Tribuna

Peligro emergente

Hoy miércoles, los mercados mundiales tienen una cita obligada en el edificio Eccles en Washington, sede de la Reserva Federal. La expectación en torno a la reunión monetaria es máxima, millones de inversores, muchos de ellos procedentes de países emergentes, son conscientes de que su futuro económico depende del resultado de la misma.

Para entender el porqué, primero debemos hacer uso de la memoria. El estallido de la crisis residencial en Estados Unidos y su posterior contagio a Europa, provocó un frenazo en seco del crecimiento entre las economías avanzadas, sin llegar a afectar a la comunidad emergente. En 2008 las economías en vías de desarrollo crecieron un 6,1% frente al 0,1% de los países industrializados. Con la puesta en marcha de líneas de liquidez ilimitadas y poca confianza en una pronta recuperación, el flujo de capitales hacia países emergentes se disparó. La inversión directa en estos países se multiplicó por 2,5 veces respecto al periodo comprendido entre 1995 y 2006, al mismo tiempo que la inversión neta en cartera fue 20 veces superior, favoreciendo la salida en V de la crisis en 2009 y potenciando el decoupling. Cuando el presidente de Brasil, Lula da Silva, criticaba duramente las políticas monetarias implementadas por los bancos centrales desarrollados y prevenía frente a una guerra de divisas, seguramente también tendría en mente estas cifras, aunque se le olvidó mencionarlas.

Pero el mundo ha cambiado, los países desarrollados encabezados por Estados Unidos empiezan a ver la luz al final de túnel. Las políticas monetarias expansivas continuarán al menos durante todo 2014, sin embargo, la reducción de los riesgos financieros y las previsiones de una aceleración en la recuperación está atrayendo de nuevo capital hacia Occidente. Este movimiento se ha hecho mucho más evidente desde mayo, cuando el presidente de la Fed, Ben Bernanke, anunció su intención de empezar a reducir su programa de compra de deuda, un primer paso en su estrategia de salida.

Las repercusiones de este cambio en los flujos internacionales no se han hecho esperar. Los diferenciales de la deuda emergente respecto al Tesoro americano han aumentado cerca de un 1% y en el caso de países con elevados desequilibrios económicos, este incremento ha sido mucho más acusado. Las plazas bursátiles también son testigos de este comportamiento y mientras que los selectivos emergentes cotizan un 14% abajo en el año, los principales selectivos bursátiles estadounidenses replican el movimiento con signo positivo.

La fuerte corrección en el mercado de divisas por la salida de dinero puede ayudar a muchos países a corregir su déficit exterior, se mejora la competitividad y las exportaciones crecen, pero el problema es que en el corto plazo acelera aún más la salida. Los inversores internacionales valoran sus posiciones en su propia divisa, dólares o euros y una depreciación relativa les empobrece. Países como Brasil e India han sufrido depreciaciones en su divisa del 19% y 18%, respectivamente, desde mayo. A pesar de las grandes diferencias por países, podemos afirmar en términos generales que la crisis ha beneficiado el desarrollo, la deuda exterior de los países emergentes se ha visto reducida y sus reservas han aumentado. No obstante, los errores del pasado se repiten, no aprovecharon el ciclo expansivo para sanear las cuentas públicas, reducir la inflación y la bajada del precio de las materias primas desde principios del 2011, no ha hecho sino complicar la situación y deteriorar su saldo comercial.

Importantes potencias emergentes como Brasil, Turquía, India o Indonesia, las cuales cumplen perfectamente con esta radiografía de desequilibrios, están presentando enormes dificultades para financiar su déficit exterior, se han visto obligadas a aumentar sus tipos oficiales y articular líneas swap de liquidez en dólares u otras divisas para evitar impagos. En la medida que los tipos de interés suben, la financiación se encarece, la inversión cae y el crecimiento se frena. Por otro lado, la elevada inflación, en muchos países incluso de dos dígitos, resta efecto a la depreciación del tipo de cambio, prolongando y agravando en problema inicial. Las reservas acumuladas son elevadas pero la fuga de capital y el fin del dinero barato no ha hecho sino empezar. La Reserva Federal hoy deberá dictar sentencia y en sus análisis no se tendrá en cuenta los problemas de financiación emergentes, la decisión se toma en Washington pero las repercusiones anticipan el fin de una etapa y, seguramente, el despertar de un sueño: el decoupling emergente.

Diego Triviño

Economista de Intermoney

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