Tribuna

Contrastes trasatlánticos

La canciller Angela Merkel recuerda a menudo a sus homólogos europeos que la UE cuenta con sólo un 6% de la población mundial, genera el 25% del PIB mundial (primer lugar superando ligeramente a EE.UU.) pero financia el 50% del gasto social mundial. Los expertos pueden discutir ad infinitum sobre los plazos y magnitud de la consolidación fiscal que la UE y EE.UU. necesitan. Lo que es incuestionable es que para mantener los actuales niveles de prestaciones sociales (sanidad, educación, pensiones y servicios sociales) hay que conseguir un aumento de la tasa de participación laboral (59% en España, 72% en Alemania), reducir algunas prestaciones, vincular otras (desempleo, pensiones) a los niveles de renta de los perceptores y mantener un razonable equilibrio entre austeridad y medidas para fomentar el crecimiento. Las cuentas simplemente no salen. El envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida (espectacular en España) obligan a adaptar el estado del bienestar a la realidad económica y demográfica.

EE.UU. parte con ventaja para acometer esta ardua tarea. Su población es más joven debido a la natalidad relativamente elevada de sus minorías hispana y afroamericana. Además emite la moneda que actúa de patrón del sistema comercial y financiero internacional. Su economía crece a una tasa aproximada del 2% desde mediados de 2009 y el desempleo ha disminuido hasta el 7,3%. Pero detrás de este buen cuadro se esconden vulnerabilidades importantes. La deuda total de los EE.UU. suma ya 17 billones de dólares, equivalente al 100% de su PIB. Los programas de compras de bonos de la Reserva Federal desde el inicio de la crisis financiera han generado cierto crecimiento de la economía real, pero también flujos excesivamente especulativos hacia las bolsas de EE.UU y países emergentes. El anuncio del inicio de la reducción del volumen de compra de bonos (tapering) por parte de la Reserva Federal en verano provocó la huida de capitales de diversos países emergentes. Después del cierre del gobierno durante dieciséis días y el aplazamiento de la nueva prórroga presupuestaria hasta el 15 de diciembre e incremento del techo de deuda hasta el 7 de febrero de 2014, la Reserva Federal probablemente no podrá empezar el tapering antes del final de año por temor a un frenazo en seco. En definitiva, EE.UU. ha conseguido un mayor vigor económico mediante políticas monetaria y presupuestaria muy expansivas que pueden acabar pasando factura si Demócratas y Republicanos no pactan reformas equilibradas de las prestaciones.

La UE y la eurozona han optado por priorizar la austeridad, especialmente por la presión de Alemania y sus aliados del norte de Europa. A corto plazo los recortes han provocado estancamiento económico o recesión, malestar popular y una disminución del consumo. El Banco Central Europeo, por su parte, ha efectuado compras de bonos mucho más limitadas. La población en el sur de Europa está acusando esta travesía del desierto. Pero a medio plazo este sacrificio puede conllevar el restablecimiento de un crecimiento sostenible real que no dependa de estímulos excesivos y temporales. En EE.UU., en cambio, no se puede subestimar el poder de la facción del Tea Party en el partido Republicano. Perdió el pulso con Obama en relación al cierre del gobierno y la mayoría de los estadounidenses rechazó su actuación. Sufrió reveses en todas las elecciones celebradas el 5 de noviembre al alzarse demócratas o republicanos moderados con la victoria. Pero muchos de los 40-50 congresistas del Tea Party (sobre un total de 435 en la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos) temen más un desafío por parte de candidatos aún más radicales en las primarias en 2014 que de rivales moderados. Y cuentan con la capacidad de recaudación del senador Ted Cruz, convertido en estrella para aquellos estadounidenses obsesionados con reducir el tamaño del gobierno.

En Europa la austeridad debe compensarse con el cumplimiento de lo acordado en el Consejo Europeo de junio de 2013: un paquete de estímulo a corto plazo con fondos del presupuesto de la UE y los bonos proyecto del BEI para financiar programas de formación, eficiencia energética y sectores punta como la biomedicina, biotecnología, TIC, energías limpias y nanotecnología. Hay que exigir a Alemania que se ponga en marcha el paquete, que con los más de 100.000 millones de euros pactados aliviaría la dureza del ajuste y potenciaría los sectores de mayor valor añadido. Desafortunadamente, Obama deberá continuar gestionando el desgaste de los problemas de Obamacare. La intransigencia del Tea Party augura otra dura batalla en diciembre para conseguir una nueva prórroga presupuestaria e incremento del techo de deuda en febrero. Obama debería ofrecer a los Republicanos concesiones en reducción de gasto y reformas en los sistemas de prestaciones. Y la UE debe aplicar los estímulos fiscales no solamente para revitalizar la economía sino también porque es lo que se merecen los sectores más impactado por la crisis.

 

Alexandre Muns es profesor de la Escuela de Administración de Empresas (EAE)

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