COLUMNA

Riesgos sobre el comercio

La parálisis del comercio mundial fue una de las consecuencias de la crisis financiera. Pero, sin duda, también fue una de las condiciones necesarias para la crisis económica posterior. Al final, el comercio que había mantenido ritmos de crecimiento promedio en volumen en los últimos años del 8% pasaba a decrecer a ritmos del 10%. Fue temporal, a finales de 2008 y durante los primeros meses de 2009. Para este año el FMI prevé un crecimiento del comercio del 6%, inferior a los niveles anteriores a 2008 pero en línea con el crecimiento promedio histórico de medio plazo.

Probablemente consideren todos los datos anteriores como superfluos. ¡Una consecuencia más de la crisis! El que la haya acentuado es otra prueba de cómo los problemas, especialmente los referidos a los mercados, se retroalimentan. Pero esta minusvaloración del comercio olvida su importancia para explicar el fuerte crecimiento económico mundial en los últimos diez años. La consecuencia más visible de la globalización. También, una consecuencia negativa de la rapidez en que se ha producido la integración económica mundial. Los desequilibrios de las balanzas exteriores, para muchos economistas un potencial riesgo para nuevas crisis en el futuro, han surgido en un contexto de los propios desequilibrios en el comportamiento de la demanda mundial. La rigidez en los sistemas de tipo de cambio ha hecho el resto. ¿Su contrapartida? Elevada liquidez a nivel mundial desde países asiáticos y productores de materias primas fundamentalmente, incapaces de absorber su éxito fomentando su demanda doméstica. Greenspan explica en este punto el origen de la abundancia de liquidez que favoreció la formación de excesos en los mercados. Liquidez hacia los mercados desde los países emergentes generada por renta disponible no utilizada desde los países desarrollados.

Bueno, el comercio mundial vuelve a recuperarse. Y con ello comenzamos a ver cómo se retoman los desequilibrios en las balanzas de pagos entre países. Es cierto que más matizados que en el pasado. En un contexto, el actual, de menor crecimiento económico mundial ante una demanda final mucho más baja. Se espera mucho del crecimiento económico de los países emergentes, de los asiáticos. Si dos años atrás explicaron más del 50 % del crecimiento mundial ante la recesión de las economías desarrolladas, ahora se espera que mantengan este peso cuando las economías desarrolladas comienzan una recuperación vacilante y desigual. Aunque esto supone confiar en un fuerte crecimiento de las demandas internas de estos países, partiendo de que la demanda de los países desarrollados supone el 70% de la demanda mundial. Naturalmente, para lograrlo es fundamental que se eliminen obstáculos al libre comercio. Uno de ellos, ahora uno de los más importantes, es precisamente la rigidez del tipo de cambio.

En este punto debemos incluir la tensión latente en estos momentos entre las autoridades norteamericanas y las chinas. Las primeras han dado un paso sin precedentes al aplazar el diagnóstico semestral sobre el mercado de divisas. En definitiva, han mandado un mensaje claro a las autoridades chinas de que valoran seriamente acusarles de que están manipulando el mercado de divisas. Las segundas, rechazan que la presión internacional pueda forzarles a ajustar al alza su moneda y variar el sistema de tipo de cambio del yuan (vamos a llamarlo como flotación sucia o intervenida). Pero afirman que este proceso debe iniciarse, aunque no ofrecen plazo para hacerlo. ¿El inicio de una guerra comercial? No lo creo. No es deseable. Todos perderíamos en este caso, con su mejor reflejo en nuevas tensiones en los mercados financieros y probable parálisis en los flujos comerciales. ¿Les suena? Una preocupación menor, pero no insignificante, la posibilidad de tensiones en los precios externos. Estas tensiones inflacionistas pueden ser bienvenidas en un mundo dominado por la desinflación. Pero, también, suponen un menor margen de maniobra de actuación para los bancos centrales.

El presidente Obama ha declarado que tiene como objetivo doblar las exportaciones en un plazo de hasta cinco años. ¿Cómo lograrlo? En mi opinión, existen hasta tres opciones. La primera, ganar competitividad vía precios internos a la baja o a través de un elevado crecimiento de la productividad. En segundo lugar, debemos pensar en el fuerte crecimiento relativo de la demanda internacional. Por último, está el tipo de cambio. ¿Por cuál se inclinan ustedes? Partiendo, naturalmente, que no son sustitutivas. En definitiva, la solución a corto plazo del debate sobre el yuan no supone eliminar la amenaza de nuevas tensiones comerciales a medio plazo.

José Luis Martínez Campuzano. Estratega de Citi en España