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Columna
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Nueva misión imposible en Italia

Dos meses después de las elecciones en Italia, parece que los partidos están más cerca de enterrar el hacha de guerra. La misión: hacer limpieza en la política y ayudar a la economía. Todos los partidos juran estar de acuerdo en que debe haber cambios importantes, pero el primer desafío del nuevo gobierno será llegar a un consenso sobre lo que realmente hace falta para proceder.

El presidente Giorgio Napolitano ha aceptado presidir un segundo mandato a cambio de una coalición de los dos principales partidos. Enrico Letta, miembro del Partido Democrático de centro-izquierda (PD), se perfila como primer ministro de ese nuevo gobierno que tendrá dos prioridades.

Un gobierno formado a toda prisa puede carecer del respaldo necesario para llevar a cabo reformas de raíz

La primera, reactivar la estancada economía italiana, que se enfrenta a su segundo año de recesión. Pero los dos partidos no se ponen de acuerdo sobre la política en esta materia y un gobierno formado a toda prisa para evitar unas nuevas elecciones puede carecer del respaldo necesario para llevar a cabo reformas de raíz. Lo más probable es que intente ayudar a las pequeñas empresas, y solicitar a la Comisión Europea una revisión de su objetivo de déficit, lo que implicaría más reformas como contrapartida.

La segunda tarea es devolver la credibilidad al sistema parlamentario de Italia, y evitar que se repita lo sucedido en las últimas elecciones, en que el movimiento de protesta de 5 estrellas consiguió un gran número de votos. Para ello habrá que racionalizar el parlamento, conformar una ley electoral más democrática, y reformar el Senado para aprobar leyes y elegir con más facilidad a los gobiernos.

Ponerse de acuerdo sobre la reforma política antes de las próxima elecciones no será fácil. El partido de centro-izquierda está dividido, y podría desintegrarse por la presión de tener que colaborar con Berlusconi. Por su pate, el líder del Movimiento 5 Estrellas, Beppe Grillo, atacará cualquier tímida reforma, sobre todo las favorables al imperio mediático de Berlusconi o a sus problemas judiciales.

La misión del primer ministro saliente, Mario Monti, era salvar a Italia de los mercados. La de Letta será salvar a Italia de sus políticos. Por el momento, el país sigue en el limbo.

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