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Impulso psicológico para Japón

El impulso olímpico para Japón será sobre todo psicológico, más que financiero. La victoria de Tokio en la carrera por albergar los Juegos de Verano de 2020 se sumará a los esfuerzos del primer ministro Shinzo Abe para restablecer la confianza del país. Pero las expectativas de que una ola de inversiones olímpicas saque a Japón de la deflación está tan fuera de lugar como los temores que esta desencadenará una crisis de deuda.

Cuando Tokio acogió sus primeros Juegos Olímpicos en 1964 y el evento marcó la transformación de Japón en una economía moderna y tecnológicamente avanzada. Si Abe saca al país de casi dos décadas de estancamiento económico, los Juegos de 2020 ofrecerán un escaparate para contar al mundo el renacimiento de Japón.

Sin embargo, cualquier gasto adicional será modesto. Tokio ha optado por un proyecto discreto, que reutiliza las muchas instalaciones existentes. El presupuesto de inversión propuesto es de 4.400 millones de dólares, y está cubierto por un fondo de reserva ya existente. El coste de 3.400 millones de dólares que tiene organizar el evento se financiará con la venta de entradas, merchandising y patrocinios.

Si Abe saca al país nipón de casi dos décadas de estancamiento, los Juegos serán un escaparate para contarlo

Es cierto que los presupuestos Olímpicos tienden a sufrir de hiperinflación –Londres gastó tres veces más de lo previsto inicialmente para los Juegos de 2012, y ser anfitrión en 2004 empeoró los problemas de deuda en Grecia–. Pero incluso un evento con un presupuesto sobredimensionado sería un error de redondeo para el gobierno japonés, que espera gastar 930.000 millones de dólares este año.

Tokio estimó el año pasado que los Juegos aportarían casi tres billones de yenes (30.000 millones dólares) a la economía y crearían 150.000 puestos de trabajo. Eso equivale a solo un 0,5% del PIB. Además, parte de la inversión se habría adelantado.

La victoria de la capital nipona ha dado un impulso a las acciones: en seis de los últimos siete casos, los mercados de valores nacionales aumentaron de media un 15,9% en los 200 días posteriores al anuncio de la decisión, según Nomura. Pero a largo plazo, un efecto de bienestar sobre el consumo es probablemente lo mejor que Japón puede esperar.

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