Paradojas de la crisis: Merkel pide votar por una opción que ningún partido sostiene

Las claves del futuro de Grecia... y de Europa

Un país de poco más de once millones de habitantes y que supone el 2,2% del PIB de la eurozona tiene a toda Europa en vilo. ¿O son las políticas comunitarias las que han terminado por darle ese poder?

Seguidores de Antonis Samaras, líder del partido conservador Nueva Democracia.
Seguidores de Antonis Samaras, líder del partido conservador Nueva Democracia.

Por segunda vez en seis semanas, los griegos se acercan a las urnas con toda Europa (y buena parte del mundo) pendiente de ellos. La teoría dice que en sus manos está el futuro del euro y de la unión monetaria. Incluso el Gobierno español ha convertido la incertidumbre por el desenlace de las elecciones griegas en el chivo expiatorio de una prima de riesgo nacional que esta semana se ha situado cómodamente por encima de unos insostenibles 550 puntos.

Pero lo que dice la situación de la ciudadanía griega y de sus cuentas públicas es otra cosa. Los planes de austeridad no han conseguido poner coto al déficit y han agudizado la recesión. En 2010, el PIB griego cayó un 3,5%. ¿Qué pasó el año pasado? La caída se agudizó dramáticamente y se elevó hasta el 6,9%. El propio escenario base de la troika (la todopoderosa fuerza de intervención del FMI, la Comisión Europa y el Banco Central Europeo que supervisa a los países descarriados) que consta en el segundo rescate a Grecia habla de un objetivo de deuda sobre PIB del 129% en 2020. ¿Es creíble que el resultado de una elección pueda cambiar esa realidad?

Las presiones europeas

Es una evidencia que las elecciones griegas determinará el futuro de Grecia, pero lo que a Europa le preocupa es el suyo. Y eso también se vota este domingo. Los comicios helenos se plantean más como un plebiscito a los planes de austeridad y a los programas de régimen estricto implantados desde el corazón del Viejo Continente, y de su resultado pende el porvenir del euro.

Europa lo sabe y en las últimas semanas ha orquestado toda una campaña de presión para que los griegos voten con el conocimiento de que un sufragio díscolo les traerá un serio castigo. El abandono griego del euro ya no es un tabú para nadie y las casas de inversión le han puesto todo tipo de porcentajes a esa posibilidad.

Pero dentro de Grecia la situación es distinta. La contestación a los planes de austeridad es tal que hasta la conservadora (y respetuosa con Europa) Nueva Democracia ha tenido que variar su discurso y prometer que renegociará la ayuda comunitaria en busca de compromisos más flexibles para intentar mejorar en las encuestas.

Las paradojas de la crisis

La canciller alemana, Angela Merkel, parece haber olvidado este giro de Nueva Democracia. "Es muy importante que de las elecciones en Grecia salga la formación de un Gobierno que diga 'vale, respetaremos los acuerdos'", ha pedido Merkel. Pero es que en Grecia en estos momentos hay pocos partidos que no prometan una renegociación del pacto de salvamento europeo. ¿Cómo deben entender los griegos sus palabras?

Es cierto que la idea de renegociación de Nueva Democracia no es la misma que la de Syriza, la izquierda radical. De todas formas, también este último partido ha endulzado su postura y habla abiertamente de su deseo de mantenerse en el euro, lo que le obliga a pactar con las autoridades comunitarias.

Lo que todo ello indica es que ha habido un cambio claro en los discursos. Las dos formaciones con más posibilidades de ganar quieren hacerlo y para eso han tenido que pensar en sus votantes, no en Europa. Pero incluso la izquierda llamada radical ha hecho un guiño al Viejo Continente. Hay voluntad de apostar por el euro como salida, siempre que Bruselas no cierre la puerta.

La dificultad de acertar

Sin embargo, pase lo que pase el domingo, la complejidad de la situación griega convierte cualquier desenlace en problemático. Al menos, los desenlaces que son verosímiles.

Lo que quiere Bruselas es una victoria de Nueva Democracia que permita a la formación conservadora aliarse con los socialistas del Pasok y crear un Gobierno estable y favorable a la ortodoxia comunitaria. A corto plazo, eso podría calmar los mercados, pero a medio plazo la situación económica y de las finanzas griegas volvería a estallar. La única solución que apuntan los expertos es que Alemania también ceda y la tesis francesas a favor de un cambio en la política de austeridad a favor del crecimiento cale pronto.

En cambio, lo que más puede temer Bruselas es que la solución no sea esa, que gane la izquierda radical y que pida modificar las condiciones del salvamento. Si Alemania claudica y Europa accede, significaría reconocer que un país tiene la posibilidad de incumplir los compromisos y, si se convierte en un problema lo suficientemente grande, salir ganando. ¿Cuánto tardarían Irlanda y Portugal en pedir lo mismo?

El atolladero

El problema es que no solo la Europa más periférica está a punto de estallar. El rescate bancario a España no ha funcionado y la prima de riesgo nacional ha llegado a cotas insostenibles. A Merkel eso parece no preocuparle. Es verdad que era un acto de partido y que la canciller alemana tiene que hacer mucho para ganarse a sus electores, pero este sábado ha considerado un "error histórico" que los tipos de interés de los países del euro fueran casi idénticos. La mandataria se ha negado a hacer nada que arregle los desequilibrios, como dar luz verde a la tan reclamada desde España intervención del BCE. "Ahora que los mercados han corregido ese error no vamos a imponerlo otra vez políticamente", ha sentenciado, en declaraciones recogidas por Efe.

Pero es que la crisis que asola Europa ha demostrado ser una pescadilla que se muerde la cola. Grecia afecta a España, España afecta a Italia, Italia afecta a Francia, y así hasta el infinito. Hay pocos sistemas financieros y cuentas públicas en Europa capaces de resistir la presión de cinco años de crisis, así que el castillo de naipes puede caer por más sitios de los que parece. Y el detonante no tiene por qué venir de Grecia.

¿Cuál es la solución?

"La historia de la Unión Soviética demuestra que las uniones monetarias pueden disolverse y que no es el fin del mundo", aseguraba esta semana a Bloomberg uno de los directores de Lombard Street Research, Gabriel Stein. Lo que está claro es que Europa no quiere que ese sea el desenlace, por el temor al cataclismo y al efecto contagio que le seguiría.

Tomás García-Purriños, analista de Economía y Estrategia de Cortal Consors, cree que eso no pasará. "Al final se llegará a un acuerdo con Grecia".

Sin embargo, con las actuales condiciones fiscales y financieras helenas, eso solo podría pasar si Europa reconoce que ha tomado el camino equivocado. Sí, las elecciones griegas son este domingo y son importantes, pero parece que la pelota sigue en el tejado alemán.