Innovación

Un 'R2D2' que sabe si un parque eólico es rentable

Científicos del Instituto de Investigación en Energía Eólica de Cataluña alumbran un invento que mide la fuerza del viento marino

Vista de la boya de medición Eolos, frente a la costa de Badalona.
Vista de la boya de medición Eolos, frente a la costa de Badalona.

"Ningún banco va a financiar un proyecto sin garantías”, sentencia Antoni Martínez, director del Instituto de Investigación de Energía de Cataluña (IREC). Esta es la principal razón que ha impulsado a este organismo, a la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y a un consorcio de empresas a crear un invento que reduzca al mínimo posible el riesgo financiero de un parque eólico sobre el mar antes de levantarlo.

“El primer paso es estimar que habrá viento suficiente para generar energía y que el parque resultará rentable”, matiza Daniel González, subdirector del Laboratorio de Ingeniería Marítima de la UPC. Hasta ahora, ese cálculo se realizaba instalando torres de hasta 80 metros de altura equipadas con un anemómetro (herramienta que mide la velocidad del viento). De esa forma, se obtiene información precisa de cuánta energía podrá conseguirse una vez instalados los aerogeneradores.

El problema es que cada una de esas torres roza los diez millones de euros, una cifra que, en plena tormenta económica y normativa para las renovables, es inasumible en España.

El norte de Europa lleva años produciendo energía eléctrica con molinos instalados sobre el mar, pero el Mediterráneo aún duda. España tiene sobre el papel un plan intacto desde 2009 para construir parques eólicos marinos en Cataluña, Galicia, Murcia, País Vasco, Asturias, Valencia y Andalucía, pero está parado. El único movimiento hacia el desarrollo del sector en la costa española ha sido del IREC, avalado por la Generalitat, para construir cuatro aerogeneradores en la localidad de l’Atmella, frente a las costas de Tarragona.

De la intensidad del viento depende la rentabilidad de un parque eólico

El proyecto fue aprobado en noviembre de 2011 como planta de ensayo no comercial para que las compañías probasen las máquinas a escasos kilómetros de la costa. Pero a medio camino se cruzó la moratoria del Gobierno a las primas que recibe la eólica, en vigor desde enero de este año. El rechazo del sector turístico hizo el resto, y el proyecto se ha quedado sin calendario para ver la luz.

Así que la respuesta del IREC ha sido alumbrar un invento de nombre Neptune, una boya equipada con tecnología que mide el oleaje, las corrientes y la velocidad del viento. Instrumento que dé a los bancos garantías suficientes sobre la rentabilidad de los parques eólicos marinos, mucho más barata que una torre de medición tradicional.

La pequeña revolución de este dispositivo, “como un R2D2”, según González –en referencia al robot de la película La guerra de las galaxias–, es que compensa el movimiento de las olas, haciendo que sus datos sean igual de precisos que si reposara sobre el suelo. A esto se suma otra ventaja: cuesta un millón de euros frente a los casi diez de un mástil de medición convencional. “Aún no existen este tipo de plataformas flotantes en mar abierto, y valdrá para cualquier emplazamiento marino”, comenta Daniel González.

El invento, que se adentra 250 metros en el mar, empezó a enviar señales la semana pasada desde el puente de Petroli, en Badalona. Estará dos meses en el agua para después instalarse en l’Atmella, donde permanecerá un año, según los planes del consorcio en el que también participan Gas Natural Fenosa, la spin-off KIC InnoEnergy, la Universidad de Stuttgart, el Ciemat y otras compañías.

La idea es que el proyecto se convierta en un producto comercializable en el norte de Europa y en los países que poco a poco despiertan a las ventajas de la eólica offshore, como se conoce en la jerga del sector a la eólica marina, al ser “una fuente de viento impresionante, mucho más constante que en tierra porque es más fácil capturarlo”, resalta González. 

“Hoy existen diferentes modelos de predicción, aceptables para zonas marítimas que no presentan fenómenos meteorológicos ni oceanográficos complejos, como en el mar del Norte, pero estos aparatos no sirven para el Mediterráneo, debido a su mayor complejidad”, añade.

Ante la falta de negocio en España, Neptune aspira a ganar mercado fuera, sobre todo en aquellos países que opten por levantar parques eólicos marinos a partir de aerogeneradores flotantes, como será el caso en España, donde la plataforma continental cae de golpe a varios metros de profundidad a poca distancia del litoral, haciendo imposible anclar las torres que sujetan los molinos al lecho marino. Por el momento solo existen prototipos de esta clase de máquinas en Noruega y Portugal, aunque son experimentales.

Luz verde con aire de 10 metros por segundo

La moratoria a los incentivos económicos que hasta ahora recibía la energía eólica ha dejado sin responder una cuestión fundamental para dar luz verde a un parque eólico marino: conocer la tarifa económica por la que se vende la energía eléctrica procedente de los molinos instalados sobre el mar hasta la subestación eléctrica, y de ahí a los hogares.
De ese acuerdo económico sobre el precio dependerá la rentabilidad de un parque, a partir de la velocidad del viento y de la capacidad de los aerogeneradores para transformarla en electricidad.
España aún no tiene tarifa que regule la eólica marina, pero en el IREC calculan que un proyecto de este tipo puede ser rentable a partir de vientos con una velocidad de entre nueve y diez metros por segundo.

Las cifras

2011 fue el año de lanzamiento del parque eólico experimental en l’Atmella, en Tarragona, que ahora está parado.

10 millones de euros puede llegar a costar una torre de medición de viento.

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