Se populariza la entrega de acciones como remuneración al accionista

Las empresas esquivan el dividendo por la puerta de atrás

Juan Villalonga está de plena actualidad en estos tiempos. El expresidente de Telefónica lo tuvo claro hace más de una década: ¿para qué pagar dividendo cuando el dinero es mucho más útil dentro de la compañía? Y lo cambió por ampliaciones liberadas. Santander, BBVA, Gas Natural o Iberdrola no pueden estar más de acuerdo.

Ilustración de dividendos
Ilustración de dividendos

Algunas empresas lo llaman cobrar el dividendo en acciones. Juan Villalonga fue más claro en su momento y habló de supresión del dividendo y de vías alternativas de retribución al accionista. Su argumento era simple. Telefónica estaba en plena época de crecimiento fulgurante y él quería dinero para ello, así que pensó que los fondos estaban mejor dentro de la compañía que fuera, en manos de los accionistas. Prometió que la cotización subiría, así que ningún inversor podría quejarse y demostraría ser capaz de sacar más rendimiento al dinero que cada accionista de forma individual. Para compensar, decidió hacer ampliaciones liberadas y dar acciones gratis, un movimiento con coste cero para ella. Si alguien quería materializar dinero, le bastaría con vender las acciones nuevas o los derechos.

Eso fue en 1998 y duró varios años. De hecho, Telefónica no recuperó el dividendo hasta que llegó un nuevo presidente, César Alierta, y no lo hizo de forma inmediata. Más de una década después, varias empresas y bancos se han apuntado a esta modalidad con todo o parte de su dividendo. Eso sí, ninguna de ellas habla de que se cancela el dividendo, sino de que se da la opción de cobrarlo en acciones.

Y es que el mecanismo es algo distinto. En los casos de Santander, Iberdrola -que ayer anunció que volverá a proponer a la junta esta fórmula para buena parte de su dividendo-, BBVA o Gas Natural, la última en apuntarse, se deja abierta la posibilidad de cobrar en efectivo. Pero no es el dividendo lo que se cobra, sino la venta del derecho de la ampliación. El matiz diferencial es que la sociedad da dos opciones: venderlo en el mercado o hacerlo a la empresa a un precio fijo, lo que garantiza un determinado ingreso aunque la cotización de los derechos no lo refleje.

Sin embargo, el resultado para estas empresas es bastante parecido al que consiguió Telefónica. "A las compañías les supone mucha menos salida de caja y en el entorno actual de cuidado de la liquidez, todo lo que sea no elevar la deuda y aumentar la caja es importante para ellas", explica Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4.

La salida de caja dependerá de la aceptación que tenga la ampliación de capital entre los accionistas. En el fondo, estas empresas están dando tres opciones a los accionistas: tomar los títulos, vender los derechos en el mercado o hacerlo a la compañía. Solo en este último caso la sociedad tiene que pagar y gastar su caja. Por ejemplo, Santander se ahorró 823 millones en noviembre con esta modalidad de retribución. Solo tuvo que desembolsar 157 millones.

Hasta ahora, los porcentajes de aceptación han sido muy altos, por encima del 80%. Iberdrola, sin embargo, se quedó un poco por debajo en el dividendo a cuenta de 2010 y el porcentaje fue del 68%, según los datos de Renta 4.

Pero esta alta aceptación no tiene por qué ser sinónimo de entusiasmo de los accionistas. "Conocer el valor real de los derechos para ver qué compensa o cuánto dinero representan es complicado para muchos inversores, así que tienden a suscribir la ampliación", señala Alberto Roldán, responsable de análisis de Inverseguros.

En general, los analistas tienen claro que cambiar el dividendo por acciones beneficia a las compañías. "Para ellas es fantástico porque no les supone salida de caja", añade Roldán. "Para las empresas industriales es bueno, porque aprovechan la caja para invertir o para reducir la deuda. Pero para las financieras es incluso más positivo, porque tienen más disponibilidad de efectivo y están haciendo un refuerzo de capital encubierto, aunque la ampliación sea mínima".

Las que no están tan claras son las bondades para los accionistas. Sobre el papel, las ampliaciones liberadas son neutras para los accionistas: se crean más acciones, pero la parte de propiedad no cambia, así que el inversor es dueño de la misma parte de la empresa, pero repartida en más títulos. Si se decide cobrar los derechos, se obtiene efectivo, pero la participación se diluye. Con esta teoría, cambiar dividendos por ampliaciones es, como reconoció Telefónica, cancelar el dividendo.

Pero hay matices. "La dilución es mínima y, en el fondo, el dividendo también se descuenta de la cotización y es una salida de caja", explica Aguirre. "Si la cotización responde, no tiene por qué caer la acción y los derechos se pueden vender a buen precio si se está atento al mercado", añade. Alberto Roldán no lo ve tan nítido: "Se está diluyendo al accionista, porque la rentabilidad por dividendo futura se diluye y eso desincentiva a los inversores".

Lo que está más claro es el efecto fiscal. Si el inversor no quiere pagar impuestos le basta con no vender los derechos y conservar las acciones, lo que permite un diferimiento del pago.