TRIBUNA

El precio de la electricidad

æscaron;ltimamente se han publicado muchas noticias sobre la subida del precio de la electricidad a partir del próximo 1 de enero. Muchos no han tardado en criticar esta circunstancia, acusando de ello a las subvenciones de las energías renovables y la política energética del Gobierno.

Tras muchos años luchando por la liberalización del sector eléctrico, criticando al Gobierno y otros agentes por las medidas adoptadas o no en los últimos 11 años de teórica apertura del mercado, ahora me parece coherente dar una explicación objetiva al motivo del posible -pero desgraciadamente lógico- aumento de la electricidad que ya veníamos anticipando a voces en años anteriores cuando ésta incomprensiblemente no subía.

Primeramente se puede estar confundiendo al lector mostrando distintos porcentajes de subidas: 2,6%, 10% y hasta 25%; todos ellos ciertos, ya que se refieren a términos distintos. Conviene aclarar que existen dos grupos de consumidores: los domésticos, que en su gran mayoría pagan la nueva tarifa global denominada TUR (tarifa de último recurso) que incorpora todos los conceptos de la cadena de valor eléctrica, y las empresas, que en su mayoría están en mercado libre pagando por su consumo eléctrico un precio libremente pactado. Este precio libre se compone de dos partes: la electricidad propiamente dicha, es decir, lo que cuesta producir la electricidad y, por otro lado, los peajes por usar los cables eléctricos, también conocido como tarifa de acceso a la red (ATR).

Actualmente el Gobierno fija dos tipos de tarifas: la TUR, que incorpora todos los conceptos de costes, y el ATR, sin establecer el coste de generación que se fija en el mercado libre.

La subida del 2,6% se refiere al aumento de la TUR, y la del 25% al incremento que van a sufrir las empresas en su pago por tarifa de peajes, al margen totalmente de lo que cuesta producir la electricidad en el mercado libre, que de facto ha bajado en el último semestre.

El desconcierto general proviene del hecho que, constatando un descenso del coste de producción de un 10% en los mercados eléctricos (lo cual es cierto), ¿cómo se explica que suba la electricidad? La razón es sencilla. Según estimaciones del Gobierno, el coste total estimado de las actividades reguladas (primas de renovables, costes de peajes de distribución y transporte y otros conceptos), necesarias para suministrar electricidad en 2010, será aproximadamente de 16.050 millones de euros, mientras que los fondos previstos a ser cobrados a los consumidores por estos mismos conceptos, vía TUR y ATR, ascenderán a 13.050 millones de euros. Es decir, ni siquiera con las criticadas subidas en las distintas tarifas se recuperará lo necesario para cubrir todos los costes de las actividades reguladas del sistema eléctrico. En este sentido, la subida aún debería ser mayor si se quisiese recuperar los 3.000 millones que faltan.

Se culpa a los 5.888 millones de las primas de las renovables como causantes del aumento del precio de la electricidad, olvidando, por un lado, que desde 2007 los costes de distribución se bajaron artificialmente para que la electricidad fuese más barata y ahora se debe cobrar lo que realmente vale el servicio de distribución, y, por otro, los 1.881 millones de déficit de tarifa antiguos. ¿Qué son los 1.881 millones de déficit? Se trata del prorrateo que se efectúa anualmente del monto total de los costes eléctricos que los diversos Gobiernos, desde el año 2004, han permitido no cobrar a los consumidores gracias a la existencia de tarifas subvencionadas y que se va a repartir en 14 años. Es decir, la diferencia entre lo que valía la electricidad y lo que se pagaba por ella, así como el recorte artificial que se estableció a los costes de los peajes. Estas actuaciones aportaron buena popularidad a esos Gobiernos y ayudaron a controlar la inflación en su momento, pero realmente se trataba de una gran mentira, ya que en algún momento había que pagar el coste real y ahora ha llegado el momento.

Hoy, todos esos comentaristas parecen haber olvidado el regalo con trampa que nos dio el Gobierno de turno en años anteriores y que hoy hay que pagar con intereses. La prima a las renovables ciertamente representa un 36% del coste de las actividades reguladas, pero a diferencia del déficit de tarifa, las energía renovables ejercen una importante función no sólo medioambiental sino también de asegurar una independencia energética y una complementariedad a otras fuentes de energía. Muy al contrario, el déficit de tarifa fue un engaño que no aportó más que un espejismo que hoy tenemos que pagar y, además, con intereses. Seamos justos, al César lo que es del César: el gran problema del precio de la electricidad no es la energía renovable, es el gran engaño, la ficción temporal del déficit que, cual boomerang, vuelve, pero crecido y en el peor momento.

De hecho, incluso eliminando por completo la prima de Régimen Especial de 5.888 millones de euros, e incluyendo los 3.000 millones de euros que se ignoran para que lo paguen generaciones venideras, la subida de precios motivada por las actividades reguladas sería muy similar, pero esto supondría la desaparición de 30.000 MW de capacidad instalada, lo cual indefectiblemente implicaría un incremento importante del precio de la producción de electricidad. Así que, de una forma u otra, la electricidad subiría y éste es el asunto de fondo. Nos hemos acostumbrado a pagar por la electricidad no lo que valía, sino lo que querían que costase, y se ha construido todo un tejido industrial alrededor de esta gran mentira pensando que esa estructura de costes iba a durar indefinidamente.

Enrique Giménez Sainz de la Maza. Director general de Centrica Energía