Dick Costolo, director ejecutivo de Twitter

A vista de pájaro

De mano de su director ejecutivo, Twitter abre una filial en España, controlada desde Irlanda, donde aspira a comerse su parte del pastel publicitario digital, que movió 886 millones de euros en 2012.

Dick Costolo, director ejecutivo de Twitter.
Dick Costolo, director ejecutivo de Twitter.

Twitter pone fin a su vuelo en círculos y ya se abalanza en picado sobre el mercado digital español. La popular red social estadounidense crea la filial Twitter Spain, con sede social en Madrid pero controlada desde Irlanda, para atraer a su plataforma a los anunciantes hispanos, en un negocio, el de la publicidad digital, que movió 886 millones de euros en 2012. La empresa inició sus operaciones el pasado 27 de febrero y su objeto social se centrará en actividades de marketing.

Y, a vista de pájaro, desde la cúspide de la monumental compañía, que cuenta con más de 288 millones de usuarios activos en todo el mundo, observa todo Dick Costolo (EE UU, 1963), que desde octubre de 2010, cuando sustituyó al cofundador de la compañía Evan Williams, es el responsable de la monetización y las operaciones comerciales diarias de la multinacional.

A esa altitud no es del todo imposible codearse hasta con el presidente de EE UU, Barack Obama, que en mayo de 2011 integró al principal ejecutivo del microblog del pollito azul en el Comité Asesor de Seguridad Nacional para las Telecomunicaciones. Obama consideraba que el “gran talento” y experiencia de Costolo eran claves para la seguridad nacional. Y para su continuidad en el cargo, ya que uno de los grandes triunfos de la primera campaña del presidente estadounidense que se enfrentaba a su reelección fue su gran promoción a través de las redes sociales. Dick Costolo es una de las figuras más relevantes de un Silicon Valley que Obama quiere seguir viendo desde su ventana de la Casa Blanca. En consecuencia, en enero de 2012, en medio de las protestas por la intención del Gobierno de Estados Unidos de aprobar la denominada Ley SOPA contra la piratería en internet, el CEO de Twitter se opuso al cierre de cualquier compañía como medida de rechazo ante la citada norma. “Es una tontería cerrar una empresa global por una ley de carácter nacional”, escribió el mandamás de la popular red social el mismo día en que Wikipedia confirmó que llevaría a cabo un apagón de su edición en inglés para oponerse a la aprobación de la ley.

Pero la vida de Costolo no ha sido siempre de tan altos vuelos. Él lo que quería era ser un payaso. Una vez graduado en 1985 en Ciencias de la Computación, llegó a rechazar ofertas de empresas tecnológicas para mudarse a Chicago y trabajar en improvisación cómica, una vocación que adquirió durante su segundo año en la Universidad de Míchigan, cuando empezó a asistir a clases de teatro para completar los requerimientos de su graduación universitaria. Durante la mayoría de esos años noventa en Chicago, Costolo se afanó en fundar dos compañías de comunicación digital: SpyOnIt, una web de servicios de monitorización y control, y Burning Door Networked Media, una consultora de diseño y desarrollo de páginas web, si bien su pasión seguía viva al participar en multitud de producciones con el aclamado Annoyance Theater. Google fue la que se encargó de matarla, con la millonaria compra en 2007 de FeedBurner, la puntocom que cofundó en 2004.

El resto de su historia ha sido una constante ascensión a las alturas. Pasó a ser empleado en diferentes departamentos del coloso buscador, que dejó en julio de 2009 para, en septiembre de ese mismo año, pasar a ejercer como director de operaciones de Twitter, puesto que suele catapultar a los ejecutivos a lo más alto.

Ahora en España, el segundo país de Europa con mayor número de usuarios activos en la red social, solo superado por Reino Unido, además de rentabilizar al máximo los más de 5,7 millones de visitantes únicos, deberá hacer frente al creciente malestar de algunos políticos y famosos que ya han abandonado la red social por insultos o amenazas, aunque por lo visto en casos anteriores ya se intuye que su reacción no llegará a los 140 caracteres: “Pío, pío, que yo no he sido”.

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