Hacia una nueva regulación

Una recesión después, los límites llegan a Wall Street

El Congreso de EE UU ultima una ley que permite más control del riesgo y más protección al consumidor

Una recesión después, los límites llegan a Wall Street
Una recesión después, los límites llegan a Wall Street

La recesión, una sensación de continuo agravio por parte de la ciudadanía y el descubrimiento del modus operandi de Goldman Sachs han preparado el camino para que el Senado de EE UU aprobara el jueves un proyecto de ley de reforma de la regulación financiera que es más dura de lo que nunca pensaron los más optimistas defensores de los consumidores y de poner límites a la banca. El texto es un serio revés para los lobbistas y sus clientes en la banca.

Se trata de un proyecto que a partir del lunes se empieza a conciliar con el que aprobó en diciembre la Cámara de Representantes. Así lo confirmaron los ponentes en cada una de las cámaras, los demócratas Barney Frank y Chris Dodd. Con ello se pone en marcha un cambio en un sector, el financiero, donde la desregulación y la falta de supervisión han reinado. De hecho, la banca (grande y pequeña), la supervisión, el sistema financiero en la sombra, la protección a los consumidores y las agencias de rating se preparan para el mayor y más duro cambio legislativo desde la Gran Depresión, una vez que se cierre el proceso de conciliación, en aproximadamente un mes.

El conjunto de las disposiciones aprobadas ya crea un nuevo escenario en el que habrá más restricciones, más control del riesgo y mejor protección de consumidores a cambio de, posiblemente, unas menores ganancias para la banca.

La regulación del Senado, que cambia el escenario de la banca, se conciliará en un mes con la de la Cámara baja

Elizabeth Warren, presidenta de la comisión de control del plan de salvamento de la banca y una de las mayores críticas del sistema bancario, afirmaba el viernes que aunque ninguna ley que trate de cuestiones fundamentales "puede ser perfecta, el paquete que ha salido del Senado es un gran paso adelante para prevenir las prácticas abusivas que han puesto de rodillas a nuestra economía".

El texto recoge compromisos y alguna que otra omisión como límites duros al apalancamiento o la restauración de la ley Glass-Steagall, derogada por Bill Clinton, que separaba la banca comercial de la de inversión. Tampoco se ha previsto el desmembramiento de bancos que se consideren "demasiado grandes como para caer".

En su defecto, y aunque no se imponen topes de tamaño, se permite que los reguladores pongan restricciones a las empresas financieras grandes y con problemas, además de crear un proceso de liquidación similar al que aplica el Fondo de Garantía de Depósitos a la banca mediana y pequeña. Eso sí, no hay, un fondo para cubrir los costes de esta operación. Los Representantes proponen un fondo de 150.000 millones (aportado por la banca) pero el Senado no. Y puede ganar la posición de esta cámara.

Pero, por otra parte, se crea un regulador federal para proteger a los consumidores. El texto del Senado concede amplio poder a esta nueva agencia y no recoge una excepción que se coló entre los representantes, que dejaba a los concesionarios de automóviles fuera de su jurisdicción.

En conciliación se clarificará también si esta nueva agencia, que tendrá un amplio poder de supervisión bancario, se sitúa bajo el paraguas de la Fed o es independiente. En la ley también se recogen modificaciones a la actual regulación hipotecaria y se obliga a confirmar la capacidad de devolución del préstamo por parte del hipotecado. El crédito subprime tiene los días contados.

Uno de los apartados más controvertidos es la regulación de un mercado que mueve unos 600 billones de dólares y que hasta ahora no veía la luz. Se trata de los derivados, un negocio que se convirtió en agujero negro para la economía y especialmente para Lehman o AIG.

El Senado no ha prohibido los CDS (seguros de riesgo de impago) al descubierto pero establece una supervisión federal, obliga a que la mayoría de ellos se intermedien en unos mercados abiertos y transparentes y que haya contrapartes que aseguren las operaciones. A diferencia de la Cámara baja, la alta obliga a la banca a segregar sus negocios de derivados para que esta actividad no goce de las protecciones que ofrece la Fed, tales como un crédito fácil. El Gobierno no ve la necesidad de esta segregación, a la que se han opuesto con uñas y dientes los lobbies bancarios y está por ver que salga adelante.

Desde el punto de vista institucional, el Senado crea un consejo de reguladores para vigilar riesgos sistémicos que podría incluso verificar si se está formando una burbuja, algo que durante décadas se aseguró que no se podía prevenir y por tanto ni se trató de solucionar. La Fed supervisará a las grandes entidades financieras y dos supervisores bancarios, la Oficina del Ahorro y la de la Intervención de la Moneda, se consolidan. Los reguladores de los mercados, SEC y CFTC, siguen como hasta ahora.

Una figura de la Fed y un ex cómico serio

Paul Volcker, uno de los presidentes de la Fed, ha conseguido incluir su nombre en la reforma gracias a una de las provisiones más discutidas por la banca. Volcker quiere, y así lo ha aceptado el Senado, que los bancos no hagan apuestas en los mercados con su dinero cuando no beneficie a sus clientes ni siquiera a través de hedge funds o capital riesgo. Es un derechazo a una entidad como Goldman Sachs que basa buena parte de su beneficio en esta actividad.

La propuesta de Volcker, presentada por Barack Obama, fue posterior a la aprobación del proyecto de ley de la Cámara de Representantes y tiene todas las papeletas para quedarse en el texto de la conciliación.

En el campo de los hedge funds y el capital riesgo, se impone que estos se registren en la SEC.

Otra de las disposiciones de última hora que han endurecido la ley la presentó el senador por Minnesota, Al Franken, un hombre que llegó a la fama como guionista y actor cómico en un popular programa de televisión. Franken ha entrado en uno de los terrenos que más ha contribuido a la crisis, el control de las agencias de crédito que dieron calificaciones de triple A, la máxima nota, a productos que estaban lejos de merecerla.

Si en la conciliación prima esta iniciativa, la SEC tendrá que hacer una lista de agencias de rating y asignar a cada una un tipo de activo distinto, de modo que por ejemplo un tipo de CDO tendrá que ser calificado por Fitch, sin que el emisor de deuda pueda elegir. La asignación será rotatoria y, aunque los emisores de deuda aún pagarán a la agencia por sus calificaciones, se elimina un elemento de competencia que lleva a los emisores a buscar el mejor rating e incentiva a las agencias a relajar sus estándares. Como beneficio añadido, se espera más rigor y que se abra la puerta a nuevos actores en este mercado.