TRIBUNA

¿Por qué son necesarios más recursos?

A principios de 2011, el Ministerio de Economía y el Banco de España adoptaron una serie importante de medidas destinadas a recapitalizar el sector bancario español, y más específicamente las cajas de ahorros. El proceso está, ahora, a punto de culminar. Cada caja o grupo de cajas ha seguido una estrategia diferente, y algunas de ellas han terminado en manos del FROB. La cosa debería estar, por tanto, vista para sentencia. Sin embargo, ya se nos viene avisando de que lo hecho hasta ahora puede ser insuficiente, y que la banca española puede necesitar más recursos de capital. ¿Por qué? ¿Es que esto es el cuento de nunca acabar? El Banco de España discrepa, y parece lógico. ¿Tiene esto alguna explicación? Intentemos dar algunas razones.

La primera es, sencillamente, que de febrero, incluso de junio acá ha llovido mucho en Europa. Lo que resultaba suficiente antes de verano, ahora no lo es. Y es que, de por medio, estamos viviendo un agravamiento de lo que ya es una crisis sin precedentes de los riesgos soberanos. Se dirá, y con razón, que, siendo eso cierto, poco tiene que ver con la banca española. Nuestros problemas propios, que poca o ninguna relación tienen con la deuda soberana, no han variado (¡ojalá variaran, por cierto, pero ahí siguen los ladrillos: absolutamente inmóviles!). Es difícil, sin embargo, sustraerse al efecto contagio. Hay dudas sobre la solvencia de la banca europea -que no es toda igual-, y toda va en el saco. Eso sin contar, claro, maniobras de distracción que, como mínimo, cabe calificar de poco deportivas, de quien no tiene empacho en sacudirse presión trasladándosela a los demás. Desde este punto de vista, tendríamos problemas nuevos.

Pero también puede ser que, en realidad, no hayamos resuelto los problemas antiguos. Desde el mismo momento en que el ministerio y el Banco de España plantearon su estrategia regulatoria, hubo quien observó que podía tratarse de una respuesta correcta a una pregunta equivocada. Lo que estaba y está en duda no es si la cantidad de capital de las entidades españolas es suficiente, sino cuánto valen sus activos. Y esa duda, subsiste, como muestran las recientes sugerencias del FMI respecto a la conveniencia de que el sistema financiero español se someta a auditorías, o revisiones de expertos, independientes -supongo que el término hace referencia a las mismas empresas cuyas franquicias españolas ya auditan a nuestros bancos (aunque haya que suponer también que, esta vez, enviarían equipos del extranjero)-. El que la vicepresidenta Salgado resistiera, con buen criterio, o con el único criterio posible, semejante andanada contra la línea de flotación de nuestro sistema de supervisión bancaria no hace que la duda desaparezca, sino más bien lo contrario.

Se dirá, y es verdad, que la estrategia de nuestros reguladores no se ha limitado a exigir más capital. También se han hecho encomiables esfuerzos por promover la transparencia de las entidades en todo lo que tiene que ver con el riesgo inmobiliario y aledaños. Y es cierto que quien bucee con cierta atención en las memorias de los bancos españoles encontrará ahí datos suficientes para hacerse una composición de lugar. Igual hubiera sido bastante para otras épocas, pero no están los tiempos, me temo, para perderse en largas excursiones por la nada amena prosa de las notas complementarias: la transparencia que los mercados valoran es la que, de las memorias, pasa a los estados financieros cuantitativos, es decir, a los balances.

Es posible, incluso probable, que los mercados estén descontando -es decir, barruntando- una situación peor que la real. Y es seguro que están siendo muy poco sofisticados a la hora de diferenciar unas entidades de otras. También es verdad que no se está valorando de modo adecuado el inmenso esfuerzo de saneamiento que ya se ha hecho. Pero es que, en las actuales circunstancias, hace falta muy poco para que la inversión, sencillamente, deserte. Y, para cerrar el círculo, volvemos a la conexión entre la crisis financiera española y la crisis financiera general. Nuestra crisis tiene aspectos endémicos, pero eso no significa que la crisis financiera europea y global sea irrelevante: funciona como el peor de los escenarios posibles para el desenvolvimiento de nuestro drama doméstico.

Fernando Mínguez. Socio de derecho bancario de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira