El dinero público no frena los riesgos

¿Curará el rescate las malas prácticas de los bancos? El BIS dice que no

Ni el mal trago de pedir auxilio al Estado ni el mayor control que eso debería implicar sirven de nada. La banca no escarmienta, según un informe del BIS.

Fachada de un banco
Fachada de un banco

La enfermedad está muy extendida. Y el remedio solo ha curado los síntomas, no las causas del mal. Los grandes países del mundo inyectaron 400.000 millones de euros de fondos públicos a sus bancos entre 2008 y 2010 para salvar el sistema financiero del colapso y en un intento de restaurar la confianza. Los efectos de esta inyección se conocerán a largo plazo, pero, por ahora, lo que no se ha conseguido es que las entidades rescatadas controlen sus riesgos.

Las cifras y el análisis forman parte del último informe del Banco de Pagos Internacionales (el BIS, por sus siglas en inglés). El banco central de los bancos centrales ha estudiado las prácticas de los bancos rescatados de 14 países (los que forman el G10 más España, Suiza, Australia y Austria) entre octubre de 2008 y septiembre de 2010. ¿Su conclusión? El nivel de riesgo asumido por ellos en los préstamos era superior al de las entidades sanas antes de la crisis y siguió siéndolo después.

En el fondo puede ser normal que los bancos rescatados recurrieran a malas prácticas en el pasado. Al fin y al cabo, tuvieron que ser rescatados, así que algo debieron hacer mal. El BIS considera más llamativo que no corrigieran después su comportamiento.

La institución analiza los préstamos sindicados y utiliza tres parámetros para determinar el nivel de riesgos en los bancos: el mayor número de préstamos con baja garantía sobre el volumen de crédito sindicado total, un diferencial más alto con respecto al líbor (el euríbor británico, el tipo al que los bancos se prestan entre ellos) en los nuevos préstamos y un mayor plazo de vencimiento. Además, los destinatarios de los préstamos sindicados de los bancos que finalmente fueron rescatados mostraron una tendencia sustancialmente mayor que el resto a que sus rating de solvencia fueran recortados por las agencias de calificación.

El BIS estudió primero el comportamiento de los bancos rescatados antes del diluvio financiero que provocó la quiebra de Lehman Brothers. "Los resultados [con los tres parámetros analizados] sugieren que los bancos rescatados pueden haber tenido una actitud más relajada ante el riesgo antes de la crisis", señala el informe. Para estar más seguro, el BIS incluyó un análisis adicional sobre el acierto en el precio del préstamo. ¿Qué resultado arrojó? Las entidades rescatadas tendieron a equivocarse y a cobrar por los préstamos una cantidad inferior a la que los riesgos aconsejaban.

Con ese conocimiento, el BIS pasó a investigar los riesgos de los préstamos nuevos que los bancos rescatados concedieron durante la crisis, cuando ya tenían dinero público en sus venas. "No redujeron el riesgo de sus nuevos préstamos sindicados en comparación con los bancos sanos", es la primera conclusión del BIS. "Al mismo tiempo, los bancos rescatados elevaron el riesgo de sus nuevos préstamos. De hecho, nuestros resultados sugieren que el riesgo relativo de sus préstamos aumentó", es la segunda. Y otra vez el mismo análisis final: "Estos resultados apuntan a una actitud más relajada de bancos los rescatados hacia el riesgo", sentencia el BIS.

Todos los parámetros que señalan peligro crecieron en los bancos rescatados: los préstamos nuevos con baja garantía eran mayores que los de las entidades sanas, el diferencial más alto y el vencimiento más lejano. Es decir, exactamente igual que antes de la crisis. Puede que los riesgos se redujeran en todos los frentes porque la tormenta financiera obligó a ello, pero en un grupo se hizo en mucha menor medida que en el otro.

El BIS solo pone un pero a su propio informe: investiga exclusivamente los créditos sindicados. Pero la organización considera que los datos que se pueden extraer de ellos suponen un buen indicador. Y la conclusión que arroja este indicador es inquietante, sobre todo cuando algunos países (con España a la cabeza) se preparan para una segunda ronda de nacionalizaciones y salvamentos con fondos públicos. Al final, el dinero del contribuyente no parece estar mejorando la salud de la banca. Al revés, la garantía implícita que conlleva el rescate está distorsionando los incentivos de la banca para controlar sus riesgos.