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Los valores de toda la vida para liderar

Se debe empezar por inculcar valores desde la infancia, por manejar con naturalidad vocablos como equilibrio, prudencia y ética.

Las personas que conserven su estructura moral sobrevivirán. La ética no es algo que se deba aprender, ha de estar impregnado en el código genético de cada uno. Es una estructura de conducta y no tanto de superposición de virtudes, define el filósofo Fernando Savater, que pone como ejemplo la película de los hermanos Cohen Muerte entre las flores para argumentar la necesidad de tener un código ético, incluso hasta entre gánsters. "Uno de ellos estaba preocupado por la ética y eso que su comportamiento no era el mejor". Porque para conseguir objetivos, añade, hace falta un soporte moral. De lo que se trata es de ser ciudadano. Y manejar, lo que Savater denomina, "esperanto moral, que es lo que nos permite entendernos y que está vinculado a la educación". Ser ciudadano es una obra de arte social a la que se accede por la vía de la educación. "Y es necesario cuando se vive en sociedades complejas, enfrentadas porque es una estrategia que nos da ventaja en el trato con los demás", prosigue el filósofo.

No se trata de que la ética y los valores se estudien en una universidad o en una escuela de negocios, eso se aprende con el ejemplo, con el día a día, desde pequeños, en la escuela, con la familia, con los amigos. Con la presente crisis se ha puesto de manifiesto la carencia de determinados valores y la necesidad de desarrollar nuevos liderazgos. Sobre este planteamiento, el abogado Antonio Garrigues sugirió a la APD, (Asociación para el Progreso de la Dirección) la necesidad de debatir sobre Nuevos valores, nuevos liderazgos hacia el reforzamiento de la sociedad civil, una jornada celebrada esta semana en Madrid y a la que asistieron, según datos de la organización, alrededor de 700 ejecutivos, empresarios y profesionales.

"Es necesario reflexionar sobre estos temas, es algo pendiente y que se hará cuando haya un recrudecimiento de la crisis", añade Garrigues, quién define la ética como la integridad, y eso no es otra cosa que hacer lo que se debe hacer. Porque lo que cree este abogado que ha fallado es la ambición desmedida que generan los procesos de crecimiento, "y que suelen acabar en borrachera económica". Parece que la lección no se ha aprendido "porque acaba de explotar la burbuja de Dubai, que nadie se esperaba". Eso significa que nadie ha aprendido nada. "Que la prudencia, la templanza y el equilibrio no se aplican y que todo sigue siendo desmedido", afirma Garrigues. Estos tres términos han de estar incluidos en el vocabulario que debe manejar cualquier directivo o profesional.

En este diccionario debe estar la palabra perspectiva, un concepto que parece haber quedado en el olvido. "Hay gente que vive para el trimestre, eso es nefasto porque debemos recuperar el alma de la organización, y aquellos que la pierdan seguirán golpeándose", afirma Javier Fernández Aguado, director de la consultora Mindvalue.

Los líderes deben aprender el idioma del buen liderazgo, que recoge no más de 200 palabras, entre las que se incluye, por supuesto, la ética, "algo que la sociedad civil demanda y necesita cada vez más", dice Fernández Aguado, que cita el ejemplo de Julio César, al que compara con un gran directivo pero no su comportamiento, que no fue digno de un líder, "ya que provocó una guerra, en la que mató a su pueblo por defender sus intereses personales; no sabía lo que era la ética".

Otros ejemplos de grandes directivos, pero pésimos líderes, en opinión de este consultor, son los de Mao Tse Tung o Hitler, éste último se vanagloriaba de estar rodeado de mediocres. E insiste, al igual que Garrigues, que en el equilibrio está el secreto. "Lo que dicen algunos de que el cielo es el límite es falso, tiene que existir un límite, lo que se denomina equilibrio aristotélico", afirma. La justicia es otro vocablo a tener en cuenta por el líder, "si lo eliminamos todo se convierte en una cueva de ladrones", afirma Fernández Aguado, quien recomienda formular siempre tres preguntas: ¿quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos?. "Todos queremos ser felices, pero no hay que verlo como una meta sino encontrar la felicidad en el modo en el que avanzamos".

De preservar el mundo habla Juan José Almagro, director de responsabilidad social de Mapfre, que insiste en la necesidad de redefinir el papel de las empresas. "Es la hora de la solidaridad, de la promoción de la cultura de empresa dentro de las organizaciones, y de actuar y de concretar cada idea que se plantea, y de no confundir progreso con velocidad, todo tiene que ser al instante, el facilismo se ha instalado con una fuerza arrolladora", señala este ejecutivo, que anima a las empresas a valorar la cultura del esfuerzo y de la toma de decisiones con derecho a equivocarse. Según Almagro, conviene recuperar conceptos como honestidad, solidaridad y compromiso con la sociedad. El sociólogo Víctor Pérez defiende que la ética requiere introducir otro elemento como la energía, la capacidad para atreverse a hacer más cosas y critica el espíritu localista que se ha instalado principalmente entre los jóvenes. "Esto quiere decir que se hablan menos idiomas, se leen menos libros, existe una gran autocomplacencia y de esta manera no avanzamos", señala Pérez. Teme que se salga de la crisis sin aprender nada, tal y como entramos en ella. "En España tenemos un precedente reciente con el paro, que estuvo en el 20%, pero parece que lo hemos olvidado. Debemos estar atentos y dispuestos a cambiar de actitud social", prosigue.

Por su parte, Enrique Sánchez de León, director de APD, insiste en la necesidad de acuñar nuevos valores y redefinir el papel del líder, que "debe percatarse de un problema antes de que se convierta en crisis". Y achaca a esa falta de liderazgo que muy pocos, casi nadie, fueran capaces de anticipar la que se venía encima. Tampoco nadie sabe cuando acabará la pesadilla.

Lecturas

Los directivos y consultores son aficionados a recomendar lecturas que puedan servir para reflexionar sobre algunos temas y comportamientos empresariales. Juan José Almagro, director de responsabilidad social de Mapfre, recomienda La educación de la libertad, de Marc Fumaroli, "ya que sin educación no hay desarrollo ni oportunidades". Por su parte, Javier Fernández Aguado anima a la lectura de La paz perpetua, de Kant, donde se plantean todas las preguntas que muchos se hacen hoy día. "Y es bueno conocer las respuestas precedentes".

El error de pagar con un 'bonus'

Al filósofo José Antonio Marina le sorprende la importancia que ha ido adquiriendo el bono como forma de retribución de los profesionales. "Hay cosas que motivan y otras que son una obligación. Por ejemplo, te pagan por hacer bien tu trabajo, no tienes que recibir un sobresueldo por hacer aquello que te han encomendado. Con este método se está introduciendo una forma de corrupción", afirma. Y enlaza esta forma de retribuir con la necesidad de concienciar y de educar a los jóvenes en la responsabilidad. "No puede ser que el empresario se convierta en un agente educativo cuando los jóvenes acceden al trabajo. Muchas veces es en el trabajo cuando se le dice al joven que es importante ser puntual y no llegar tarde". Por ello, Marina cree que la solución es introducir un nuevo modelo educativo con el fin de que los jóvenes asuman responsabilidades. Según Marina, es necesario fomentar la perseverancia, la cultura del esfuerzo, la prudencia, saber elegir los retos pero también tener valentía para no temer el riesgo. Hace falta un interés social, demanda el filósofo, que ha impulsado una Universidad para padres a través de internet, que cuenta con 15.000 participantes.

Isidro Fainé: "Me arrancaron las muelas"

No alberga dudas. El origen de la crisis se suele achacar a la abundancia de liquidez, a que el regulador pasó por alto determinadas actuaciones y a que las agencias de rating no hicieron bien su trabajo. Según Isidro Fainé, presidente de La Caixa, la base de la crisis hay que encontrarla en la fusión de Citibank, hace 12 años. "Se rompieron cosas fundamentales dentro de una organización como son el valor del cliente y del empleado. Y nos encontramos con dos presidentes discutiendo sobre cómo incrementar el negocio. Triunfó la tesis no tradicional", relata Fainé. En el nueva estrategia del banco, prosigue el banquero catalán, se encarga a una red de brókeres, a comisión, la colocación de productos en todo el mundo. "Muchos clientes de La Caixa se fueron porque les ofrecían fondos por los que les pagaban un 20%. A mí me arrancaron las muelas porque se llevaban el dinero de la caja". Al cabo del tiempo, los clientes regresaban porque del dinero que tenían se les había esfumado. "Lo mejor de todo es que no había responsables, nadie sabía explicar el producto que estaban vendiendo, se despersonalizó la relación entre el comprador y el vendedor, y se perdió en transparencia", recuerda Fainé, que cree que ahora más que nunca hay que devolver a la sociedad términos como "confianza, compromiso, responsabilidad y solidaridad".

Y anima a los directivos a que no tengan miedo a los valores, a tener principios. Según Fainé, en La Caixa, a través de una encuesta en la que participaron 10.000 empleados, se eligieron los valores por los que se debía regir la entidad: "confianza, compromiso con la sociedad y excelencia en el servicio".