Tribuna

Incapacidad temporal e incapacidad permanente

España es el país de la UE con el mayor número de bajas laborales según el informe Adecco sobre absentismo presentado en 2012. El absentismo es superior en aquellos países en los que la cobertura por enfermedad es más generosa y es más alto en empresas con mayor número de trabajadores.

La coyuntura económica ha servido para reducir las altas cifras de absentismo. El temor del trabajador a la pérdida de su puesto de trabajo, y hasta probablemente una concienciación por parte de éstos de las dificultades de sus empresas, están dando como resultado la reducción de la duración de los procesos de incapacidad temporal.

De esta situación se podría interpretar que en todo proceso de incapacidad temporal, hay cierta posibilidad de elección por parte del trabajador sobre el momento en que se reincorpora, o también, que el trabajador está retornando a su puesto de trabajo antes de su curación real. Se ha producido una ‘depuración’ de los casos de incapacidad temporal que implica que los procesos que se producen actualmente son procesos más justificados desde un punto de vista médico.

La suma de todos estos factores está provocando una reducción en la duración de los procesos de incapacidad temporal y, consecuentemente, de los índices de absentismo por incapacidad temporal existentes antes de la crisis. Pero estos se pueden reducir aún más con un programa de detección de aquellos casos en que la incapacidad temporal está encubriendo situaciones reales de incapacidad permanente.

Nos encontramos frecuentemente con trabajadores que presentan frecuentes períodos de baja por incapacidad temporal de corta duración, o pocos períodos de larga duración. Más allá de observar este hecho como normal, hay que preguntarse cuál es la causa de esa recurrencia y/o de esa larga duración de los períodos. Períodos de baja superiores a 180 días en un mismo año, ¿son realmente bajas por incapacidad ‘temporal’, ó están encubriendo una incapacidad ‘permanente’ para desempeñar el puesto de trabajo?

Por otra parte, respecto de aquellas personas que causan baja y alta de forma frecuente como consecuencia de su patología, ¿son realmente aptos para su puesto de trabajo o la frecuencia de esas bajas les inhabilita para desarrollar su trabajo con normalidad?

Como expertos en la materia, entendemos que no se deben admitir estas situaciones como normales y que es necesario identificarlas y analizarlas.

Gracias a nuestra experiencia, hemos diseñado programas que permiten a nuestros clientes abordar la identificación de posibles casos de trabajadores que puedan estar en esta situación. La identificación de estos casos permite definir la mejor vía de actuación para resolver el problema y conseguir una reducción significativa de los índices de absentismo por incapacidad temporal en el seno de la empresa.

En unos casos, la solución pasará por definir una alternativa al tratamiento médico que está siguiendo el trabajador, diseñando una solución médico-quirúrgica y/o rehabilitadora adaptada a las circunstancias y dirigido a acortar el proceso de curación del trabajador y con ello, la anticipación de su recuperación y el regreso al puesto de trabajo. Es posible actuar en esta dirección cuando existe una voluntad clara de recuperar cuanto antes el estado de salud del trabajador, recuperación que, obviamente, provoca beneficios a ambas partes.

En otros casos, la patología del trabajador puede recomendar el inicio de un expediente de Incapacitación permanente que concluya con la salida del trabajador de la empresa y el acceso al reconocimiento de su condición de Incapacitado permanente. En este sentido es importante resaltar que no es preciso alargar ni agotar los períodos de Incapacidad temporal para abordar estos procesos cuando la patología del trabajador es claramente incapacitante de forma permanente. En multitud de ocasiones, éste es un proceso que se puede iniciar desde los momentos iniciales de la incapacidad.

Estos programas consiguen reducir los índices de absentismo en el seno de la empresa y también muestran la responsabilidad social de la misma con el trabajador enfermo. Este programa ayuda al trabajador a resolver un problema temporal o permanente, que le impide desempeñar con normalidad su vida laboral, y en muchas ocasiones, también su vida personal.

Nuestra experiencia es que este tipo de programas genera un altísimo nivel de satisfacción en el trabajador afectado, en sus representantes sindicales y, por supuesto, en la propia empresa.

 

Miguel Á. Martínez Plaza es director general de Gestolasa

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