EDITORIAL

La resistencia de los dividendos

Las empresas españolas cotizadas, sobre todo las de gran tamaño que componen el índice selectivo de la Bolsa, habían compensado la severa caída de los precios de las acciones con el mantenimiento de un jugoso reparto de beneficios. En algunos años en los que ya la crisis económica era muy evidente las empresas distribuían entre sus socios tales dividendos que la rentabilidad relativa por esa vía se acercaba al 10%, y en términos agregados rozaba los 30.000 millones de euros. Nada menos que el 3% del producto interior bruto, en la que era una sustanciosa fuente de renta disponible para miles de ahorradores particulares y una generosa aportación a las cuentas de resultados de algunas sociedades con participaciones financieras en las cotizadas. La banca, las constructoras y concesionarias, así como las energéticas y las telefónicas, lo que es el núcleo duro del índice bursátil español, aportaban la parte del león de la retribución del capital en España. Pero la longevidad de la crisis está corrigiendo lentamente esta práctica financiera.

Desde que la recesión comenzó a atenazar a la banca en toda Europa, las empresas altamente endeudadas y la propia banca comenzaron a sustituir los pagos en efectivo por ampliaciones de capital a costa de los dividendos, en las que los accionistas podían optar por cobrar en efectivo o recibir el nuevo papel. Iberdrola, los bancos y finalmente Telefónica pusieron en práctica el scrip dividend, en el que los socios minoritarios cada vez más han optado por la venta de sus derechos en el mercado para hacer líquida la remuneración, con un notable alivio fiscal. Pero más allá de esta fórmula bastante agotada, algunas empresas de gran tamaño, como Telefónica, han reconocido finalmente que es muy costoso mantener los pagos a los socios cuando el negocio se contrae cada trimestre. Otras estiman que difícilmente pueden pagarse rentabilidades del 10% mientras se mantiene un elevado endeudamiento cada vez más complicado de refinanciar en los mercados abiertos.

Este año, entre unas cosas y otras, las cotizadas abonarán con cargo a los resultados del ejercicio 2012 escasamente 19.000 millones de euros a sus propietarios financieros, mientras que en 2011 aún distribuyeron unos 28.000 millones de euros. Las empresas han ajustado sus políticas retributivas a medida que la crisis ha ido haciendo mella en sus cuentas, y no lo han hecho antes porque la gran mayoría de las cotizadas, especialmente las de gran tamaño, tienen un anclaje exterior que les permite generar más del 55% de sus ventas fuera de la atenazada economía española. Tras el paso dado por Telefónica de retirar los dos pagos con cargo a los resultados de 2012 para reforzar su balance, así como reducir los que se hagan con cargo a 2013, podrían seguirlo muchas otras sociedades con menos fortaleza financiera y que se desenvuelven en el mismo ambiente crítico, sobre todo las que operan de forma mayoritaria en el mercado nacional. La banca resiste, pese a las exigentes condiciones de capitalización y provisiones que imponen Europa y el Gobierno, porque su compromiso en muchos casos se limita a distribuir, con fórmulas dilutivas a veces, un porcentaje de los beneficios generados, y que son necesariamente menguantes.

Las expectativas, por tanto, no son buenas para los próximos trimestres. Las empresas caerán en la necesidad de reforzar sus posiciones patrimoniales para resistir el sprint final de la crisis, un ejercicio que les permitirá tomar posiciones en sus mercados respectivos cuando la etapa recesiva se supere definitivamente. Una de las víctimas, más allá de los accionistas que depositaban una parte de sus expectativas de renta en las participaciones financieras, será la administración tributaria, que pese a haber elevado los tipos aplicables, verá sensiblemente reducida la recaudación.

No obstante, los dividendos seguirán funcionando como un atractivo para la inversión ante la falta de alternativas con rentabilidades seguras. Además funcionarán también como reclamo de la inversión los modestos precios de las acciones de las cotizadas españolas, que mantienen unos descuentos muy generosos porque han interiorizado ya el escenario más negativo de los posibles para España ante la lentitud de las autoridades de la Unión Europea para garantizar la irreversibilidad del euro.