El foco

Sin capital humano no hay futuro

Los gobernantes deben invertir en políticas educativas durante la crisis para construir el futuro. El autor reconoce que es una decisión presupuestaria compleja, pero España no tiene otra salida.

No todo son malas noticias para España. El Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) asegura, por boca de su presidente, César Alierta, que el país es muy solvente en los sectores público y privado y que las reformas han sentado las bases claras para la recuperación, que va a ser mucho más rápida y antes de lo que auguran muchos expertos.

Si la CEC, que agrupa a 17 de las mayores empresas españolas, es optimista a corto plazo, PwC lo es a largo plazo. En un estudio de 2011 titulado The World in 2050, que compara el PIB de las primeras 20 naciones del ranking mundial en 2009 y 2050, la empresa auditora predice un crecimiento real anual del 1,9% para España, más que para Alemania (1,3%), Italia (1,4%) o Francia (1,7%).

Pero si bien a primera vista no hay razones para ser extremadamente pesimistas en el contexto europeo, viendo el crecimiento previsto para países como la India (8,1%), China (5,9%), México (4,7%), Brasil (4,4%) o los Estados Unidos de América (2,4%), España tiene que ponerse las pilas.

Europa en su conjunto también. Si cada miembro de la zona euro sigue mirándose solo al ombligo, bajarán en el ranking a puestos de segunda o tercera división. Las previsiones de PwC para Alemania son una caída del puesto número 5 al 9; Francia, del 8 al 11; Italia, del 10 al 15, y España, del 12 al 18. Solo si avanzamos hacia una zona euro que merezca ese nombre, con cesiones de soberanía a un Gobierno central fuerte, podremos seguir jugando en la primera división: del puesto 2 en el ranking 2009 pasaríamos al puesto 4 en el ranking 2050.

Las previsiones optimistas que hace PwC para el crecimiento económico hasta 2050, en especial para los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), así como del resto de Asia y América, tiene como consecuencia unas excelentes perspectivas para los productos de valor añadido que las economías emergentes demandarán siempre más y que podrá seguir ofertando la UE si hace bien sus deberes para recuperar su competitividad.

Entre los factores más destacados que definen la competitividad del sistema productivo se encuentra la apuesta por las competencias profesionales. La calidad de nuestro capital humano en el mundo empresarial está directamente relacionada con la enseñanza primaria, la secundaria, la universidad, la formación profesional, la formación continua y el emprendimiento. En la enseñanza primaria es imprescindible asentar en edades tempranas tres prioridades: los valores tradicionales como excelencia, esfuerzo, respeto, justicia, transparencia, humildad, integridad, diálogo, trabajo en equipo, solidaridad, etc.; la noción de que la vida es un cúmulo de oportunidades, que sin algún que otro fracaso el éxito muchas veces no llega, y que hay que perderle el miedo al riesgo, y la tolerancia a lo diferente, cada día más importante en un mundo siempre más globalizado.

En la enseñanza secundaria es importante promover las virtudes de la sociedad del conocimiento, de la revolución tecnológica y de las nuevas plataformas de comunicación; los procesos de trabajo en equipo, con proyectos interdependientes y multidisciplinares; las ciencias (ingenieros, químicos, físicos, matemáticos, informáticos, etc.), y la internacionalización, aprendiendo idiomas, saliendo al extranjero y abriéndose a nuevas culturas.

En la universidad preocupa que pocos centros de estudios superiores europeos jueguen hoy en día un papel relevante en el mundo del conocimiento. A mi entender, las razones son cuatro. Primero, un exceso de nuevas universidades que no llegan a los niveles de calidad requeridos internacionalmente. Segundo, un déficit presupuestario para fomentar el intercambio de alumnos (sin desmerecer a Erasmus), de profesores y del desarrollo de proyectos comunes. Tercero, poca voluntad de especialización por parte de las universidades, por querer seguir siendo centros con una oferta universal. Y cuarto, insuficiente cooperación entre la universidad y la empresa.

La formación profesional (FP) es el patito feo en España, como demuestra que menos del 40% de los jóvenes se decide por FP, por razones históricas comprensibles (frente a más del 60% en Alemania), que el sistema español se basa en mucha teoría (un 70%) y poca práctica, justo al revés que el sistema dual alemán o austriaco, y que todavía persiste la percepción de que una carrera universitaria aporta un mayor prestigio social. Autoridades, empresarios, sindicatos y medios de comunicación tienen que cooperar para que esto cambie, teniendo en cuenta que la aportación de jóvenes con FP al futuro desarrollo de la economía es tan importante como la de cualquier otro graduado.

En cuanto a la formación continua, en un mundo en el cual los avances tecnológicos van a velocidad de vértigo, el profesional que crea que con su título universitario o de FP ha terminado su formación, no tendrá futuro. Es necesaria una ampliación de la oferta de formación continua desde las universidades, las asociaciones empresariales y los sindicatos, así como las empresas.

En Dinamarca hay, según César Molinas, cuatro veces más emprendedores por cada mil habitantes que en España. Por eso es tan urgente desarrollar una cultura emprendedora que combata desde el sistema educativo y la familia la tendencia de los jóvenes a favor del funcionariado y en contra del emprendimiento, que cree una red de fondos públicos y organizaciones tutelares a las que puedan acudir jóvenes entre 18 y 30 años con ideas innovadoras y que potencie el desarrollo de una industria de capital emprendedor, pieza clave para una sociedad que quiere apostar por I+D+i.

De todo lo anterior se deduce que los gobernantes deben dar prioridad en sus presupuestos a las inversiones educativas. ¿Que en tiempos de crisis esto es más difícil que nunca? Sin duda. Pero España no tiene desde mi punto de vista otra salida que esta.

Será más fácil con un liderazgo político que ponga en marcha las reformas necesarias y explique bien sus actuaciones, así como con unos ciudadanos responsables que aparquen los miedos que genera todo cambio y que sean conscientes de que futuras generaciones necesitan de un esfuerzo en educación ahora para no lastrar su capacidad de desarrollo futuro. Porque el año 2050 no está tan lejos como parece.

Carsten Moser. Presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España