TRIBUNA

La financiación a las pymes

El real decreto-ley de saneamiento del sector financiero aprobado días atrás por el Gobierno está dando mucho que hablar; sobre todo en términos especulativos de quiénes son los diferentes actores en el proceso de concentración bancaria, de cómo afecta a los sueldos de tal o cual ejecutivo, de cuánto o no van a bajar los precios de los activos inmobiliarios en los próximos meses a consecuencia de los procesos de dotación que todas las entidades financieras tienen que abordar, y otros. Pero conviene no olvidar que uno de los principales objetivos de este decreto-ley es que fluya el crédito, tan necesario para activar la economía y cuya restricción se reconoce en la primera línea de la exposición de motivos.

Si bien medidas de este corte eran necesarias para ir saneando el sector financiero, no parece que por sí solas puedan ayudar a que las entidades financieras contemplen la financiación a las empresas de modo distinto del actual. Ya conocen ustedes la expresión extendida de que falta demanda solvente.

La encuesta de préstamos bancarios a las empresas de España muestra claramente un endurecimiento de las condiciones de concesión de crédito, pero también una fuerte contracción de la demanda como consecuencia de la atonía de la actividad económica. Esto no significa evidentemente que toda la demanda no sea solvente, como se dice ahora, sino que a resultas de la actividad económica esta se contrae.

Pero actuando en el mismo sentido, también es cierto que la contracción de la oferta de crédito y las elevadas condiciones en las que se concede, cuando se concede, presiona a las empresas en su actividad comercial, pues si venden más de lo que admiten sus líneas de financiación de circulante tienen aseguradas unas tensiones de tesorería tales que pueden acabar afectando seriamente a la actividad de la empresa, con independencia de que la cuenta de resultados sea positiva. No es de extrañar, pues, que en esta coyuntura empresarial, económica y financiera, y con esas limitaciones, se imponga la prudencia en el crecimiento. Es decir, ante la escasez de financiación en todo tipo de líneas, las empresas vigilan más si cabe la generación de caja y en muchos casos ajustan su actividad a sus posibilidades de financiación.

Y no solo eso, sino que las condiciones económicas de la financiación pueden hacerlas menos competitivas, sobre todo si tienen que competir en el exterior. Pues estos costes financieros se deben reflejar de algún modo en el proceso de pricing de los productos/servicios que comercializan en el extranjero.

Hay quien podría decir que para esto están los créditos ICO liquidez, pero quien conoce de cerca el funcionamiento de las empresas, sabe que no son precisamente económicos en términos de condiciones, ni flexibles en el modo de utilización, pues exigen la disposición de todos los fondos de una sola vez, con los consiguientes gastos financieros que ello conlleva. Cuestión que evidentemente tiene recorrido de mejora.

Pero volviendo al tema, ¿cambian con este real decreto las posibilidades de financiación de la economía real?

A todos nos gustaría pensar que así va a ser, pero permítanme que tenga mis dudas; salvo que se instrumenten medidas adicionales, claro está. Hay varios aspectos a tener en cuenta.

En primer lugar, las entidades están presionadas por las exigencias de capital, en algunos casos pendientes de completar, sobre todo si tenemos en cuenta que el decreto-ley ha dispuesto que parte de las provisiones se hagan con recursos propios, cuando algunas entidades han consumido completamente las provisiones genéricas en los últimos meses y sus cuentas de resultados en algunos casos son insuficientes, incluso para cubrir las nuevas exigencias establecidas por el real decreto-ley. Esto es, necesidad de más recursos propios y/o menos activos en riesgo para cubrir los coeficientes de solvencia.

En segundo lugar, encontramos los problemas de liquidez, solventados a efectos bancarios, pero no en la economía real, con las inyecciones del Banco Central Europeo que sobre todo están resultando muy convenientes para algunas cuentas de resultados gracias a la posibilidad de aprovecharse del, ya generalmente conocido, carry trade. Y que ha dado lugar a que los bancos tengan en depósitos en el BCE la nada desdeñable cifra de 500.000 millones de euros.

En tercer lugar, cabría señalar el ritmo al que se amortizan los préstamos vivos en los balances de las entidades financieras, que se ha ralentizado notablemente como consecuencia del alargamiento de los plazos en origen o como consecuencia de las refinanciaciones.

Y, por último, los procesos de concentración que ya se han efectuado y los pendientes que pueden generar unas concentraciones de riesgos de los bancos resultantes en las empresas muy superiores a lo establecido en sus políticas de riesgos.

Todo ello, en mi opinión, presiona hacia la contracción crediticia, lo que desde luego no ayuda en ninguna medida a que nuestro tejido empresarial se beneficie de más crédito y en mejores condiciones, y que se produzca la tan esperada reactivación económica.

Francisco J. Sánchez Vellvé. Economista