Cumple con lo previsto pese a la crisis de divisas

La Fed retira otros 10.000 millones de dólares y presiona más a los emergentes

Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal.
Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal. Reuters

La última reunión de la Reserva Federal presidida por Ben Bernanke tuvo ayer como convidados de piedra a los países emergentes. En su última decisión como presidente de la autoridad monetaria estadounidense, Bernanke tuvo que abordar de frente una de las principales consecuencias de la política puesta en marcha por la institución como fórmula con la que superar la crisis, que está dando sus frutos en la mayor economía del mundo pero amenaza con tener un efecto perverso sobre los países emergentes.

Durante su mandato, el balance de la Reserva Federal se ha disparado a los 4 billones de dólares, frente a los 891.000 millones con que contaba en 2007 y después de tres programas de compra de deuda con los que surtió de liquidez de forma continua al sistema, al tiempo que los tipos de interés permanecen cercanos a cero desde 2008. Buena parte de esa liquidez fue a parar a inversiones en los mercados emergentes y, ahora que la institución ha decidido replegar velas en esos estímulos, estas economías acusan la amenaza de una fuga de capitales.

Bajo la presión de agravar la crisis de divisas que se ha desatado en países como Brasil, Turquía, Sudáfrica o Argentina desde que, en mayo pasado, se conociera la intención de la Fed de comenzar a retirar esos estímulos, la Fed se ha mantenido firme y ha cumplido con las expectativas que apuntaban a un nuevo recorte, el segundo después del inicial del pasado diciembre, en el volumen de compras mensuales de deuda y bonos hipotecarios. Así, la autoridad monetaria estadounidense decidió ayer que esas compras se reducirán en otros 10.000 millones al mes, hasta los 65.000 millones de dólares.

Más allá de las turbulencias en los países emergentes, la Fed está ahora concentrada en su propia hoja de ruta. Pero en la herencia que deja Bernanke a su sucesora Janet Yellen queda un balance de 4 billones de dólares, una situación sin precedentes que tiene en los mercados emergentes una de sus principales aristas.

Para combatir la amenaza de fuga de capitales, y con ello la depreciación de sus divisas, los bancos centrales de numerosos países han comenzado a subir los tipos de interés. Algunos con una rotunda contundencia como es el caso de Turquía, donde han pasado del 7,75% al 12%, aun a riesgo de sacrificar el crecimiento. El banco central turco siguió el martes los pasos del indio, el primero en subir tipos –aunque en su caso solo un cuarto de punto–. Y ayer fue el sudafricano quien tomó la réplica, con un alza de tipos del 5% al 5,5%, la primera en seis años, después de que el rand se depreciara el lunes a su nivel más bajo de los últimos cinco años, en línea con los descensos de valor del conjunto de divisas emergentes que se desataron la pasada semana con el derrumbe del peso argentino. La gobernadora sudafricana Gill Marcus reconoció que la economía del país vive un momento difícil, y estimó el crecimiento de la economía nacional en 2013 en un “moderado” 1,9%, uno de los más discretos en el panorama emergente.

Las subidas de tipos son una primera respuesta a la exigencia más de fondo que reclama el mercado para mantener su apuesta inversora por los emergentes y que apunta a reformas estructurales con las que corregir los desequilibrios surgidos tras años de fuerte crecimiento, alimentado precisamente por la abundante liquidez. De hecho, las divisas emergentes apenas se beneficiaron ayer del movimiento de subidas de tipos y acusaron la inquietud de que, consumido el cartucho del aumento del precio del dinero, el siguiente paso de la política monetaria en algunos países emergentes sea una devaluación. El rand sudafricano incluso se depreció más del 1% y la lira turca anuló el beneficio inicial de la subida de tipos.

Para José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España “probablemente sea cierto que la propia Fed haya sido el detonante de esta crisis, pero la inestabilidad de los mercados emergentes que comenzó el año pasado pone de manifiesto las debilidades estructurales de muchas de estas economías al mismo tiempo que es en parte un proceso de normalización tras el exceso de posición de los inversores internacionales en estos mercados durante la crisis de los países desarrollados”.

Para la gestora de fondos Fidelity, “los mercados emergentes se encuentran en la búsqueda de un nuevo modelo económico. El de 1997-2010, que se enfocó en el crecimiento de las exportaciones, no puede tener éxito en un mundo en el cual la Unión Europea tiene superávit por cuenta corriente mientras EE UU está reduciendo rápidamente su déficit comercial”. Y resume así el mensaje que estos días lanzan los mercados: “El mundo de los emergentes necesita desempolvar la agenda de reformas estructurales que apartó hace 15 años y estimular sus economías domésticas”.

 

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