Columna
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... Y Merkel cogió el timón

El Congreso visualizó ayer, una vez más, como Alemania ha tomado la cabina de mando de la eurozona y marca los tiempos y el rumbo de navegación en las turbulentas aguas de la crisis. Por ello, sin margen de maniobra, España se pliega a las directrices germanas y acepta modificar la constitución para introducir el equilibrio presupuestario. En esta crisis, la dirección alemana se efectúa con una sutil diferencia respecto de otras situaciones anteriores, cuando los cancilleres alemanes se esforzaban en rebajar su poderío para no despertar fantasmas del pasado. Este fue el caso, por ejemplo, de Helmut Schmit cuando se constituyó el Sistema Monetario Europeo. Y también el de Kohl, al poner en marcha el euro. Ahora Alemania también intenta aparentar que manda menos de lo que manda. Y pacta explícitamente el apoyo de Francia o se esconde parcialmente tras la posición de Holanda, Austria y Finlandia. Pero los tiempos, las medidas y el horizonte los fija Merkel.

Alemania ha venido definiendo su posición desde hace tiempo. El alargamiento de la edad de jubilación hasta los 67 años (¿les suena?) fue obra de Schröder. Y, con Angela Merkel, las fuerzas políticas alemanas reformaron su constitución en 2008, definiendo que, para 2015, el déficit estructural debería situarse en el entorno del 0%. Dicho de otra forma: predicando con el ejemplo.

Desencadenada la crisis, la canciller ha marcado el calendario: en mayo de 2010 con Grecia y España, en noviembre/diciembre con Irlanda, en marzo/abril de 2011 con Portugal y en julio/agosto con España e Italia. Y la posición alemana es clara: mientras los países más endeudados y con problemas de financiación no tomen las medidas adecuadas, dejar que se cuezan a fuego lento. Y, cuando el calor sea ya insoportable y estén dispuestos al arrepentimiento y la contrición, entonces aparecer con la chequera y poner dinero del contribuyente alemán y centroeuropeo a su disposición.

No parece una posición criticable. ¿Por qué deberían los impuestos de los alemanes contribuir a mejorar la vida de los europeos del sur, tan dados a la evasión fiscal y a la baja tributación? Y, en especial, ¿qué sentido tiene poner en peligro su propia estabilidad si los países del sur no ponen las medidas de corrección adecuadas? Por tanto, que los mercados aprieten y, justo antes del ahogamiento final, y cuando todos prometen que se comportaran como luteranos centroeuropeos, finalmente ayudar.

Un buen ejemplo de ello es el de Berlusconi, convocando al Parlamento para impulsar un plan de ajuste sensiblemente más severo que el inicialmente planteado y prometiendo también reformar la constitución en el sentido que marcó ayer Zapatero.

Control, pues, de los tiempos de la crisis, digan lo que digan los mercados. ¿Y con qué objetivo? Con el de salvar un área del euro definida a imagen y semejanza de Alemania, es decir, con elevada productividad, bajo endeudamiento privado y público y estabilidad presupuestaria, las sacrosantas bases de una moneda estable y, con ella, de los ahorros de sus ciudadanos.

La sesión del Congreso de ayer nos dio una muestra más, probablemente la más explícita en estos últimos meses, de la dirección alemana, tanto en la aprobación de las medidas de reducción del déficit como en la propuesta de reforma constitucional. Las primeras eran inevitables, dado el compromiso español de finalizar 2011 con un déficit en el 6% del PIB. Bajarlo desde el 11% de 2009 al 9% de 2010 y al 6% de 2011, para dejarlo en el entorno del 4% en 2012 y por debajo del 3% en 2013, era un compromiso intocable. Y, tras la cumbre Sarkozy-Merkel, la reforma de la constitución, también.

Nos gustará más o menos. Pero la salvación del euro pasa porque el cheque del contribuyente alemán garantice las deudas del sur. Alemania, probablemente, lo acabará poniendo encima de la mesa. Pero para ello exige duras contrapartidas. Y eso es lo que se visualizó ayer en el Congreso. Como he comentado otras veces, de esta crisis o saldremos alemanes, o no saldremos. Por ello, cabe saludar como extraordinariamente positivo lo que se debatió ayer en el parlamento, tanto lo decidido como lo que se propuso. Spanien es ya, de hecho, un nuevo länder, alemán por descontado.

Josep Oliver Alonso. Catedrático de Economía Aplicada (UAB)

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