Editorial

El primer paso hacia la unión bancaria

El acuerdo político alcanzado en Bruselas para poner en marcha la supervisión bancaria única en la zona euro supone un antes y un después en el proceso de fortalecimiento de la gobernanza europea. Contra todo pronóstico, dado el reciente historial de desencuentros y divergencias existentes entre los socios de la moneda única, Europa ha sido capaz de tomar una decisión política que constituye una señal inequívoca de la irreversibilidad del proyecto del euro. La aprobación del Mecanismo æscaron;nico de Supervisión (MUS), junto a los futuros proyectos de un fondo de garantía de depósitos y otro de reestructuración y resolución bancaria, conforman el mapa de la unión bancaria europea. Un proyecto que parecía muy difícil de gestar en el actual escenario continental, dividido por los devastadores efectos de la crisis y enfrentado por las distintas concepciones de lo que debe constituir el futuro del euro.

El acuerdo alcanzado en Bruselas esta semana coloca bajo el control del BCE una parte muy importante del sistema financiero que, en el caso de España, incluye prácticamente el 95% de las entidades. Todos los bancos que superen los 30.000 millones en activos pasarán a ser controlados por el nuevo supervisor único, mientras que las entidades de menor tamaño quedarán bajo la lupa de los organismos nacionales. En las negociaciones que han desembocado en el acuerdo político, España y otros países como Francia han defendido con firmeza que el BCE ejerciese el control sobre todos los bancos de la zona del euro. Pero, una vez más, al otro lado de la mesa estaba Berlín, interesado en que el MUS supervise únicamente las entidades de carácter sistémico, de modo que sus cajas regionales queden bajo la tutela del Bundesbank. La solución alcanzada atribuye al BCE el control directo de unos 200 bancos del total de 6.000 entidades que existen en la eurozona.

La adopción del acuerdo entre los Veintisiete constituye una noticia especialmente beneficiosa para España, entre otras razones, por el mensaje de confianza que supone para los mercados financieros. Pese a ello, quedan incógnitas por despejar; por ejemplo, la que se refiere a si la decisión llegará a tiempo de posibilitar la recapitalización directa de la banca española. Otra de las dudas candentes apunta a cómo recibirá el mercado -en términos de confianza- la fragmentación de la supervisión, con entidades bajo control europeo y otras bajo control nacional. En cualquier caso, la gran asignatura pendiente es la batalla por el reparto de poder, en la que España se debe asegurar un puesto permanente en el supervisor único. No en vano, es uno de los socios europeos con mayor número de bancos afectado por el nuevo modelo.