COLUMNA

Enojo japonés

El alboroto sobre Olympus ha despertado a uno de los gigantes dormidos de Japón. Nippon Life, la aseguradora más grande del país y el mayor accionista privado de Olympus, se unió a los inversores extranjeros que reclaman respuestas a las acusaciones lanzadas por su depuesto presidente ejecutivo, que provocó que la compañía anunciase que designaría un equipo independiente para investigar. El movimiento de Nippon Life supone un gran paso adelante en la mejora del buen gobierno japonés. Nippon Life no suele mostrar su descontento. En el pasado, las grandes instituciones financieras rara vez se preguntaban cómo eran gestionadas las empresas cuyas acciones poseían, porque estas eran a menudo sus mayores accionistas. En 1987, las participaciones cruzadas representaban hasta un 46% de las acciones japonesas. Si había alguna pregunta incómoda que plantear, los grandes accionistas lo hacían a puerta cerrada.

En 1998, las instituciones financieras poseían el 42% de las acciones japonesas, hoy son propietarias de menos de un tercio. La proporción en manos de extranjeros ha pasado del 13% a más de un cuarto. Eso explica en parte por qué Olympus nombró a un ejecutivo extranjero, Michael Woodford, como presidente ejecutivo. También ayuda a comprender la razón por la que Nippon Life no está tranquila después de la áspera salida de Woodford. Las aseguradoras de Japón deben hacer frente a unos 36.000 millones de euros en costes por el terremoto y el tsunami ocurridos el pasado marzo. Y la quiebra de dos aseguradoras durante la pasada crisis financiera ha endurecido las normas de solvencia y las ha obligado a elevar su capital. Ante semejante panorama, no pueden aceptar bajos rendimientos. Nippon Life ha usado su influencia para convencer a Olympus de que escuche a quienes buscan respuestas. Los bancos aún tienen una quinta parte de todas las acciones japonesas. Es hora de que se les escuche.