Tribuna

El trabajo no es para los mayores de 45 años

La crisis económica ha generado serias desigualdades en el mercado laboral relacionadas con la edad: los jóvenes menores de veinticinco años y los mayores de 45 años. A finales de 2007, la tasa de paro de los primeros era del 18,80%. Hoy es más del 55%. En este sentido, el desempleo registrado aumenta en 113.097 personas (2,4%), en el mes de enero, hasta alcanzar la cifra de más de 4,8 millones de parados. Por su parte, la Seguridad Social perdió 184.031 afiliados ocupados (-1,1%). Sin embargo, si los jóvenes tienen la tasa de desempleo la más elevada y es el colectivo que más preocupa por tener grandes dificultades para insertarse en el mercado laboral, todavía lo es mucho más, para los mayores de 45 años al perder su puesto de trabajo, debido a que su recolocación es muy difícil. Por lo tanto, merecen una consideración especial por sus problemas muy peculiares. Su peso específico, en el conjunto de la población activa, es muy considerable: su participación se sitúa en cerca del 40%. En este contexto, la disminución del paro no ha afectado a todos por igual. Ha aumentado, en términos absolutos, de forma desproporcionada entre los trabajadores mayores de 45 años mientras ha disminuido en los restantes tramos de edad. Así, en 2013, entre los mayores de 45 años el desempleo aumenta en 148.000 personas, frente a una disminución de los menores de 45 años (224.000). Numerosos estudios empíricos llegan a la conclusión que la edad es un grave inconveniente, especialmente, para los trabajadores mayores de 45 años. A la pérdida del puesto de trabajo hay que sumarle que quedan fuera del mercado de trabajo. Es muy preocupante que no cuenten con mucha formación ya que el 65% de este colectivo acredita sólo niveles de estudios equivalentes hasta la educación obligatoria. A las desigualdades formativas, junto con la adecuación a las nuevas tecnologías (falta de cultura digital), habría que añadir el tiempo excesivo que permanecen como parados de larga duración (siete de cada diez desempleados de mayor edad llevan más de un año en desempleo). Ello, repercute en una clara depreciación de sus competencias profesionales lo que genera problemas de baja “empleabilidad” para los que buscan empleo, sobre todo, entre las personas menos cualificadas por las exigencias actuales de mayores requerimientos de cualificación. El paro de las personas mayores de 45 años responde a criterios distintos a los de edades inferiores, al desfase formativo entre ambos colectivos hay que añadir el factor de la movilidad. Los mayores de edad son menos proclives a la movilidad que los jóvenes tanto a nivel geográfico como profesional. Varias razones explican este fenómeno: la movilidad geográfica está interrelacionada negativamente con la posesión de bienes inmuebles; los mayores, normalmente, poseen más propiedades que los jóvenes y también muchas más responsabilidades (hijos, hipoteca, etc.) Por ello, las personas mayores son más reacias a cambiar de actividad que los jóvenes por considerar, además, que perderían parte de su experiencia muy valorizada internamente entre sus propias empresas pero muy poco en el mercado externo. Todo ello, tiene como consecuencia que muchos de entre ellos abandonen la población activa (efecto desánimo). Lógicamente esta decisión no se refleja en la tasa de paro pero si en la tasa de actividad. La cual está determinada, también, por la existencia de mecanismos de acceso a las prejubilaciones. De este modo, la participación en la tasa de actividad de las personas mayores es inferior al resto de tramos de edad. El drama de este colectivo consiste en que casi las tres cuartas partes tienen menos de 55 años y, por lo tanto, aún están muy lejos de la jubilación. Paradójicamente, ante la grave situación que padece este colectivo, el Gobierno en lugar de impulsar acciones para facilitar su reinserción, ha aprobado una serie de medidas que juegan en su contra. Hay que recordar que una parte importante de los recortes que se han hecho en materia de protección por desempleo afectan, fundamentalmente, a los trabajadores de más edad. Por ello, para que no pierdan toda esperanza de encontrar un puesto de trabajo, se requiere establecer medidas específicas de políticas activas (muy recortadas últimamente) con el fin de aumentar su empleabilidad, como por ejemplo, incrementando el esfuerzo en las actuaciones de formación/empleo. Pero estas medidas no serán suficientes si los empresarios no valorizan más su experiencia y eliminan, a su vez, el falso prejuicio de que una persona mayor de 45 años no es útil para el trabajo. El mercado laboral trata con demasiada crueldad a este colectivo. La sociedad en su conjunto no puede permitir que vivan de los subsidios, en el mejor de los casos, ya que les condena al peor escenario posible: la exclusión.

Vicente Castelló es profesor de la Universidad Jaume I.

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