Manual del políglota urgente

En los dos últimos años, los españoles se han lanzado a aprender inglés, alemán o chino con desesperación. La angustia procede de una tasa de paro de más del 24% y de un desempleo juvenil que supera en algunas regiones el 50%. Ahí habitan las raíces de la urgencia. Convertidos los idiomas, en especial el inglés y el alemán, en un requisito indispensable para encontrar empleo dentro y fuera del territorio, urge romper estereotipos y darnos cuenta de que "España lleva tiempo haciendo una apuesta muy fuerte por el bilingüismo", reflexiona Rod Pryde, director del British Council en España.

Este esfuerzo lo reconoce la Unión Europea en el último Eurobarómetro que analiza a nuestros conciudadanos y su relación con los idiomas. El 94% de los españoles entrevistados cree que los europeos al menos deberían dominar dos idiomas, además de su lengua nativa. Eso sí, en nuestro debe, apuntar que todavía preferimos las películas dobladas a las subtituladas (24%). Parece que cala la idea del cineasta José Luis Garci cuando decía aquello de que al cine no se iba a leer. Es una lástima, ya que "así no se consigue una verdadera inmersión lingüística al salir de clase de los chicos, que es una de las principales carencias de nuestro modelo educativo", señala Ana Eva Santos, profesora de inglés en el colegio Pío XII de Valencia. Un camino que sí se recorre desde hace años, por ejemplo, en Portugal, con excelentes resultados para el bilingüismo.

Pero no resulta sencillo explicar por qué un pueblo es más o menos proclive a aprender lenguas. En el caso del inglés, que es el idioma que más rápidamente se ha extendido en la historia de la humanidad, y que hoy hablan una de cada cuatro personas en el mundo, o sea, unos 1.750 millones, su auge tiene una explicación geopolítica. Fue la lengua ganadora de la Segunda Guerra Mundial y con la que Estados Unidos se convirtió en una potencia planetaria económica.

Sin dominar dos lenguas es muy difícil encontrar un trabajo cualificado

el doblaje de las películas ralentiza el aprendizaje en España

Transcurridas las décadas, el inglés se ha transformado en la lengua franca de nuestros días y en el idioma que hablan las empresas. Tsedal Neeley, profesor en la Harvard Business School, va más allá y augura problemas a aquellas compañías que no hablen inglés, aunque estén radicadas fuera de una zona anglófona. Airbus, Daimler-Chrysler, Nokia, Renault, Samsung y Microsoft Begin ya tienen al inglés como lengua institucional y más de 70 empresas danesas se han mudado a la fonética de Shakespeare, recuerda un artículo de la CNN.

Incluso se están dando singularidades lingüísticas, como el famoso globish. Este término, inventando hace unos 15 años por el ejecutivo francés de IBM Jean-Paul Nerrière, se refiere a un inglés que maneja unas 1.500 palabras, tiene una gramática simplificada y se usa sobre todo en el mundo de los negocios. Nerrière se dio cuenta en su vida de expatriado que sus compañeros se entendían mejor en inglés con aquellos profesionales que lo usaban como segunda lengua frente a quienes lo tenían como idioma materno. "Que surjan estas fórmulas me parece lógico; al fin y al cabo, en la prensa popular inglesa se usa un máximo de 3.000 palabras", apunta Rod Pryde. De hecho, ya han aparecido algunos híbridos como el manglish o el konglish, inglés añadido al malayo y al coreano.

Lejos de singularidades, convertido el inglés en el patrón lingüístico mundial, ahora toca aprenderlo con fluidez e incorporarlo a nuestras empresas. Y aquí empiezan algunos de los problemas. Todos estamos acostumbrados a ver cursos de idiomas en las compañías, pero no analizamos con tanto detalle los resultados.

"Ninguna empresa debe permitirse el lujo de malgastar su dinero en planes de formación de idiomas que no consigan objetivos; sin embargo, muchas lo hacen, aceptando un bajo compromiso de sus trabajadores o abaratando costes con planteamientos simplistas", critica Richard Lander, director de ESIC Idiomas. "Prefieren gastar poco todos los años en vez de hacer un mayor esfuerzo a corto plazo y conseguir que su gente pueda comunicarse de verdad en otro idioma en un tiempo razonable".

Aunque el minutero es muy variable, se tarda entre dos y tres años ?empleando al menos dos horas semanales de formación? en lograr un nivel básico, de inglés,tanto hablado como escrito, y en cuanto a los precios, estos oscilan entre 70 y 100 euros por clase.

Sumadas las ecuaciones de dinero y tiempo, y si el resultado que se busca es la rentabilidad, un experto como Julián Baños, responsable de corporate de los centros de idiomas EF, recomienda que para que la enseñanza salga a cuenta tiene que "estar ajustada a unos objetivos de progreso medibles y relacionados con el negocio. Además, el alumno debe poder acceder a la formación en cualquier momento y lugar". En esto son esenciales dispositivos como las tabletas o los smartphones.

Otra fórmula que gana cuerpo es el inglés "enfocado". O sea, específico para cada profesión o actividad. La Universidad a Distancia de Madrid (Udima) se ha especializado en esta mirada. Sus dos cursos más demandados son Inglés para la salud (detrás está la salida de enfermeras españolas, principalmente hacia Inglaterra y Escocia) e Inglés para los negocios. Y, claro, sin olvidar el alemán, sempiterno estos días. "Pero es un idioma poco agradecido. Necesitas al menos un año de aprendizaje antes de poder hacer algo tan básico como preguntar por la calle", valora Arturo de las Heras, gerente de Udima. Aun así, la fuertedemanda les ha hecho diseñar dos clases (14 alumnos) dirigidas a la salud y a los negocios.

Sin embargo, da igual las dificultades de aprender el idioma teutón, la posibilidad de encontrar trabajo puede con todo. Y las peticiones se han disparado. El Goethe Institut ?la principal referencia para aprender alemán en España? ha pasado de contar con 6.000 alumnos en 2009 a los actuales 10.000, y en sedes como las de la calle de Zurbarán de Madrid se comienzan a impartir clases a las 7.30 y se concluye pasadas las nueve de la noche. El máximo tiempo posible y siempre en aulas repletas de alumnos.

Esta es la geografía diaria que describe Margareta Hauschild, directora del Goethe Institut en Madrid, quien se siente algo sobrepasada. "Me gustaría, sinceramente, que nosotros tuviéramos menos demanda y que se repartiera entre, por ejemplo, la Escuela Oficial de Idiomas o las propias universidades".

Pero no es así, y como si fuera una embajada en tiempos del exilio, el Goethe Institut cada vez acoge a más candidatos españoles a ser los nuevos refugiados del euro en Europa. Esa es la realidad. "El año que viene, la demanda seguirá creciendo, y para 2014 no me atrevo a hacer vaticinios", indica Margareta Hauschild. Pero que nadie piense que con un idioma es suficiente. "Hacen falta dos, no para encontrar trabajo en Alemania, sino para encontrarlo en cualquier país europeo, incluido España", precisa Hauschild. Y remata: "Cuantas más lenguas se hablen, mejores trabajos se consiguen".

Y en esta polifonía de voces extranjeras, el chino (1.300 millones de hablantes) se deja escuchar con fuerza desde hace tiempo. "En 2009 teníamos 300 alumnos y ahora andamos en 2.000", asegura José Amián, director de Macma. Y eso que sus clientes son pequeños y bajitos. Esta academia está especializada en enseñar chino solo a niños. Empiezan a los cinco años, y a pesar de la crisis, y de que es "la actividad extraescolar más cara de todas, ya que hay pocos profesores de este idioma, es la última de la que prescinden los padres. Tanto es así que la mayoría lo eligen antes que el francés o el inglés", concluye José Amián. Quién iba a pensar que el viaje de los refugiados del euro llevaría tan lejos.