TRIBUNA

Portugal, ¿la última ficha de dominó en caer?

La noticia económica del día ha sido la petición firme de un programa de ayuda financiera a la UE por parte de Portugal, una forma eufemística de llamar a un plan de rescate. En España la pregunta que se hacen Gobierno, inversores, Banco de España, entidades y demás instituciones relacionadas con la economía es: ¿es España la próxima víctima? O por el contrario: ¿Portugal será el final de la crisis de deuda de los países periféricos?

La petición de ayuda, al igual que ocurrió en los casos de Grecia e Irlanda, es el final de una larga agonía en los mercados financieros. Grecia, Irlanda y Portugal tenían déficits públicos muy cuantiosos, en el caso irlandés tras el rescate a los bancos llegó al 32% del PIB, una cifra antes no vista en un país desarrollado. Este déficit requiere financiación en los mercados financieros, que habitualmente se realiza vía emisión de deuda pública. En una situación de fuerte crisis como la vivida en los dos últimos años, muchos países necesitan refinanciar su deuda y aumentarla para cubrir el desfase entre ingresos y gastos. El tipo de interés a pagar depende de la prima de riesgo de la deuda pública de cada economía, en el caso europeo la deuda pública alemana tiene la consideración de deuda prácticamente libre de riesgo, por lo que las economías periféricas, que también incluyen a España, han obtenido financiación, pero cada vez a tipos mayores.

En el caso portugués, las últimas subastas rozaban máximo tras máximo, hasta llegar a superar el 10% (aproximadamente 700 puntos básicos más que la deuda alemana). Estos costes financieros son inasumibles, además de garantizar al país la incapacidad para crecer en el futuro por la losa que los pagos de intereses pueden suponer.

Es en este contexto, cuando el Gobierno luso, más por necesidad que por convencimiento, acude a la UE a pedir apoyo financiero. Este apoyo se traduce en financiación a un tipo más bajo, en el caso irlandés la UE prestó 67.500 millones de euros a un tipo del 5,8%. ¿Por qué, entonces, esa imagen negativa del rescate? Por el precio que implica en términos de pérdida de la soberanía fiscal. La ayuda se condiciona a programas de consolidación del déficit público, de forma que se reduzca a niveles aceptables; en términos de los tratados de la UE, un déficit inferior al 3% del PIB. Para que este ajuste fiscal se produzca es necesario tomar medidas de carácter extraordinario: subidas de impuestos (en el caso irlandés aumentaron el impuesto sobre la renta y el IVA), y medidas de recorte del gasto, que afectan evidentemente también al gasto social. Estas medidas tienen un efecto contractivo sobre la demanda agregada, por lo que garantizan un lento crecimiento económico durante un muy prolongado período de tiempo.

Se trata de una austeridad impuesta para compensar los excesos de deuda del pasado, si bien los efectos de la bonanza económica y la pérdida de riqueza y renta que suponen los planes de ajuste no se reparten de forma equitativa entre la población.

La pregunta más importante a responder es: ¿y qué ocurrirá con España? Un primer efecto es el que tiene en el balance de las entidades financieras. Los bancos y cajas de ahorros españoles han sido importantes inversores en deuda lusa. El 15% de la deuda pública está en manos de las entidades españolas, si además incluimos deuda privada, el ratio aumenta hasta aproximadamente el 33%. El plan de rescate puede significar que los intereses y devolución están garantizados, pero al tratarse de activos que cotizan en mercados financieros, las entidades los contabilizan en muchos casos a valor de mercado. Si los intereses de la deuda lusa suben por encima del tipo al que las entidades españolas los compraron, estos bonos que están en el activo pierden valor, son menos atractivos, pues ofrecen menos rentabilidad, lo que puede llevar a ajustes en forma de pérdidas de valor en unas entidades ya perjudicadas por la crisis del ladrillo y los créditos de dudoso cobro en balance.

La segunda, y más importante pregunta es: ¿se producirá el contagio a la deuda pública española? Parece probable que está vez nos salvemos. La primera prueba de ello es que ayer el Tesoro colocó en una subasta 4.130 millones de euros a un tipo del 3,56%, por lo que ya conociendo la noticia del rescate luso, el impacto ha sido prácticamente insignificante. Y esto es debido, en gran parte, a las medidas que el Gobierno español, más por obligación que por convicción, ha aprobado recientemente: reforma laboral, reforma de las entidades financieras, del sistema de pensiones, recortes de gasto público, aumento de impuestos…

No obstante, hay dos importantes tormentas que pueden ensombrecer el panorama. En primer lugar, en el saneamiento de las entidades financieras hay un cierto consenso respecto a que se trata de un proceso inacabado cuyo coste total sigue sin conocerse, lo que implica incertidumbre y riesgo, la materia prima que alimenta las crisis de deuda. Por otra, es fundamental trabajar la falta de competitividad de la economía española con respecto a sus vecinos europeos, solo a través de una mayor competitividad y un mayor crecimiento de las exportaciones que fomente el crecimiento de un mercado laboral que languidece, podrá España salir del túnel que supone un paro del 20%.

Pedro Aznar. Profesor del Departamento de Economía de Esade (URL)