COLUMNA

Pruebas de resistencia

Tras el colapso del verano de 2007 que fue el inicio de la crisis financiera y la quiebra de Lehman Brothers que dio comienzo a la Gran Recesión, en Europa hemos sufrido otra tormenta perfecta en los últimos meses. Un país que miente obscenamente en sus cuentas públicas, falta de liderazgo europeo y una postura nacionalista en Alemania que abre la caja de Pandora de la posible ruptura del euro. Los capitales huyen de Europa y la divisa se desploma y dentro de la eurozona, los capitales huyen de los países periféricos para refugiarse principalmente en Alemania.

España ha sido el ojo del huracán por su tamaño y, como es lógico, la sociedad ha vivido una versión actual del mito de la caverna platónico. Todo eran sombras e interpretaciones y eso ha desconcertado a nuestros ciudadanos, pero conviene mirar a la luz.

El pasado diciembre, con la misma deuda, el mismo Gobierno y el mismo sistema bancario, la Bolsa española cerraba 2009 con la mayor revalorización de los países desarrollados y nuestro diferencial a 10 años estaba en 50 puntos básicos. La posible ruptura del euro y el dilema de la redenominación de nuestros elevados pasivos exteriores explican el huracán. Se ha contado como una crisis de deuda soberana pero la realidad es que la deuda pública sólo supone el 15% de nuestros pasivos exteriores, de los cuales la mitad son bancarios y la mitad de ellos son a corto plazo. Este es nuestro principal talón de Aquiles que ha podido causar un colapso de nuestra economía. Por fortuna, no dejamos caer a Grecia y estaba disponible el acceso ilimitado a las subastas de liquidez del Banco Central Europeo para evitar el colapso monetario. No obstante, nuestro banco central ha vuelto a demostrar que no está a la altura de las circunstancias.

En las últimas semanas, el huracán se desvanece. ¿Qué ha sucedido? La ayuda ha llegado a Grecia, el nuevo Gobierno griego ha reducido el déficit público a la mitad y Angela Merkel, su ministro de Economía y el presidente del Bundesbank han dejado de hacer declaraciones desafortunadas. Los capitales vuelven a Europa y el euro ha repuntado hasta 1,30.

El diferencial de la deuda pública española contra la alemana a dos años ha caído en las últimas dos semanas desde 250 puntos básicos a la mitad. Los mercados apostaban que no podríamos atender el pago de los vencimientos de nuestra deuda pública en julio y que pediríamos ayuda al FMI este mismo mes, pero los inversores han acudido masivamente a nuestras subastas de deuda. ¿Por qué? Porque hemos implementado un recorte del gasto draconiano que permitirá un adelgazamiento del Estado y una mejora de la eficiencia del gasto, con medidas fácilmente entendibles, como la rebaja del sueldo de los funcionarios o la congelación de las pensiones. Hemos apostado por medidas de oferta para reforzar nuestro crecimiento potencial, como la reforma del mercado de trabajo, la liberalización del sector servicios, la ley de morosidad, la de economía sostenible y el retraso de la edad de jubilación.

Y, sobre todo, hemos puesto luz sobre nuestro sistema bancario para aplacar los temores de los inversores sobre sus compromisos de deuda. Forzamos el proceso de reestructuración, muchas entidades apelaron al FROB y se recapitalizaron, la reforma de la ley de cajas permitirá a estas entidades captar capital en el mercado al igual que lo hacen los bancos y vamos a hacer públicas las pruebas de resistencia individualizadas de nuestras entidades, forzando a nuestros socios a hacer el ejercicio europeo.

Santander, BBVA y La Caixa suponen dos tercios de nuestro sistema bancario y tienen los niveles de solvencia más altos de Europa, las tasas de morosidad más bajas y no están contaminados con banca de activos por lo que el examen demostrará que España tiene el sistema bancario más solvente, con un coste para el contribuyente mínimo. En el resto del sistema, ya ha sido reforzada la solvencia, aunque el Gobierno ha prorrogado la validez del FROB por si alguna entidad necesita más capital tras la prueba.

En EE UU, el ejercicio en 2009 fue clave para abrir los mercados mayoristas aunque no ha conseguido normalizar el crédito minorista. La buena aceptación de los inversores anticipa que se repetirá la historia, aunque tenemos una gran oportunidad para ir a la línea de flotación del credit crunch que padecemos desde 2007 en Europa y en España.

José Carlos Díez. Economista jefe de Intermoney