Tribuna

Viva el ‘empredador’

Junio de 1996, Atlanta, Georgia, Estados Unidos. Paseando por la feria de entretenimiento digital E3 junto con uno de mis socios. A esas ferias se asistía por varias razones: ver las novedades, enterarse de las tendencias de la industria del videojuego y reunirse con fabricantes, marcas y colegas. Nuestra razón era la búsqueda y captura de marcas de accesorios para distribuir en España. Este afán implicaba muchos kilómetros de moqueta electrificada de estática, muchos puestos donde pararse, muchas entregas de tarjetas de visita. Algo más laborioso que una búsqueda en Google o Linkedin.

Estábamos ya al final del tercer día y se notaba el cansancio. En el fondo de un gran pasillo, a un lado o al otro. Hacia la salida y al hotel, fin de la feria, o una nueva ronda por el pabellón. Animándonos entre nosotros, decidimos dar una vuelta más. Nos topamos con el estand de una marca, Logic3, a la que llevábamos persiguiendo desde enero de ese año. Ya estaban representados en España por una de las grandes de la época. Al ser nosotros una distribuidora de cuatro gatos, literalmente cuatro socios fundadores, pocas esperanzas teníamos. Vemos a uno de los directores, de pie, con cara de cansado. ¿Atacamos o no atacamos? Todas esas decisiones, esos giros en la moqueta, esas pequeñas victorias sobre el cansancio y la pereza llevaron a una relación comercial de 17 años. Esta relación finalizó hace dos semanas con el cierre de Logic3.
Tras el fracaso de su último proyecto, los bancos ingleses con los que llevaban trabajando desde 1977 cortaron el grifo y forzaron su disolución. Menos mal que aquí los bancos no hacen esas cosas.

¿Qué pasa con esas empresas?, ¿por qué se empeñan en tener antigüedades medias de 20 años en las plantillas? ¿Por qué reinvierten sus beneficios en otros proyectos? ¿Quiénes son estos emprendedores permanentes, antiguos, pesados, fuera de onda con la realidad? Menos mal que el sistema financiero interpreta la voluntad del mercado, se transmuta en una mano muy visible y los cierra.

Lo que está en auge ahora no es el emprendedor, es el empredador. También el banco es una antigualla, lo que pita es el capital riesgo. La velocidad es otra, monta algo muy rápido, que funcione muy bien, aun con pérdidas, muy poco personal, a ser posible becarios, alquila todo lo que puedas y no compres nada. Cuando llegues a la masa crítica de clientes necesaria, zumba, raca, catapún, vende a uno de los grandes y a jubilarse a los 35 años en las Bermudas o en Perejil, depende de lo que hayas conseguido. La empresa como lotería. La empresa con el objetivo de no trabajar.

Ese es el modelo de empresa que se vende a los futuros y presentes emprendedores. Ese es el sueño que instalamos en el imaginario colectivo. Eso es lo que los futuros emprendedores visualizan en sus cabezas cuando sueñan en crear una empresa. Pero en el negocio del empredador no hay clase media empresarial, no hay pymes, solo empresas obreras y empresas ricas. Muchas empresas obreras y muy, muy pocas empresas ricas.

Se estudia el avance de la desigualdad en los países ricos, atendiendo a los individuos, pero no se atiende al mismo fenómeno en las empresas. Y está sucediendo. Cada vez hay una mayor desigualdad entre el tamaño y la riqueza de las empresas.

Al igual que con las personas, esto no ocurre porque los pobres ganen menos y los ricos más. Los pobres siempre han ganado lo mínimo y los ricos, lo máximo. El problema está en que desaparece la clase media y se carga la estadística. La oronda tripita de la campana de Gauss ya no está llena de pymes familiares o no, con muchos años o jóvenes, pero todas con esa mentalidad de permanencia en el tiempo, de seguir en los años malos, de la empresa en sí misma, como fin, no como medio.

Una gran empresa está dirigida por empleados, pendientes de lo que ocurre de puertas para dentro, lo que determina su futuro profesional en mayor medida que lo que ocurre de puertas para fuera, donde están los clientes. Las pocas excepciones, sea en Cupertino o en Arteixo, no son grandes empresas, son fenómenos que cambian el mundo. Las micropymes bastante tienen con llegar a final de mes, son las pymes con vocación de larga duración las que mantienen el tejido vivo y sano, esas pymes alemanas de las que tanto hablamos ahora, mientras nos cargamos las nuestras. Las visualizamos sin glamour, poligoneras y aburridas a los ojos de nuestra sociedad. Pues todos al garaje, a inventar el último gadget tecnológico y a dar el pelotazo. Muerte al emprendedor. Viva el empredador.

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