Editorial

Con la competencia no se juega

Bruselas dio ayer un golpe sobre la mesa en materia de libre competencia al imponer a Microsoft una multa de 561 millones de euros por desacato. El motivo es que el gigante fundado por Bill Gates ha incumplido durante 14 largos meses su compromiso de ofrecer a los usuarios del sistema operativo Windows la alternativa de poder acceder, a través de un menú, a navegadores distintos al Explorer. La multa ahora impuesta a la compañía es el corolario de la tenaz lucha de la Comisión Europea para doblegar al gigante de Richmond. Una batalla que comenzó en 2004 con la apertura de una investigación por posición dominante, continuó en 2008 con la imposición de una sanción diaria por desacato y acaba de culminar con la primera multa dictada a una compañía por incumplir sus propios compromisos.

Fue precisamente Microsoft quien ofreció a Bruselas la posibilidad de abrir su sistema operativo a otros navegadores. La compañía intentaba así mitigar las suspicacias de la Dirección General de Competencia hacia el gigante informático y su capacidad de utilizar la penetración masiva de Windows para hacerse completamente con el mercado. En virtud de ese pacto, Microsoft adquirió una obligación legal que ha eludido durante 14 meses.

La multa impuesta por la Comisión Europea se encuadra no solo en el marco de esa sanción por incumplimiento de compromisos adquiridos, sino también en el legítimo y más amplio deber de Bruselas de defender la libre competencia en el mercado europeo. La sanción sobre Microsoft, que constituye un 1% de la facturación de la compañía, constituye un mensaje al gigante informático y, con él, a todo el mercado sobre la firmeza de las autoridades europeas. Más allá de ese primer toque de atención, Bruselas ha querido lanzar también una advertencia, aunque sin hacer mención expresa de a quién está dirigida, que apunta directamente a Google, con quien el departamento que dirige Joaquín Almunia mantiene negociaciones para alcanzar un acuerdo similar al cerrado con Microsoft.

“Espero que esta multa sirva para que las empresas se lo piensen dos veces antes de violar sus obligaciones”, señalaba ayer Almunia. Un aviso a navegantes muy claro y oportuno, pero que ha quedado deslucido tras haberse conocido que los funcionarios de la Dirección General de Competencia encargaron al mismo Microsoft la tarea de supervisarse a sí mismo en el cumplimiento de sus obligaciones. Pese a que Almunia ha asegurado haber adoptado garantías para que no vuelva a repetirse un error semejante, sería conveniente que la dureza de Bruselas en el ejercicio de su poder sancionador fuese acompañada de idéntico celo al ejercer su potestad supervisora.

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