El dividendo de la CAM como síntoma

¿Hay alguna forma de explicar que, siendo el Santander el banco aparentemente favorito para salvar a la CAM, éste pague el primer dividendo del año con acciones mientras la caja presuntamente quebrada decida pagar 0,16 euros? Cantidad que es, según Bloomberg, superior a la abonada el año pasado.

El miércoles, la caja celebró asamblea. "Disuélvanse, aquí no hay nada que ver", vino a decir la caja alicantina. Aprobó su integración en Banco Base -pese a saber que los socios la rechazarían- y aprobó, entre otras cosas la distribución de un dividendo de 0,16 euros por cada cuota participativa. Encantada de conocerse, la CAM. La caja dejó pasar un par de días, y el viernes pidió 2.800 millones al FROB. Mientras tanto, según todos los medios el Banco de España sondeaba a la banca para que alguien se quedase con la CAM.

La cantidad que la caja destina a dividendos no la salvaría, pues son 35 millones de euros. Pero este dividendo, sumado a los acontecimientos de esta semana, es quizá el mejor reflejo de los incentivos perversos que han marcado la reordenación del sector. Los gestores del sector tienen apenas tienen razones, más allá de la ética o la profesionalidad de cada uno, para preocuparse por la salud financiera de las entidades que dirigen.

Los que durante la etapa de la burbuja hicieron sus deberes tienen la ventaja de llegar al proceso de reestructuración con más fuerza; el premio consiste en tener la voz cantante en una operación en la que suelen terminar asumiendo una o dos entidades en situación delicada.

Para los responsables de cajas con más esqueletos en el armario la solución es aún más sencilla. Una vez que se ha enviado el mensaje de que aquí no cae nadie, el que podría caer respira. Y negocia con las bazas marcadas. Sabe que lo peor que le podrá pasar es caer, quizá temporalmente, en manos del FROB, que más que mecanismo de último recurso es un comodín en la negociación. Entre acabar en manos de un banco, de otra caja o del FROB, el gestor de la entidad elige. Y decide. Y, cuando las cosas están realmente mal, el contribuyente acude al rescate.

El Estado tendrá que poner 2.800 millones de euros. En 2011 dedicará a becas educativas 1.400 millones de euros, según los presupuestos. Están claras las prioridades. Eso sí, los cuotapartícipes de la CAM tendrán su dividendo.