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Usted puede padecer alzhéimer y no saberlo

Usted puede padecer alzhéimer y no saberlo

Casi el 40% de los casos estásin diagnosticar. Los neurólogos piden un plan nacional

La enfermedad de Alzheimer no tiene únicamente el grave problema de que no tenga cura, sino que se le suma otro grave inconveniente: un diagnóstico comúnmente muy tardío (lo que acelera el deterioro de los pacientes).

En España existen unas 600.000 personas con alzhéimer, aunque entre un 30% y un 40% de los casos están sin diagnosticar, según la Sociedad Española de Neurología (SEN). Se estima que en los estadios más leves de la enfermedad solo hay un 5% de los pacientes que han sido reconocidos por un especialista.

“Existe una confusión en la sociedad con la demencia senil. Muchos enfermos no van a consulta porque su familia lo asocia a la edad. No es así. El envejecimiento no lleva asociada una pérdida de memoria que nos obliga a depender de otras personas”, explica Guillermo García Ribas, coordinador del grupo de estudios de conducta y demencias de la SEN.

Pero no solo son las familias las que tardan. “El sistema está acostumbrado a pensar que el abuelo pierde la cabeza. No se refleja en historiales clínicos y los propios médicos retrasan el diagnóstico. Existe un modelo en el que al mayor se le realizan menos pruebas ya que se vinculan las enfermedades a la edad”.

Los neurólogos abogan por rechazar el uso del concepto de demencia senil porque la edad, en sí misma, no es causa de patologías como el alzhéimer, aunque con el envejecimiento aumenta la probabilidad de padecerla.

Sobre este mal queda mucho por conocer. Se sabe que está causado por placas de la proteína beta-amiloide que se acumulan en el cerebro y atrofian poco a poco las neuronas. Pero no existe un conocimiento de por qué sucede ni existe tratamiento curativo, solo algunos fármacos que retrasan los síntomas durante unos meses o años.

Otro de los problemas con los que se encuentran los médicos de atención primaria es que tienen menos de 10 minutos para evaluar los efectos de la dolencia y menos de 30 minutos en el caso de los neurólogos. “Así es imposible valorar un deterioro cognitivo”, lamentaba el neurólogo Pablo Martínez-Lage la pasada semana en la presentación del Barómetro del cuidado del paciente con alzhéimer. La consecuencia es que al especialista “le llega bastante tarde el enfermo”.

Cuatro fármacos disponibles

Aunque un gran número de farmacéuticas están inmersas en una carrera por descubrir una cura, actualmente solo se prescriben tres fármacos inhibidores de la enzima colinesterasa.

Son Reminyl, de Janssen; Exelon, de Novartis, y Aricept, de Pfizer. Para las fases más avanzadas se usa Ebixal, de Lundbeck. Todos ellos ya cuentan con genéricos alternativos.

Según la SEN, esta demora puede llegar hasta tres años desde que comienza la enfermedad. Y cuanto más tiempo haya pasado, en peores condiciones llegan los enfermos a los fármacos que retrasan los síntomas.

Este diagnóstico precoz, además, “permite a una persona adoptar decisiones fundamentadas sobre sus necesidades de asistencia futura” o “para que la persona y su familia planifiquen los próximos años”, destaca el reciente informe El iceberg de la demencia, de Sanitas.

Este estudio señala que, por ejemplo, de las 375.000 personas de 75 años en España, 16.600 viven con alguna demencia y hasta 10.000 no habrían sido diagnosticadas. De ellas, casi 4.000 podrían ser diagnosticadas si se realizaran una prueba preventiva anualmente.

Por eso, desde la SEN reclaman un plan nacional de enfermedades neurodegenerativas, en el que ya se trabaja en Sanidad, que conciencie a todas las partes implicadas y ofrezca una mejor respuesta a pacientes y familiares.

Una discapacidad mal reconocida

Uno de los problemas con los que se encuentran los pacientes y sus familias es el reconocimiento de la discapacidad. “Primero por la multitud de ventanillas a las que hay que acudir: ayuntamientos o diputaciones, médicos, servicios sociales, comunidad autónoma...”, se queja Guillermo García Ribas, de la Sociedad Española de Neurología.

Además, existe un inconveniente adicional: “Desde que se reconoce la enfermedad como discapacidad hasta que llega la ayuda ha podido pasar un año, en el cual la enfermedad ha evolucionado y el paciente está mucho peor. Por ejemplo, se le otorga una ayuda de un cuidador de una hora cuando ya se es totalmente dependiente”.

Asimismo, “los recortes en dependencia están dificultando el acceso a residencias y centros de día”, denuncia. Y a los menores de 65 años se les suma otra barrera: dejan de trabajar y tienen que pagar alrededor de 100 euros al mes por los fármacos hasta que se les reconoce la incapacidad.

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