Tribuna

¿Qué queda por hacer?

El BCE aún no ha comprado deuda pública al amparo del programa OMTS y el mensaje en noviembre volvía a ser el mismo: las compras acarrean condiciones y la ayuda debe ser solicitada. En Frankfurt no quieren que se les acuse de financiar a los estados ni, en general, aumentar su exposición, como demuestra que la segunda versión del programa de compra de cédulas sólo atesore 16.414 millones ¤ cuando debería haber alcanzado 40.000 millones ¤ en octubre.

Los actos muestran que nuestro banco central no desea incrementar su balance y la mayor calma en los mercados juega a su favor, aunque ésta se debe a que los inversores creen que hará un uso contundente del programa OMTs, de ser necesario. Pero la realidad es que la puesta en marcha del mismo no será fácil ya que más allá de la petición formal de un país, requiere la activación previa del ESM y ésta implica una costosa negociación como nos recuerda el caso español. España solicitaba apoyo para sanear el sector financiero en junio y, a día de hoy, aún no se ha recibido cantidad alguna.

Luego, contamos con las herramientas para evitar escenarios de fractura y máxima tensión en el euro pero éstas no son ágiles y la tensión volverá a ir por delante. Asimismo, su activación, como bien señalaba Draghi, no garantiza que las primas de riesgo alcancen niveles determinados. De forma que el BCE atesora un exceso de confianza respecto a los resultados de sus acciones sobre los mercados y la duración de cierta tranquilidad en los mismos.

A corto plazo no habrá compras de deuda soberana y tampoco anuncios sobre su posición en deuda griega. Es un paso adelante que se reconozcan avances en los países que atesoraban desequilibrios y, especialmente, en Grecia. Un gesto de buena voluntad que debe ser correspondido por los políticos en todos sus ámbitos. Primero, los griegos aprobando los austeros presupuestos de 2013 este fin de semana, segundo, el Ecofin acordando el lunes un plan sobre Grecia. Sin ello, el BCE ni se planteará renunciar a los beneficios, total o parcialmente, generados por su cartera de deuda griega, acción que sortea el filtro del concepto de "financiación monetaria". Así, la pregunta es qué nuevos pasos sí puede dar el BCE una vez que sabemos la intransigente subordinación de sus acciones en el campo de la deuda al cumplimiento de condiciones.

El primero, garantizar durante todo 2013 la liquidez en el sistema, es decir, prolongar el actual formato de total adjudicación de la demanda a tipo fijo en sus operaciones de mercado abierto y que finaliza el 15 de enero de 2013. Una decisión que seguramente se producirá en la reunión de diciembre.

Además, a principios del próximo año, debemos esperar una última bajada de tipos hasta situarlos en el 0.50%. En noviembre, Draghi señalaba que se han discutido todos los instrumentos e indicaba que "están listos para actuar con los instrumentos de la política monetaria si es necesario", al tiempo que se incidía en la idea de la debilidad de la economía. El deterioro de la actividad en el conjunto de la Eurozona, también en Alemania, es una realidad. Las órdenes en la industria alemana en septiembre caían un 4.7% a. y su producción un -1.2% a., al tiempo que el número de empleados en el país descendía en 15.000 personas también en septiembre, mostrando un futuro a la baja las encuestas de confianza. De forma que el crecimiento daría la excusa perfecta para realizar una última rebaja de 25 puntos básicos.

Sin embargo, esta decisión en la práctica tendría escasas repercusiones sobre la actividad ante los bajos niveles de los tipos en muchos países europeos y los mínimos del Euribor, estando la clave en países como España en unos diferenciales que no minorarían por el recorte. Así, el principal beneficiado sería la banca que ya ha disfrutado de una rebaja del ratio de reservas del 2% al 1% y ahora vería caer el coste de la financiación tomada del BCE en un 0.25% y ésta supera el billón de euros, si bien debería disminuir ante la devolución de parte de lo tomado a tres años. En definitiva, en el Consejo del BCE ya han puesto sus condiciones y no cederán en el frente de la deuda soberana pero no pueden permitirse el lujo del inmovilismo y actuarán en clave bancaria, también en lo referente al "indiscutible" mantenimiento de la facilidad de depósito en 0%.

Francisco Vidal es Economista de Intermoney