.

Yellen aseguró que la volatilidad en los mercados globales no representaba un riesgo importante para las perspectivas económicas de Estados Unidos. La línea exclusivamente interna es globalmente impopular, pero un exceso de preocupación de la Fed por el mundo puede tener efectos domésticos negativos.

La pausa en los estímulos sería inevitable para impulsar los mercados estadounidenses y mundiales. También aumentaría los riesgos de burbujas después de un año estelar para acciones de Estados Unidos en 2013.

La pausa en los estímulos sería inevitable para impulsar los mercados de EE UU y de todo el mundo

Los beneficios económicos derivados de la persistencia de una flexibilización cuantitativa muy alta son dudosos. Yellen asegura que quiere llevar la inflación hasta el objetivo del 2% de la Fed, pero la política monetaria no puede hacer mucho. Pese a que el balance de la Fed se ha cuadruplicado desde 2008, la tasa actual es de solo el 1,5%.

El Banco Central Europeo podría tener el ejemplo estadounidense en mente al sopesar la posibilidad de aumentar su política de flexibilización monetaria en la zona euro. La tasa de inflación, en el 0,7%, es muy baja, pero no solo está en duda la eficacia de los estímulos monetarios. La aplicación en los mercados fragmentados de la zona euro podría ser un reto –y probablemente tendría que enfrentarse a problemas con Alemania–. En lugar de poner a prueba la política y hasta la ley, puede que el BCE prefiera confiar con la esperanza de que haya una mayor inflación en 2016.

A pesar de su calma actual, los mercados son propensos a tener dificultades para adaptarse a la reducción de la extraordinaria generosidad de la Reserva Federal. Los mercados emergentes podrían arder de nuevo. Los bonos de los países desarrollados y las acciones que han prosperado en ese entorno de dinero fácil podrían saltar nuevamente por los aires. No es probable que la Fed ni el BCE se apresuren a desplegar las mangueras.

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