COLUMNA

La apuesta limitada de Microsoft

Microsoft se ha ganado un sobresaliente (en términos académicos) por su esfuerzo en el intento de encabezar el mercado de la telefonía móvil. Aunque no ha tenido éxito, lo vuelve a intentar. Los nuevos teléfonos fabricados con el último sistema operativo de la compañía parecen incluso relativamente atractivos. Pero no es suficiente, dada la enorme ventaja de sus rivales Apple y Google.

Los consumidores eligen teléfonos basados en la duración de la batería, el tamaño de la pantalla, el precio y el sistema operativo. Todo entra en juego. El Windows Phone 7 es muy intuitivo por la forma en que maneja las funciones, desde la descarga de contenidos hasta la lista de contactos. Y la integración de juegos de Xbox Live tiene un atractivo significativo.

Desafortunadamente para los accionistas de Microsoft, la compañía dirigida por Steve Ballmer da razones a los consumidores para elegir otro producto. La multitarea resulta difícil. Para cortar y pegar textos, el consumidor tendrá que esperar a que el software se actualice. Además, el nuevo teléfono de Samsung saldrá a la venta el 8 de noviembre y Microsoft promete que otros teléfonos llegarán "a tiempo para las fiestas navideñas". Esto no podría importarle a Microsoft si tuviera más del 5% del mercado de smartphones. Los clientes podrían pensar que su sistema operativo no es muy bueno porque no se ha adoptado todavía ampliamente.

Más importante aún, hay pocas aplicaciones disponibles para los teléfonos con Windows Phone 7, lo que dificulta el efecto de red que ha impulsado claramente la popularidad viral de los iPhones y Androids. Los desarrolladores más pequeños no pueden permitirse el lujo de producir varias versiones de una aplicación que funcionen en sistemas operativos diferentes. Esto le da a Google y a Apple una ventaja sustancial.

Microsoft puede ponerse al día. Pero empresas como Nokia, HP y Research In Motion luchan por establecer su propio software estándar en un mercado donde los desarrolladores parecen haberle ganado a la economía de gran escala. La importancia creciente de las aplicaciones y la capacidad para consolidar un sistema operativo contra sus rivales son las armas que pueden darle a Microsoft la última oportunidad para conseguir un asiento en la mesa.

Robert Cyran