El Foco

Todo en su justa medida

Estoy segura que después de unas horas redactando estos párrafos, casi ninguna de las palabras que ahora elijo estará dispuesta de la misma forma e incluso es probable que ni siquiera estén presentes en la versión final de este escrito. Será un claro ejemplo del método prueba-error al que los investigadores estamos tan acostumbrados.

Voy a analizar el título siguiendo una sencilla metodología que aprendí del profesor Desantes (primer español vicepresidente de la Oficina Europea de Patentes y Marcas). Recuerdo que la última vez que utilice el método Desantes fue el pasado octubre en la presentación del libro del profesor Emilio Muñoz La economía reclama (inter) disciplina. La biología al rescate. Recomiendo encarecidamente la lectura de este ensayo que replantea conceptos e ideas y propone a la biología como patrón de mecanismos de actuación en economía.

Pues bien, ¿por qué Todo en su justa medida? Si se recurre a la Real Academia Española, se entiende por todo una cosa íntegra, algo que se comprende enteramente. Por medida se considera la cantidad, escala o proporción de algo con alguna otra cosa. Y el término justo se asocia a justicia y razón. No creo que se pueda encontrar una sentencia más adecuada para el triplete I+D+i que, sin duda, requiere todo en su justa medida

El problema concreto que expongo es la fototoxicidad visual; se trata, en mi opinión, de un asunto de salud pública de primer orden y de trascendencia global. Si se pone en primera persona, todos los que están leyendo este texto disfrutan de la suficiente visión para resolver caracteres tan pequeños como los que aquí se exponen y entienden perfectamente el importante déficit que, en sus vidas, supondría la pérdida visual.

El sentido de la vista procesa más del 80% de la información que llega a nuestro cerebro

La luz en su justa medida nos permite ver: bendito don. El sentido de la vista procesa más del 80% de la información que llega a nuestro cerebro y que posibilita una buena interacción de la persona con el resto del mundo.

La luz en exceso no solo provoca deslumbramiento y en consecuencia ceguera luminosa transitoria, como bien explica Saramago en su Ensayo sobre la ceguera. La excesiva inmersión en luz puede producir daños, en ocasiones irreversibles, en distintas partes del ojo, por lo que debe evitarse, según los estudios científicos actuales en salud visual. En este aspecto, la función de la medicina preventiva en ciencias de la visión consiste en procurar que el sistema visual no resulte dañado por el exceso y tipo de exposición a luz y, en consecuencia, evitar patologías que tendrían que ser tratadas. Conviene, por tanto, hacer caso de un lema popular e inteligente: más vale prevenir que curar.

Es muy fácil intuir que, actualmente, es excesiva la cantidad de luz que llega a nuestros ojos, pues se disfruta de luz natural durante muchos días con un número de horas de insolación muy elevado. La prevención visual no propone renunciar a la exposición al sol pero propugna proteger los ojos con lentes ópticas adecuadas.

En el último siglo se ha añadido a la luz natural la eficiencia de la luz ambiental artificial; se dispone de ella en cualquier momento y en la cantidad deseada (5.500 horas/año). La protección al daño que pueda producir a los ojos no contempla renunciar a la iluminación artificial; se trata, más bien, de controlar la intensidad, la cantidad y la composición de la luz.

Finalmente, se han incorporado, al extremado entorno luminoso el uso cotidiano de dispositivos móviles emisores de luz. Cada vez se utilizan más horas, por más personas y cada vez estas son más jóvenes. No se trata de renunciar al uso racional, tan necesario y útil, de las nuevas tecnologías, la prevención propone eliminar en su justa medida la emisión de las radiaciones que se han demostrado nocivas. Espero que, explicado así, resulte fácil entender el fundamento de la fototoxicidad visual.

Falta un dato más, en mi opinión de vital importancia para entender la magnitud del problema. Se trata de conocer que el llamado fondo de ojo –la retina– tiene una única y pequeña zona, inferior a dos milímetros cuadrados, llamada mácula lutea (mancha amarilla) por donde podemos ver con resolución; es decir, por donde distinguimos una letra de otra o una cara de otra. Además, la retina, a diferencia de otras estructuras oculares, forma parte del sistema nervioso central. Popularmente se dice que es una prolongación del cerebro con las ventajas e inconvenientes que este hecho conlleva: por un lado, procesa de forma sublime la información, pero, por otro lado, los daños neurodegenerativos a los que está expuesta no son reversibles. Espero que, explicado así, resulte fácil entender la necesidad de preservar la retina para seguir viendo durante toda la vida de una persona.

Con la rápida implantación de los dispositivos móviles ha aumentado el riesgo de fototoxicidad

Estudiamos el tema desde varios puntos de vista y realizamos las investigaciones científicas pertinentes hasta poder plantear soluciones probadas y viables en laboratorio. Ahora bien, al llegar a este punto, y considerando que el problema de la fototoxicidad visual podía tener solución, se necesitó la imprescindible colaboración del sector empresarial para poner en valor los resultados de investigación. Las empresas, tras comprobar la posibilidad efectiva de desarrollar los artículos finales, asumieron la fabricación y la comercialización de los productos a nivel nacional e internacional. En este proceso, no se puede olvidar la necesidad de la protección legal de la propiedad intelectual e industrial, ya sea realizada de forma conjunta o individualmente. Esta fase proporciona las garantías suficientes para las inversiones necesarias, internas y externas, que han permitido la efectiva distribución de los productos.

España está entre los diez primeros países del mundo en publicaciones de impacto producto de trabajos científicos. Las investigaciones sobre fototoxicidad visual vienen realizándose por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), concretamente por el departamento de Optometría y Visión (Facultad de Óptica) desde hace más de 12 años. El sistema visual humano utiliza métodos naturales para paliar el daño de la luz sobre el fondo del ojo; los estudios de investigación que realizamos se centraron en analizar los mecanismos fisiológicos de acción y replicar artificialmente los elementos de protección para incluirlos en las soluciones ideadas: lentes, films protectores, fuentes de luz.

En los últimos cinco años, con la rápida implantación de los dispositivos electrónicos móviles emisores de luz, ha aumentado el riesgo de fototoxicidad. La experiencia acumulada en las investigaciones previas permitió a la UCM diseñar y realizar experimentos con leds como emisores de luz blanca utilizados actualmente en iluminación ambiente y en la retroiluminación de dispositivos móviles. Debido a la experiencia previa y a la oportunidad en la programación de los estudios, los resultados científicos fueron pioneros y publicados con gran celeridad, así como acogidos con gran interés por las compañías innovadoras.

Las empresas se interesaron por las soluciones planteadas y en un corto periodo de tiempo se han podido fabricar productos concretos, como lentes para gafas, lentes de sol y protectores de pantallas de dispositivos móviles (smartphones, tablets, ordenadores) que actualmente ya están en los comercios. Otras entidades estudian la distribución, a corto plazo, de lentes de contacto y fuentes de luz (bombillas, fluorescentes halógenos, leds) que incluyen los elementos bloqueantes adecuados para contrarrestar la toxicidad de la luz. Este es mi caso, un caso de investigación, desarrollo e innovación eminentemente español.

Celia Sánchez-Ramos Roda es miembro del Foro de Empresas Innovadoras, profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora.

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