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Cómo reducir el impacto económico del clima

Cómo reducir el impacto económico del clima

Un estudio realizado para el Gobierno dE Aragón en 2009 sobre turismo y cambio climático apuntaba que la nieve permanece en el Pirineo entre 52 y 62 días menos que en los años ochenta. Además, será cada vez más difícil que se pueda esquiar por debajo de los 1.800 metros de altitud, donde se encuentran la mayoría de estaciones en esta región. Los inversores, por el momento, han respondido con el desarrollo de nieve artificial y la apertura de sus estaciones a actividades durante todo el año, también en verano, pero aún no están del todo concienciados sobre la necesidad de adaptarse a un termómetro cada vez más incierto.

Como el esquí, otros sectores, como la agricultura, las renovables, la construcción o la aviación comercial, empiezan a prever el impacto del clima en sus actividades y buscan nuevos productos que minimicen el daño económico más allá de las pólizas de seguros tradicionales.

Las empresas gasísticas y eléctricas estadounidenses hace una década que recurren a la contratación de instrumentos financieros para cubrir el riesgo climático sobre sus actividades, un sector desconocido hasta ahora en España que poco a poco empieza a interesar a reaseguradoras y gestoras del riesgo clima. “Se trata de cubrir la incertidumbre sobre el negocio causada por eventos climáticos no catastróficos”, comenta Sergi Corbatera, socio fundador de la gestora Farenheit Risk International, la primera que ofrece este tipo de productos en España.

En este sector, “el comprador paga una prima que le otorga el derecho al cobro de una cantidad determinada si se dan unas condiciones meteorológicas concretas”, matiza. Es un paso más respecto a la póliza tradicional de seguros, diseñada para cubrir daños solo en caso de pérdidas económicas previamente confirmadas por un perito. En este tipo de productos desaparece esa premisa.

En el caso de un parque eólico, por ejemplo, ningún seguro cubre hoy la falta de viento suficiente para obtener energía eléctrica. Con este tipo de productos, se calcula la caída de viento a partir de la que se pierde rentabilidad. De alcanzar esa cota, las reaseguradoras pagan. “A los promotores de parques les interesa porque reduce el riesgo de cara a los bancos”, explican desde Farenheit. La compañía está negociando la gestión financiera del riesgo para un parque eólico mediano, de entre 20 y 30 megavatios de potencia instalada.

Hasta ahora, las energéticas han hecho de avanzadilla en este sector que arrancó a finales de los noventa en Estados Unidos para limar el impacto de inviernos muy cálidos o veranos más frescos en sus cuentas de resultados por la menor demanda energética. La quebrada Enron, de hecho, fue una de las primeras en recurrir a este tipo de productos. Aquello dañó este mercado, que ha empezado a resurgir en los últimos años, abriéndose a muchos otros sectores por la creciente incertidumbre meteorológica ligada al cambio climático.

“El debate sobre el cambio climático es bien real en la cabeza de la gente, que mira hacia este tipo de soluciones. Los productos financieros no pueden prevenirlo, pero sí ayudar a las empresas a adaptarse”, afirma Jens Boeing, responsable de la división de derivados del clima de la compañía EDF Trading, con sede en Londres.

Hasta el momento, tan solo las grandes compañías podían permitirse recurrir a estos productos, pero ahora “empresas de cualquier dimensión se interesan por el riesgo clima”, añade Boeing, también presidente de la Asociación de Gestión de Riesgo Clima en la que están representadas 50 empresas del sector.

Pasos para reducir el riesgo

El primer paso para contratar un producto financiero que reduzca el riesgo climático es medir el impacto del clima en los resultados de la compañía. Las empresas proveedoras suelen apoyarse en las bases de datos de las agencias estatales de meteorología para cuantificar el daño real respecto a datos climáticos históricos.
A partir de ahí, la compañía establece una serie de índices en función del sector de actividad del cliente para establecer un baremo a partir del cual se abonará una compensación económica en caso de que se hayan cumplido las previsiones, en una especie de apuesta sobre el tiempo que hará y su impacto.

El ramo de la construcción es uno de los más importantes, de la mano de países como Holanda, donde la ley fija una temperatura mínima a partir de la cual se prohíbe trabajar a los empleados a la intemperie. Algunas aerolíneas de vuelos comerciales también miran hacia este sector, interesadas en compensar el impacto de fuertes alteraciones del clima, como las nevadas que paralizaron aeropuertos de media Europa el invierno de 2010.

“Ejemplos de esta dependencia climática son la producción de energía hidroeléctrica, afectada por las precipitaciones; la eólica, que depende del viento; o la fotovoltaica, condicionada por las horas de sol”, suscriben los socios de Farenheit Risk International. La suya es una actividad por la que también se interesan las reaseguradoras, que son las que al final fijan el precio de las compensaciones y asumen el riesgo.

La entrada de las renovables ha hecho crecer este sector, en el que “el número de operadores ha crecido mucho y los productos disponibles han demostrado ser un instrumento de riesgo muy relevante para empresas de múltiples sectores en todo el mundo”, asegura Boeing.

El cobro de las compensaciones económicas es otra ventaja de este tipo de productos, dicen sus protagonistas. Las pólizas tradicionales solo conceden una compensación económica en caso de pérdidas y el pago puede retrasarse varios meses. Sin embargo, este tipo de productos financieros abonan la compensación económica acordada en un plazo medio de tres días de media.

Raúl Revuelta: “El esquí es un sector maduro y la nieve, escasa”

Cómo reducir el impacto económico del clima

El modelo de turismo de nieve está cambiando a pasos acelerados por la creciente incertidumbre del clima, según Raúl Revuelta, experto en turismo sostenible. Cada vez hay menos precipitaciones y los estudios apuntan que será difícil mantener la viabilidad de las estaciones por debajo de los 1.800 metros de altitud. La mayoría de las pistas españolas se encuentran por debajo de esa cota. d

Pregunta. ¿El sector del esquí es hoy más vulnerable a la incertidumbre del clima?
Respuesta. Hoy es un sector que busca reducir más el riesgo al ser una actividad cada vez más intensiva en capital. Hoy el principal riesgo es efectivamente el clima. Las cosas han cambiado mucho en los últimos años. Desde la explosión del esquí como forma de ocio en los sesenta, la oferta ha crecido mucho, hay más competencia, y la demanda se ha estancado; hoy es un sector maduro y las precipitaciones de nieve, más inciertas.
P. En España, algunos estudios apuntan que la nieve ya escasea a determinada altitud. ¿Están preparadas las estaciones de esquí?
R. En los últimos años la incertidumbre del clima es evidente, aunque este año se han batido todos los récords de precipitaciones. A principios del mes de mayo todavía había gente entrenando en Sierra Nevada. Pero el riesgo es más inmediato.
P. ¿Cómo están afrontando las empresas ese mayor riesgo?
R. El uso de la nieve artificial es una vía. Hoy la tecnología permite reducir ese riesgo. En los ochenta era algo impensable. Pero es una solución por el momento muy cara, aunque útil porque ya sabemos que se puede producir nieve con independencia de la temperatura y humedad.
La otra opción es pasiva, es decir, contratar seguros por los que se establecen ciertos parámetros a partir de los cuales la empresa recibe una indemnización. Es un paso más allá de las pólizas tradicionales. En estos casos no hace falta que se haya producido una catástrofe, ni comprobar daños. Las estaciones buscarán cada vez más este tipo de productos, pero por ahora es completamente nuevo, ha llegado al mercado recientemente.
P. ¿Será el riesgo climático cada vez mayor?
R. Toda nuestra actividad económica está influida por el clima. En este caso, el riesgo será cada vez mayor porque se trata de un sector muy intensivo en capital. Hay más competencia, los clientes son más conocedores y exigen más servicios. El riesgo será cada vez mayor. La clave será una buena gestión.
P. ¿Podrán vivir las estaciones solo del invierno?
R. Hasta ahora es una actividad muy estacional. Antes era posible rentabilizar una infraestructura así abriendo cien días al año. Hoy es impensable. En el futuro habrá que ofrecer actividades todo el año.

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