Editorial

El futuro pasa por el ‘internet de las cosas’

Con la adquisición de Nest Labs, una de las compañías más destacadas en la automatización del hogar, Google toma posiciones con fuerza en el denominado internet de las cosas. Un nuevo y pujante mercado que gira en torno a una oferta creciente de objetos conectados a la red y capaces de percibir, procesar y comunicar datos entre ellos. La operación, cerrada por una cifra cercana a los 2.300 millones de euros, no solo supone un paso más en la apuesta de Google por diversificar su negocio a golpe de compra, sino también una verdadera apuesta estratégica por un mercado cuyo potencial puede ser enorme. A modo de ejemplo, Nest fabrica productos como un detector de humo conectado y un termostato inteligente para el control de la temperatura del hogar, capaz de registrar las costumbres del usuario y saber, por tanto, si el hogar está o no habitado.

La adquisición de la compañía de automatización del hogar, que conservará su marca y la impronta de haber sido fundada por dos exejecutivos de Apple, constituye una nueva muestra de que el gigante de internet es ya mucho más que un buscador y un ejemplo de la capacidad de innovación y desarrollo que lo caracteriza. Pero también supone un serio toque de atención, que conviene no minusvalorar, sobre lo que podría constituir la próxima gran revolución en el mundo de las nuevas tecnologías. Los analistas y expertos del sector auguran que internet de las cosas está llamada a protagonizar la siguiente oleada de negocio tras el desarrollo de los teléfonos inteligentes. De confirmarse ese extremo, estaríamos ante un ingente e innovador marco de oportunidades empresariales con potencial para comercializar miles de millones de objetos capaces de percibir y procesar datos, así como de transmitirlos entre ellos. Este nuevo segmento beneficiará sin duda a las compañías que produzcan esos objetos físicos, pero también y especialmente a todas aquellas empresas que fabriquen aplicaciones destinadas a satisfacer sectores tan diversos como el industrial, la educación, la sanidad o el estilo de vida, entre muchos otros.

Los beneficios económicos que todo ello puede traer consigo son todavía difíciles de cuantificar, pero no lo es tanto el augurar el alto precio que pagarán aquellas compañías tecnológicas que dejen escapar un mercado de estas características o lleguen tarde a él. En ese sentido, el movimiento de Google debe analizarse como algo más que una operación empresarial. Constituye la avanzadilla de un nuevo mercado –en el que se están posicionando también compañías como Samsung y LG– cuyo desarrollo hay que analizar con visión estratégica. El reto pasa por no perder terreno en un mercado donde el cambio y la innovación son constantes.

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